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Red Internacional
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Opinión. Ese infierno llamado FMI al que Juntos y el Frente de Todos llevan al país

Suba de tarifas, inflación, caída del salario. La política capitalista y el intento de no pagar los costos del ajuste que vendrá. Las calles y el camino para frenar la decadencia nacional.

Eduardo Castilla

Eduardo Castilla X: @castillaeduardo

Viernes 11 de febrero de 2022 21:55

“…si le interesa lo que digo va a tener que olvidarse del valor que usted les da a las palabras.” El que tiene sed.

Fue hace menos de una quincena. Ocurrió el 28 de enero. Insípido y general, el mensaje de Alberto Fernández prometía “un camino a recorrer”. Celebraba lo que, según él, constituía un acuerdo sin ajuste alguno.

El debate acerca de las subas en las tarifas revela hasta donde perdieron valor esas palabras. Las subas siderales en alimentos y el pan confirman que “el camino” planificado para las grandes mayorías es del de mayores padecimientos. La crisis se apila sobre la crisis: al 40 % de pobreza se le suman más inflación y atraso salarial. Millones de jubilados escuchan un anuncio que, celebrado en el oficialismo, apenas lleva la jubilación mínima a la mitad de lo que hace falta para una vida medianamente digna.

La política capitalista transcurre en un desinhibido festival por sacarse responsabilidades de encima. Todos aceptan al FMI y su torniquete sobre la economía; todos intentan no ser los protagonistas. Este viernes, desde el norte del país, los gobernadores peronistas se sumaron a la cruzada contra el Gobierno de CABA por los subsidios al transporte. Comparando cifras, recordaron que el pasaje en la capital nacional es mucho más barato. En su esquema mental no resulta problemático que un pasaje de colectivo salga $ 60, como ocurre en Córdoba y Rosario.

El transporte, servicio necesario para las mayorías populares, debería ser estatal, añadamos. Bajo control por trabajadores y comités de usuarios, podría garantizarse que el lucro capitalista no termine ordenando prioridades. Lo mismo, sin lugar a dudas, debe decirse de servicios como la energía, el agua y el gas. Pero en el país heredado de Menem las privatizaciones parecen sagradas para macristas, peronistas, radicales y kirchneristas.

Conscientes del precipicio al que conducen al país, las grandes fuerzas políticas capitalistas hacen lo imposible por no asumir el costo del destino que proponen. La “pequeña política” de agrupamientos y coaliciones partidarias distrae de la “gran política” que consiste en ordenar el país según los dictados del gran capital extranjero. El "poroteo" parlamentario se explica desde esa necesidad: garantizar la sumisión al imperialismo sin quedar en evidencia como responsables del ajuste.

El kirchnerismo despliega una oposición verbal al acuerdo. Tuiteando furiosamente, algunes de sus referentes señalan las consecuencias sociales del ajuste que se arrima. Furiosos enemigos de una lucha seria, congelan sus esfuerzos en el terreno de las palabras. Anuncian, para quien quiera oírlos, que criticaran el acuerdo con el FMI cuando éste llegue al Congreso.

Sin embargo, ni siquiera llevarán a cabo el gesto formal de votar en contra. Bajo el argumento de la “responsabilidad institucional”, muchos y muchas correrán a abstenerse. La complicidad con el acuerdo llegará de esa forma por la vía de la omisión. Ni en las calles ni en el Congreso. La oposición del kirchnerismo al ajuste del FMI no supera las fronteras de Twitter.

La mirada de ese espacio político está concentrada ya en 2023. Poco importa la decadencia nacional actual. Poco la que vendrá. Lo esencial es preservarse como opción política electoral, apareciendo como una suerte de conciencia crítica de la gestión peronista que integran.

El infierno del FMI no puede transitarse sin control de la calle. Sin represión a la protesta social. Lo ocurrido en Córdoba tiene la gravedad de un ataque fascistoide al tiempo que se enmarca en ese contexto: el de un ajuste que despertará resistencias al empeorar las condiciones de vida de las grandes mayorías. El repudio activo y masivo a lo ocurrido resulta fundamental. La defensa del derecho a la protesta -amenazado desde diversos ángulos- resulta fundamental.

Sin embargo, a veces del malmenorismo crónico que afecta las articulaciones de cierto progresismo, el infierno del FMI no es inevitable. La pelea en es en las calles. En Plaza de Mayo y en todo el país. En los lugares de trabajo y de estudio. La más amplia movilización y organización es necesaria para poner un freno a esa decadencia nacional a la que nos quieren condenar las dos grandes coaliciones capitalistas.

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Eduardo Castilla

Nació en Alta Gracia, Córdoba, en 1976. Veinte años después se sumó a las filas del Partido de Trabajadores Socialistas, donde sigue acumulando millas desde ese entonces. Es periodista y desde 2015 reside en la Ciudad de Buenos Aires, donde hace las veces de editor general de La Izquierda Diario.

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