Sin hacer caso a la “pasividad” reinante que trae el clima veraniego y las ilusiones de que puedan venir cambios “por arriba” con el nuevo gobierno, múltiples sectores de nuestra clase están saliendo a la lucha. Aquí hacemos un breve repaso.

Diego Lotito @diegolotito
Miércoles 11 de julio de 2018 14:25
El nuevo gobierno “socialista” y, ante todo, el desalojo de Rajoy de La Moncloa, ha sembrado nuevas ilusiones, recreando un clima de pasivización social que parecía comenzar a romperse en los últimos meses al calor de las masivas manifestaciones de los pensionistas, la histórica huelga de mujeres del 8M y las múltiples luchas contra la precariedad.
Pedro Sánchez disfruta en estas fechas de su “luna de miel” entre gestos vacíos hacia los inmigrantes para encubrir la continuidad de sus políticas reaccionarias y tuits en catalán para bendecir el retorno del procesime al redil del autonomista, mientras mantiene lo esencial de la política económica neoliberal del PP y la defensa a ultranza del Régimen del 78.
El exceso de retórica del “neoliberalismo progre” de Sánchez, al que Unidos Podemos se ha sumado como comparsa con el penoso argumento de “cooperar y confrontar”, aún no le ha pasado factura. Es muy temprano para ello y las temperaturas veraniegas no ayudan.
Pero los cambios “por arriba”, en la superestructura política, no modifican lo que pasa “por abajo”, en donde operan y se reproducen las relaciones sociales de explotación capitalista. Los padecimientos cotidianos de la clase trabajadora, la precariedad, el desempleo, la represión, la persecución sindical y el despotismo capitalista en las fábricas, empresas y establecimientos públicos continúan como todos los días. Y el enfrentamiento también.
Por ello, sorteando la “pasividad” reinante, múltiples sectores de nuestra clase están saliendo a la lucha. Hagamos un breve repaso.
Las trabajadoras y trabajadores de Amazon, que hace tres meses sostienen una lucha importante en defensa de su convenio contra el capitalista mas rico del mundo, se preparan para una nueva huelga los días 16, 17 y 18 de julio. Nada menos que durante el ‘Prime Day’, las 36 horas de mayores ventas de la empresa en el año, en las que la superexplotación de la plantilla se intensificará. La huelga paralizaría el almacén del que el año pasado llegaron a salir medio millón de paquetes en un solo día, mientras sus compañeros y compañeras de Amazon en Alemania, Italia, Francia y Polonia también se sumarían a la huelga para aguarle la fiesta del ‘Prime Day’ en Europa a Jeff Bezos.
Pocos días después, los tripulantes de cabina de Ryanair también se preparan para el combate contra la precariedad de una empresa que no sólo es famosa por sus vuelos insoportables, sino también por superxplotar a su plantilla a más no poder. Los próximos 25 y 26 de julio los tripulantes de cabina de la compañía low cost irán a la huelga en forma coordinada en el Estado español, Portugal y Bélgica (y en Italia se sumarán el 25). Una de sus principales reivindicaciones es que los trabajadores de ETT tengan las mismas condiciones laborales que la plantilla de la compañía.
En estos dos conflictos aparece un elemento nuevo muy auspicioso: la coordinación internacional de las huelgas en sectores transnacionalizados del capital. Una tendencia que, si se desarrolla, no sólo puede crearles importantes problemas a los capitalistas, sino sembrar un extraordinario ejemplo para potenciar la lucha de clases continentalmente. En el caso de Ryanair, además, lo distintivo es la lucha conjunta contra la precariedad laboral de los trabajadores temporales.
Pero la lucha contra la precariedad no sólo es cosa de las “low cost”. Los días 27 y 28 de julio y el 3 y 4 de agosto, las y los trabajadores del personal de tierra de Iberia también van a la huelga. Así, a la huelga de Ryanair se sumarían los más de 2000 trabajadores y trabajadoras de Iberia en El Prat, entre empleados de los mostradores, los gasolineros, el personal de rampa, de catering y los maleteros. Es decir, de un sector clave del que depende el equipamiento total de los aviones que salen y entran del aeropuerto catalán.
Otro elemento a destacar es que muchas de las luchas obreras recientes o en curso son protagonizadas por mujeres o plantillas mayoritariamente femeninas, en las que las mujeres trabajadoras se posicionan a la vanguardia del combate.
Así fue con la gran huelga de las trabajadoras de H&M de San Fernando de Henares, al ladito de Amazon, que después de 9 días de huelga indefinida en el almacén logístico de la multinacional sueca le han torcido el brazo a la empresa ganando sus reivindicaciones salariales.
La feminización de la fuerza de trabajo es un proceso que no ha dejado de desarrollarse en las últimas décadas. Y lo ha hecho de la mano de la creciente precariedad laboral que afecta especialmente a las mujeres trabajadoras. Por ello no son pocos los conflictos en los que las mujeres se hayan al frente de la batalla.
Este es también el caso de las trabajadoras del Hotel Exe Getafe, algunas de las cuales pertenecen a la asociación Las Kellys y fueron despedidas por organizar una sección sindical de CNT para exigir a la patronal sus derechos. O las trabajadoras del Servicio de Asistencia Domiciliaria de Barcelona (SAD) que denuncian al Ayuntamiento por ser responsable de que la contrata en la que trabajan, Accent Social, las esté precarizando.
Aunque uno de los conflictos más resonantes protagonizados por mujeres trabajadoras en el último período quizá haya sido el de las jornaleras inmigrantes de Huelva que se pusieron en pie de guerra contra los abusos y la explotación. Las trabajadoras, en su mayoría inmigrantes marroquíes, denunciaron abusos sexuales por parte de los empresarios y capataces de la fresa. Un caso brutal que encendió la indignación y motorizó manifestaciones de solidaridad con las jornaleras en varias ciudades del Estado español.
La tierra caliente de Andalucía, con su larga tradición combativa, ha concentrado importantes conflictos de clase en los últimos meses. En junio, fueron miles los trabajadores del sector del metal de la Bahía de Cádiz que salían a la huelga contra la precariedad laboral, el cumplimiento del convenio y por la carga de trabajo. La muerte de dos trabajadores subcontratados un mes ante fue el detonante que hizo estallar la rabia y el odio de clase.
Ahora es la plantilla de Airbus Puerto Real que también está en lucha por la readmisión de 15 trabajadores despedidos, mientras la batalla contra la patronal imperialista francesa se extiende a otros centros.
La zona industrial de la Bahía de Cádiz, con su larga tradición combativa, se pone así a la vanguardia en la lucha por la defensa de los derechos laborales. Y no lo hace como un rayo en cielo sereno. Está precedida por importantes conflictos como el de los docentes interinos andaluces, que fueron a la huelga el pasado 14 de mayo para exigir un plan de estabilidad.
Estos conflictos no son todos, ni siquiera una mínima parte, de los que tienen lugar en estos momentos en todo el Estado. Muchos combates de nuestra clase, por no decir la mayoría, son desconocidos, ya sea por su aislamiento o porque son silenciados adrede por la gran prensa. Especialmente cuando la clase trabajadora triunfa, como fue el caso de los trabajadores de residuos en Burgos que, tras una lucha de meses en el Centro de tratamiento de residuos de Abajas, impusieron a la empresa sus reivindicaciones. Pero existen y son parte de un lento pero profundo proceso de recomposición de la capacidad defensiva de lucha de la clase obrera en el Estado español.
Estas luchas son conflictos parciales, con el límite de que aún no se coordinan entre ellas, algo promovido por las burocracias sindicales que prefieren mantener los conflictos aislados, en vez de desarrollar la coordinación y la solidaridad de clase.
Esto no es casual. Si la multiplicidad de conflictos parciales que libra permanentemente la clase trabajadora tendiese a rebasar los objetivos inmediatos y buscar la coordinación más allá del ramo o la ubicación geográfica, ese proceso fortalecería cualitativamente no solo las propias luchas sino también, aún más importante, la conciencia de clase de quienes son parte de ellas, impactando al mismo tiempo en el conjunto de la clase.
Un proceso así, si se desarrolla con energía y combatividad, incluso si se diera en una determinada ciudad o región, plantearía el problema de las formas de organización de las trabajadoras y los trabajadores, y la cuestión de la extensión y la profundidad de la lucha de clases contra su enemigo común; o, dicho de otro modo, podría generar las condiciones para que aquello que sólo existe en germen en cada conflicto de clase pueda desarrollarse: el desafío y la impugnación del poder capitalista.
Esto es lo que más temen no sólo el Rey y los grandes partidos capitalistas del régimen, sino también las burocracias sindicales que lo sostienen, mientras negocian salarios de miseria con el Gobierno. Al fin y al cabo, son conscientes de que, como dijo el ministro prusiano von Puttkamer, “Toda huelga esconde la hidra de la revolución”.
Aun no estamos en un marco de ascenso huelguístico ni mucho menos. Pero la posibilidad de su desarrollo está inscripta en la situación. La clave es prepararse para ello.

Diego Lotito
Nació en la provincia del Neuquén, Argentina, en 1978. Es periodista y editor de la sección política en Izquierda Diario. Coautor de Cien años de historia obrera en Argentina (1870-1969). Actualmente reside en Madrid y milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.