A días del cierre de Pepsico, el dirigente de la alimentación, junto a Moyano, Maturano, empresarios, funcionarios y otros burócratas, compartieron mesa mientras el plan de ajuste se lleva miles de puestos de trabajo y ataca al salario. Los obreros de la fábrica están en pie de lucha defendiendo sus fuentes laborales.

Fernando Scolnik @FernandoScolnik
Lunes 26 de junio de 2017
“Llevamos un año y medio y vamos muy bien”, dijo el presidente Mauricio Macri el sábado por la noche, al filo de la presentación de las listas de candidatos para las elecciones legislativas de este año.
Nada extraño en el discurso, tratándose de la señal de largada de una campaña electoral que será decisiva para el futuro de Cambiemos.
El hecho, sin embargo, tiene otra connotación si se tienen en cuenta el lugar donde sucedió y el auditorio. El presidente, acompañado por los ministros de Transporte, Guillermo Dietrich, y de Trabajo, Jorge Triaca, pronunció aquellas palabras en el acto por el 130º aniversario del gremio La Fraternidad, de los conductores de trenes.
Además del titular de dicho gremio, Omar Maturano, estuvieron presentes el triunviro Juan Carlos Schmid, Hugo Moyano, Mario Calegari, Armando Cavalieri, Rodolfo Daer, así como empresarios del transporte.
Mientras degustaban los platos junto a funcionarios y patrones, las cúpulas sindicales escuchaban también, por boca del presidente, invitaciones a los trabajadores para “esforzarse todos los días, es importante recuperar la cultura del trabajo y de la productividad”. Entre los participantes del evento, no había ninguno que deje la vida y la salud en nombre de la “productividad”, que no es más que un eufemismo para hablar de una mayor explotación de los trabajadores en pos de engrosar las ganancias de los empresarios. El acuerdo flexibilizador de Vaca Muerta es el emblema del macrismo para esta política, avalado por la burocracia del gremio petrolero.
Semejante confraternización de las cúpulas sindicales con funcionarios y empresarios, aunque habitual, no hace más que retroalimentar la bronca que hay con un plan económico que la CGT y la CTA dejan pasar, a pesar de que ya implicó más de 200.000 despidos, suspensiones, tarifazos y la consecuente pérdida del poder adquisitivo del salario.
En los últimos días, con una economía que no arranca, a pesar de lo que dice el discurso oficial, corrieron las noticias sobre cierres y despidos masivos, como en la química Lanxness, Puma, Atucha o ITEC, entre muchas otras.
El récord de la hipocresía en el evento de La Fraternidad, se lo llevó, sin embargo, Rodolfo Daer, Secretario General del sindicato de la alimentación (STIA). Mientras él cenaba con Macri, 600 obreros y obreras de Pepsico sufrían la incertidumbre por el cierre de la multinacional estadounidense que amenaza dejarlos en la calle. Esta es una de las multinacionales para las que gobiernan Macri y Vidal.
Tan solo un día antes, en un plenario de su gremio, Daer había rechazado la exigencia de paro y, en cambio, había propuesto “dar un mensaje en las urnas” (con Randazzo, el candidato al que apoya el grueso de la burocracia sindical), lo cual mereció el fuerte repudio de todos los obreros dispuestos a luchar por sus puestos de trabajo.
El jefe del STIA quiso en aquel plenario convencer de que no es posible luchar contra una multinacional, lo cual fue respondido por Camilo Mones, delegado de Pepsico de la agrupación Bordó, quien dijo que “si lanzamos un plan de lucha, que empiece por un paro, con paros escalonados, y piquetes y movilizaciones, cortando los accesos, si bloqueamos las fábricas, se puede derrotar a PepsiCo y podemos volver a tener nuestra fuente de trabajo”.
Tiene razón Mones. Con el paro general del 6 de abril, impuesto a las cúpulas sindicales, así como con las fuertes movilizaciones de marzo, la clase trabajadora demostró una enorme fuerza social para enfrentar los despidos y el ataque al salario, además de la disposición a enfrentar el plan de Macri. Si esa dinámica no continuó, es porque la dirección de los sindicatos volvió a la tregua.
Lejos de esa perspectiva de lucha, Daer, que ya dejó pasar más de 7000 despidos en la alimentación en el último año y medio, prefirió la comodidad de una cena entre los poderosos al día siguiente del plenario. Nada nuevo: el líder de la alimentación sigue siendo fiel a su tradición, que tiene entre sus “hitos” haber sido Secretario General de la CGT durante el menemismo, dejando pasar los despidos, cierres de fábricas y precarización, mientras que con De la Rúa dejó correr la “ley Banelco” de flexibilización laboral. Y esta es solo una parte de su “prontuario”.
A cambio de estos servicios, las cúpulas sindicales reciben generosas retribuciones. En el caso de Daer, por ejemplo, el año pasado recibía ingresos mensuales por $ 210.000. Se trata de una casta que nada tiene que ver con aquellos trabajadores a los que dice representar.
Tanto Daer como la mayoría de los dirigentes sindicales burocráticos, se están inclinando a cumplir esa pérfida función: permitir que avance el plan de Macri (en gran parte de los centros urbanos la desocupación ya superó los dos dígitos), mientras se acomodan en alguna de las coaliciones peronistas, que luego pretenden “volver” al Gobierno, una vez que Cambiemos haya hecho el trabajo sucio del ajuste.
Contra la traición de Daer, los obreros de Pepsico, rodeados de un amplio arco de apoyo, se organizaron para seguir la lucha y este lunes por la mañana ingresaron a la planta para resguardar las maquinarias y sus puestos de trabajo.
Si de la burocracia sindical depende, o de los diputados, senadores y gobernadores de todo el arco político que comparten los planes de ajuste de Macri, el plan económico se impondrá, deteriorando el salario y aumentando la desocupación. La “Unidad Ciudadana” de Cristina Kirchner nada hizo ni se propone hacer para hacer realidad aquello de la “resistencia con aguante”. Para muestra basta no sólo Alicia Kirchner que aplica el ajuste en Santa Cruz o los pejotistas que van en su lista, sino también candidatos suyos como Hugo Yasky de la CTA que ingresó a la tregua dejando a los docentes abandonados en su lucha por el salario.
Desde la izquierda y el sindicalismo combativo, por el contrario, se plantea el apoyo incondicional a todas las luchas, siendo hoy la de Pepsico una causa de honor, la apuesta por recuperar los sindicatos como organizaciones de lucha de los trabajadores, y construir una fuerte alternativa política de los trabajadores, de miles de militantes y peso político, bajo un programa para que la crisis la paguen los capitalistas. En los lugares de trabajo, de estudio, en las calles y en la disputa electoral, ésta es la perspectiva del PTS en el Frente de Izquierda para enfrentar los planes patronales.

Fernando Scolnik
Nacido en Buenos Aires allá por agosto de 1981. Sociólogo - UBA. Militante del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001.