A pesar de su discurso progresista, la pandemia y la profundización de la crisis económica van mostrando la naturaleza del gobierno de López Obrador.
Sábado 1ro de agosto de 2020
Frente a la crisis sanitaria, su respuesta ha sido negarse a implementar pruebas masivas para controlar la propagación del coronavirus y dejar sin los insumos necesarios al sistema público de salud, con los consecuentes contagios y muertes del personal, mientras las clínicas y hospitales privados siguen haciendo negocio.
Al mismo tiempo, ha sido omiso frente a los millones de despidos, rebajas salariales y suspensiones sin goce de sueldo impuestos por la patronal, permitió que siguieran en actividad sectores no esenciales, no garantizó condiciones sanitarias en los centros de trabajo, abandonó a su suerte a los trabajadores informales y de manera criminal, subordinándose a las exigencias de Donald Trump y los grandes empresarios, permitió la reapertura de las maquilas y declaró esenciales industrias como la automotriz, la minera y de la construcción en pleno ascenso de la pandemia, enviando al contagio y la muerte a miles de obreras y obreros.
Ante la caída de la economía y los pronósticos de catástrofe, decidió acogerse al imperialismo estadounidense, buscando con ello también satisfacer al empresariado nacional y a la oposición de derecha. Con su visita a Washington acompañado de magnates como Slim y Salinas Pliego, la firma del T-MEC y su indignante discurso frente a su nuevo amigo Trump, AMLO no hizo sino asegurar la sumisión política del gobierno mexicano a los dictados de la Casa Blanca, así como sellar una mayor sujeción económica a Estados Unidos, profundizando lo hecho por los anteriores gobiernos priistas y panistas.
En el mismo sentido, el gobierno de la 4T convirtió a la Guardia Nacional en una extensión de la patrulla fronteriza gringa, accedió en los hechos a que México funja como “tercer país seguro” para los migrantes que esperan en condiciones terribles sus audiencias de asilo en Estados Unidos, acepta sin chistar la deportación de migrantes mexicanos, colabora con Trump en la repatriación de migrantes de otras nacionalidades, persigue, detiene y deporta a migrantes centroamericanos.
Todo ello mientras se acentúan sus rasgos autoritarios, apoyándose cada vez más en las fuerzas armadas, como lo muestran el decreto para la militarización del país durante lo que resta del sexenio y el control de aduanas y puertos por parte del Ejército y la Marina.
Ni la pantalla del “combate a la corrupción” como con el caso Lozoya, ni el proclamado “fin de la verdad histórica” en el caso Ayotzinapa, ni las políticas asistencialistas del gobierno lograrán aliviar la realidad cotidiana de las grandes mayorías, que no hará más que empeorar conforme avance la crisis, cuyas consecuencias apenas empiezan.
Esto está mostrando a sectores de las y los trabajadores el carácter de la política del gobierno, generando descontento que puede abrir nuevos procesos de resistencia obrera y popular como los que empezamos a ver en las maquiladoras del norte y en otros sectores de trabajadores. Para eso tenemos que prepararnos y por eso es tan importante que los sectores combativos nos reagrupemos, como estamos haciendo con este primer paso, con una política y un programa que sea alternativo a la burocracia sindical que viene pactando y permitiendo que pasen los despidos y los ataques contra los trabajadores.
El gobierno de Morena no representa realmente los intereses de los trabajadores y el pueblo pobre. Tampoco la oposición de derecha, que con sus partidos y gobiernos, en alianza con el charrismo sindical, garantizan también los negocios de los grandes empresarios mientras reprimen la protesta social, a los trabajadores que luchan y a sus representantes como Susana Prieto.
La conclusión no puede ser otra más que la necesidad de organizarnos como trabajadoras y trabajadores con absoluta independencia política del gobierno, los partidos e instituciones del régimen, confiando sólo en nuestras propias fuerzas y en la unidad de los explotados y oprimidos, que somos la gran mayoría, para enfrentar lo que se viene y para luchar por que la crisis la paguen los capitalistas.
En ese camino, quiero plantear una reflexión que los socialistas del MTS tenemos. Nosotros pensamos que así como es fundamental construir este movimiento, en lo cual ponemos nuestras fuerzas junto a muchas organizaciones y agrupamientos obreros y de izquierda, hay que discutir, hacia adelante, la necesidad que tenemos los trabajadores de poner en pie una alternativa política propia, un partido, muy distinto, opuesto a los de la derecha y el Morena, que sea anticapitalista, antiimperialista y socialista, y que sea una herramienta para la lucha revolucionaria contra este sistema de explotación y miseria.