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Black Lives Matter. Estados Unidos: un país encendido contra el racismo y la brutalidad policial

En la noche del martes continuaban las movilizaciones desatadas luego del asesinato de George Floyd en manos de un policía blanco. Miles marchan contra la brutalidad policial y el racismo en más de 140 ciudades a pesar del toque de queda. En todas las ciudades se lleva a cabo un enorme operativo policial con una escalada en la represión, detención y enfrentamientos con la policía.

Gloria Grinberg @GloriaGrinberg

Miércoles 3 de junio de 2020 03:04

En una semana histórica, las movilizaciones persisten a pesar de los toques de queda, Trump se ha declarado a sí mismo "el presidente de la ley y el orden" y amenazó con enviar a miles de soldados armados hasta los dientes a las calles.

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En Los Ángeles miles de personas continúan protestando contra la brutalidad policial y se llevan a cabo arrestos masivos, mientras el alcalde Eric Garcetti enfrenta críticas por aumentar el presupuesto para el Departamento de Policía.

En Portland, miles de manifestantes se detuvieron al cruzar el puente y se acostaron con sus manos en la espalda, en la misma posición que se encontraba Floyd al momento de su muerte.

En Atlanta, la policía y los militares utilizaron gases lacrimógenos para dispersar a los miles que se manifestaban de forma pacífica cerca del Parque Olímpico Centenario. Después de las 9 de la noche, se produjeron enfrentamientos con la policía.

Mientras tanto en Nueva York las calles continuaron llenas de miles de personas y el operativo policial ordenado por el gobernador Cuomo también envió a más de ocho mil agentes al Manhattan Bridge (puente Manhattan). Los manifestantes que salieron a las calles también exigieron su derecho a manifestarse con cánticos donde exigían a la policía que libere el camino.

En Minessota se siguen desarrollando las movilizaciones hacia donde tuvo lugar la muerte de Floyd. El gobernador de Minnesota, el demócrata Tim Walz, anunció el martes que investigará las prácticas de la última década en el Departamento de Policía de Minneapolis para determinar si ha cometido discriminación contra negros o latinos, tras la indignación generada por el asesinato de George Floyd a manos de uno de sus agentes, Derek Chauvin, y la complicidad de otros tres policías.

Los otro tres agentes involucrados fueron despedidos pero no se ha pedido su detención, que si es exigida por quienes se manifiestan pidiendo justicia por George Floyd. En los informes de autopsia de Floyd, revelados el lunes, concluyen que su muerte fue un homicidio, lo que constituye una prueba suficiente para ordenar la captura de los otros tres agentes.

Desde el domingo, que fue el sexto día de protestas, el toque de queda se impuso en al menos 25 grandes ciudades del país ante el aumento de las manifestaciones y la ira contra la brutalidad policial.

La respuesta de Trump a las movilizaciones que exigen el fin del racismo y contra la violencia policial fue el anuncio de más brutalidad y represión: “Voy a movilizar todos los recursos federales disponibles, civiles y militares”, mientras la policía rociaba con gas lacrimógeno a los cientos de manifestantes que se concentraban en el exterior de la Casa Blanca.

Donald Trump afirmó ser “el presidente de la ley y el orden”, y acusó a la izquierda radical, a “anarquistas profesionales”, “hordas violentas” y al "movimiento Antifa" de armar las revueltas que se llevan a cabo en todo el país.

En Washington D.C., el presidente ha ordenado el despliegue de un batallón de la Policía Militar, según el Departamento de Defensa, una unidad de entre 200 y 500 soldados procedentes de Fort Bragg, en Carolina del Norte. En otros estados los gobernadores republicanos y demócratas ordenaron la intervención de sus propias tropas de la Guardia Nacional.

A pesar de que las manifestaciones se siguen extendiendo en todo el territorio e incluso a nivel internacional, Trump mantiene la mano dura y llamo de “débiles” a gobernadores de los Estados que sin embargo han aplicado el toque de queda y otras medidas represivas como la intervención de la guardia nacional.

El racismo en Estados Unidos radica en el origen mismo de la nación y de la relación entre capitalismo y esclavismo, luego, con leyes segregacionistas que llevaron a una desigualdad que se sigue reproduciendo a través de las generaciones, junto a la criminalización de la población negra. Este sistema es apoyado por el establishment de los dos partidos que gobiernan el país. El racismo se expresa también en la impunidad que se les garantiza a los integrantes de las fuerzas represivas: el 99% de los casos de asesinatos policiales quedan impunes.

La llegada de Obama a la Casa Blanca, afroamericano y demócrata, no fue un hecho que haya cambiado el racismo estructural en los Estados Unidos. En el año 2013, durante su presidencia, surgió el movimiento Black Lives Matter contra la brutalidad policial y el racismo. Luego del asesinato de Michael Brown a manos de un policía en 2014 en Ferguson volvió a expresarse en las calles con manifestaciones y revueltas de miles en decenas de ciudades.

La bronca que emerge en las calles expresa esta enorme desigualdad social, y se da en un contexto de una enorme crisis por el cornonavirus, que golpea de forma brutal a los sectores más empobrecidos, entre los cuales se encuentra gran parte de la población afroamericana, con los empleos más precarizados y peores pagos que hoy forman un gran porcentaje de las más de 40 millones de personas desocupadas en Estados Unidos.

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