Compartimos las reflexiones de Celeste Palavecino (APDH) ante la violenta presencia de Federico Massoni en Esquel: Violencia y estigmatización en los barrios populares.
Celeste Palavecino APDH Esquel
Viernes 4 de septiembre de 2020 19:50
Ayer en Esquel, el ministro de seguridad de la provincia de Chubut, Federico Massoni, llegó al pueblo luego de recorrer 600 km en plena cuarentena, y anunció en todos los medios locales que venía a encabezar fuertes controles en los "puntos calientes" de la inseguridad de Esquel. Curiosamente, los barrios más humildes: el Barrio Ceferino, el Barrio Estación y el Barrio Badén. Sin mayores justificaciones, su operativo consistió en entrar pomposamente, escoltado por la policía montada y de a pie, por las calles principales de cada barrio, cual dictador usurpando vidas.
Esa repetición en la historia de la imagen del totalitarismo pisando los barrios [...] me hizo pensar en Foucault que aseguraba en sus textos que ya no estábamos en una sociedad de castigo sino en una sociedad de control. La pandemia, claramente nos volvió a llevar a esa sensación de un estado de vigilancia de siglos pasados, a esa sensación del nacimiento de la prisión. Del castigo, de la tortura pública y disciplinadora.
En el Cefe, tuvieron a un pibe detenido hasta las 22 hs. "por infracción a los artículos 139 y 143 del Código Contravencional"… El venía de laburar todo el día, se llama Tony y tiene 19 años, una mayoría de edad recién estrenada, en un contexto de pobreza y casi sin más familia que la abuela. Tony se habría frenado en la canchita del barrio, cuando volvía de laburar, acaso tentado por el picadito de fútbol: de ahí cerca se lo llevaron luego de tenerlo mordiendo el asfalto rodeado por varios policías armados. Una escena dantesca. Represora de las adolescencias en riesgo, criminalizadora de la pobreza. En el video se escucha la voz de Tony gritando "¡avisale a la abuela!".
Estas acciones, en una provincia en donde un ministro de Seguridad piensa que el pobre es delincuente, y lo dice sin mayores pretextos en los medios, en donde la policía entra a los barrios con armas, asustando a las infancias, no hacen más que incitar a la bronca popular ante el Estado represor ni hacen menos que provocar más miedo a las fuerzas policiales. Miedo de que nos pase lo que le pasó a Miguel, en La Plata, que nunca salió de la comisaría. Miedo de que nos pase lo que le pasó a Facundo, que apareció 108 días después, mutilado y muerto luego de un control policial. Y, en esta zona, mucho, mucho miedo de aparecer flotando en el río que alimenta esta provincia como Santiago, muerto de frío, muerto de miedo. Corriendo para zafar de la bala. Curiosamente, muerto en el río que peligra ante el avance de la minería, que no va a traer más que más miedo y más muerte.