La situación se ha deteriorado en los últimos meses en el Donbass, una región sensible con múltiples intereses para varias potencias mundiales.

Philippe Alcoy París
Miércoles 14 de abril de 2021 14:03
En las últimas semanas, se han producido importantes movimientos de tropas y equipos militares rusos cerca de la frontera con Ucrania, no lejos de la región de Donbass, dirigidos por las llamadas milicias "prorrusas". El portavoz del presidente ucraniano, Volodymir Zelensky, dijo a la agencia AFP que Rusia tiene ahora 41.000 soldados en la frontera oriental de Ucrania y 42.000 soldados en Crimea, región anexada por Rusia en 2014. Además de estas tropas numerosas, se informó de la presencia de equipo militar pesado, incluido el de misiles tierra-aire. Si bien las tensiones en la región se vienen repitiendo desde 2014 entre los dos países, para algunos analistas esta vez es más grave que en otras ocasiones.
De hecho, las relaciones entre las fuerzas armadas ucranianas y las milicias rebeldes se han deteriorado desde principios de año. Así, desde enero de 2021, ha habido 28 soldados ucranianos muertos mientras que a lo largo de 2020 el número de soldados ucranianos muertos en la región fue de 50.
Es difícil por el momento conocer las verdaderas razones de este desplazamiento de tropas rusas. Algunos culpan a la actitud "anti-rusa" del gobierno de Kiev. De hecho, el presidente Zelensky se encuentra en dificultades internas: la difícil gestión de la pandemia Covid-19, la crisis económica resultante y la creciente oposición de los partidos nacionalistas le han hecho caer en las urnas. La respuesta del gobierno ha sido dar un giro nacionalista y apuntar a Rusia y los oligarcas conocidos por ser cercanos a Putin. Las autoridades de Kiev han cerrado varios medios de comunicación pertenecientes al oligarca prorruso Viktor Medvedchuk.
Del lado ruso, también podemos evocar ciertas razones políticas internas que podrían explicar las maniobras de su ejército en la frontera. Como se puede leer en Foreign Policy, “la popularidad del presidente ruso Vladimir Putin ha caído constantemente a su mínimo histórico. El Kremlin todavía está lidiando con la pandemia, y en enero se llevaron a cabo protestas masivas en todo el país en enero tras el arresto del líder de la oposición Alexei Navalny, quien inició una huelga de hambre la semana pasada para pedir tratamiento médico mientras su salud se deteriora". Decir que una amenaza a la seguridad nacional viene desde "el oeste" (Ucrania y sus aliados de la OTAN) puede parecer una forma de crear una apariencia de unidad nacional detrás de Putin.
Es en este sentido que podemos interpretar las declaraciones de ciertos funcionarios rusos. Así, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, aseguró que el movimiento de tropas rusas no "amenaza a ningún país" pero que Rusia podría verse obligada a intervenir en Donbass si llegara a producirse una "catástrofe humanitaria similar a la de Srebrenica" , refiriéndose al genocidio contra las poblaciones bosnias llevado a cabo por las fuerzas serbias en 1995. Aún más amenazador fue Dmitry Kozak, representante del Kremlin para la implementación de los acuerdos de Minsk, declarando que una ofensiva contra el Donbass llevaría a Rusia a reaccionar y que este sería "el principio del fin de Ucrania".
Por su parte, la Unión Europea y Estados Unidos le han pedido a Putin que detenga los movimientos de sus tropas. La prensa incluso afirmó que Estados Unidos estaba considerando desplegar un buque de guerra en el Mar Negro para mostrar su apoyo a Ucrania. Esta información no ha sido confirmada ni negada por completo.
Una de las potencias imperialistas que más está en juego en esta situación es Alemania. Angela Merkel llamó a Putin para intentar disuadirlo de continuar con sus movimientos militares. De hecho, los dos países comparten el interés de completar la construcción del gasoducto Nord Stream 2, que permitirá a Alemania no solo tener acceso directo al gas ruso, sino también convertirse en el principal territorio de tránsito de este gas. Este proyecto es fuertemente criticado por Washington y sus aliados en Europa del Este, incluida Polonia y la propia Ucrania. Es en este sentido que Alemania quiere evitar cualquier "accidente" en Ucrania que empuje a Estados Unidos a tomar sanciones adicionales contra Rusia y que esto ralentice el trabajo del proyecto de gas.
En medio de estas fricciones y discursos hostiles, el presidente ucraniano pidió acelerar el proceso de integración de su país en la OTAN, una clara provocación hacia Rusia. “Putin le dijo al presidente George W. Bush en 2008 que Ucrania ’ni siquiera es un país’. Diez años antes, Yeltsin había advertido a Clinton que no podía aceptar la membresía de Ucrania en la OTAN y había buscado un acuerdo privado que Estados Unidos no cumpliría. En febrero de 2008, el embajador de Estados Unidos en Rusia, William Burns, dijo a sus superiores en Washington: ’La entrada de Ucrania en la OTAN es la más importante de todas las líneas rojas para la élite rusa (y no solo para Putin)’", escribió James Goldgeier.
En otras palabras, Moscú considera la integración de Ucrania a la OTAN como un desafío estratégico de las potencias occidentales. De hecho, desde la desintegración de la URSS y la restauración capitalista en Europa del Este, Rusia ve a Ucrania como una “zona de amortiguamiento” indispensable para su defensa contra una posible ofensiva de las potencias occidentales. Esto implica una Ucrania formalmente independiente, pero totalmente dependiente y dentro de la zona de influencia rusa. Es por esta razón que Rusia, por el momento, no tiene un gran interés en una invasión directa de Ucrania. Para Rusia, estratégicamente, no se trata de integrar a Ucrania en su territorio nacional, sino de utilizarla como "escudo" contra Occidente.
Por todas estas razones, se puede suponer que Rusia no busca actualmente un enfrentamiento directo y una invasión de Ucrania. Además, hay que añadir que la población rusa manifiesta cada vez más hartazgo ante las "aventuras militares" en el extranjero. Por el lado de Ucrania, a pesar de los discursos y medidas nacionalistas de Zelensky, el gobierno tampoco parece tener interés en iniciar un conflicto con Rusia y los rebeldes prorrusos en el este del país. Los beneficios políticos de tal conflicto, de un lado o del otro, son ciertamente cuestionables. Sin embargo, no podemos descartar la posibilidad de una escalada fuera de control o un "accidente".
También es posible que Putin esté tratando de enviar un mensaje a nivel internacional, en particular al presidente norteamericano Joe Biden. Este último tiene una política mucho más hostil hacia Rusia. El desplazamiento de tropas a la frontera de Ucrania podría ser una advertencia a Estados Unidos contra cualquier intento de integración de Ucrania en la OTAN.
En cuanto al derecho de Ucrania a la autodeterminación, es bueno recordar que esto implica la oposición a cualquier intervención, directa o indirecta, de Rusia, pero también de las potencias imperialistas occidentales. Una Ucrania verdaderamente independiente tampoco puede venir de la mano de corrientes políticas abiertamente proimperialistas o prorusas.