La Diputada por la CUP, Anna Gabriel, anunció esta semana que su formación podría votar a favor de Puigdemont el 29S: ¿una formación anticapitalista avalando al “Clan del 3%”.
Guillermo Ferrari Barcelona | @LLegui1968
Domingo 11 de septiembre de 2016
En declaraciones a Catalunya Radio, Anna Gabriel ha dejado claro que, en la medida en que el President Puigdemont continúe con la hoja de ruta hacia la independencia, su formación política votará a favor de la moción de confianza el 29S. La diputada cupaire estaba segura que el Presidente anunciaría una hoja de ruta acorde con lo pactado con la CUP el día de su investidura.
Puigdemont había convocado la votación de la confianza en su Govern debido al voto en contra de los presupuestos. El President, ante ésta situación realizó una jugada de fondo para que la CUP se retrate: o están de acuerdo con nuestra hoja de ruta o están en contra. El President eleva la presión sobre la CUP.
Como parte de la misma política, la CUP ha comenzado a negociar los presupuestos con la Conselleria d’Hisenda. La diputada, Gabriel, ha explicado la buena intención de negociar dicha moción y también de negociar los presupuestos para el 2017. Es necesario recordar que diferentes consellers han amenazado con la imposibilidad de implementar el plan de choque social si la CUP no votaba los presupuestos del 2016.
El clan del 3% contrataca
Para una formación que se reivindica antipitalista, como la CUP, es claro que debe ser difícil votar a un Gobierno liberal o business friendly (amigo de los empresarios) como tantas veces ha reivindicado Artur Mas. Incluso, si éste no está a la cabeza del mismo.
En esta semana han salido más indicios del “3%”. Convergència, el partido de las sedes embargadas, claramente está al frente del clan del 3%. Ya le pasó a Jordi Pujol que tuvo que inventar una herencia no asumida a tiempo. A Lluís Millet, ladrón autoinculpado, que sigue tan libre como Bárcenas. O el antiguo tesorero de Unió que conseguía fondos del empresario Pallerols.
Pero, el actual Partit Demòcrat de Catalunya, no solo son campeones de la corrupción y el capitalismo de amiguetes. También son los que votaron leyes y promovieron convenios esclavistas en los 90 contra los trabajadores. Son el partido del neoliberalismo. Lamentablemente, no han cambiado. Sí han cambiado el nombre, sí han aparecido con una nueva marca electoral, pero sus presupuestos implican más recortes sociales.
Como decía su antigua líder, y prohombre, Jordi Pujol, “si es talla una branca pot caure tot l’arbre” (si se corta una rama, puede caer todo el árbol). Eso es lo que explica que Millet y Turull no hayan pisado la cárcel. Eso es lo que explica que Pujol y su esposa se encuentren plácidamente en casa. Así se entiende cómo su hijo, Oriol Pujol, aún sigue sin ser “invitado” a la cárcel por sus “negocios” de la ITV.
¿Por qué la CUP puede confiar en estos personajes?
Es una enorme contradicción para una agrupación que se reivindica anti-capitalista, siquiera pensar en dar su confianza a un partido de la burguesía catalana. Durante estos cuatro años, la CUP ha tenido la “mà extesa” (mano tendida) a Convergència, mientras ésta le daba con el “puny tancat” (puño cerrado) al pueblo.
De esto se aprovechó la burguesía catalana y aún sigue obteniendo grandes beneficios. Por lo pronto, consigue liderar el proceso democrático-nacional aún a pesar de estar en contra del mismo. CDC llegó tarde al mismo, llegó a contragusto y, si ahora está al frente es gracias a Esquerra, la Assemblea Nacional de Catalunya y la CUP.
El gran problema de la CUP reside en que según sus ideas, la liberación nacional es una tarea en la cual todo el pueblo catalán ha de jugar un rol positivo. Y, dentro de éste, la burguesía ha de jugar un rol de dirección. Por ello, hay amplios sectores, como Poble Lliure, que plantean una política de conciliación de clases.
Sin embargo, las burguesías imperialista y la de los pueblos oprimidos, han demostrado que están completamente opuesta a cualquier desarrollo democrático o social que vaya en contra de los beneficios empresariales. Por ello, una agrupación que se reivindica anticapitalista como la CUP no puede siquiera pensar en dar un voto de confianza política a un Gobierno neoliberal como el Puigdemont.
Veremos cómo evolucionará la negociación de los presupuestos y de la moción de confianza. Los diputados de la CUP ya han cruzado el Rubicón permitiendo la investidura de Puigdemont.
Una política anticapitalista de verdad pasa por romper con la burguesía catalana, que como se ve está mareando la perdiz mientras sigue golpeando con los recortes sociales. Los acuerdos por arriba o en las instituciones con Junts pel Sí son otro camino.
Hay que buscar el camino para movilizar a los trabajadores y el pueblo catalán contra el Régimen del 78 y en ese camino encontraremos a trabajadores y pueblos de otros territorios, nuestros verdaderos aliados.