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Red Internacional
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OPINIÓN EN LA VÍSPERA. Esto decía hace un año Pablo Iglesias de sus actuales socios de Izquierda Unida

Hace exactamente un año, Pablo Iglesias se despachaba con inusitada arrogancia contra Izquierda Unida diciéndoles “Que se queden con la bandera roja y nos dejen en paz. Yo quiero ganar”. Hoy, en el colmo del pragmatismo, son sus nuevos socios electorales en una “alianza histórica”, como la llamó en du discurso de cierre de campaña.

Diego Lotito

Diego Lotito @diegolotito

Sábado 25 de junio de 2016 12:29

Foto: EFE / Kiko Huesca

En una entrevista publicada en simultáneo el 25 de junio de 2015 en Público y Critic, es decir, hace exactamente un año, Pablo Iglesias cargaba brutalmente contra Izquierda Unida y la izquierda en general. Una calculada operación política para reafirmar entonces su giro a la derecha y su estrategia de regeneración democrática del régimen.

“Hace falta una mayoría social que se identifique con tu discurso y con tus propuestas, y en esa mayoría social habrá muchos sectores que digan: lo de la izquierda no forma parte de mi identificación”; “el eje izquierda y derecha no es la clave para cambiar las cosas en este país”; “Os avergonzáis de vuestro país y de vuestro pueblo. Consideráis que la gente es idiota, que ve televisión basura y que no sé qué y que vosotros sois muy cultos y os encanta recoceros en esa especie de cultura de la derrota. El típico izquierdista tristón, aburrido, amargado..., la lucidez del pesimismo”, decía entonces el líder morado de sus actuales socios en Unidos Podemos. Y terminaba con una frase que colmó los titulares de prensa: “Que se queden con la bandera roja y nos dejen en paz. Yo quiero ganar”.

Qué distintas esas palabras de las que Iglesias dedicó a Alberto Garzón, Izquierda Unida y el Partido Comunista en su discurso de cierre de campaña ayer en Madrid. "Más importante que Podemos es el encuentro histórico con la izquierda histórica que mantuvo arriba las banderas", dijo Iglesias entre vítores, y dirigiéndose a Alberto Garzón: "Es un honor caminar a tu lado, que vayamos a construir el futuro de nuestro país juntos".

Las palabras de Iglesias me suscitaron, por aquel entonces, unas breves notas indignadas publicadas en Izquierda Diario.

En resumen, mi indignación se debió a que la entrevista fue una operación político-mediática mayúscula de Pablo Iglesias para “marcar la cancha” en el debate sobre la “unidad popular” y las candidaturas para las generales. Su objetivo, delimitarse sin tapujos de todos los “izquierdistas” en general, y de IU en particular.

Que quede claro, ni entonces ni ahora Izquierda Unida ha sido santo de mi devoción. Una corriente que tiene en su adn haber jugado un papel fundamental en el parto del odiado régimen del ’78 (el PCE, Carrillo, los Pactos de la Moncloa, su ruta…) y que durante las últimas tres décadas se ubicó como la pata izquierda del mismo régimen que ayudó a parir.

Pero el ataque de Iglesias no fue solo a IU, ni siquiera a sus líderes, por más reformistas que sean. Lo fue a la izquierda en general, a las y los militantes honestos, a las y los militantes obreros que lucharon durante décadas en partidos y sindicatos con sus banderas rojas, símbolo de doscientos años de lucha de clases (con sus ríos de sangre incluidos). La pedantería pequeñoburguesa de Iglesias merecía entonces (y ahora) el rechazo, no sólo de todos los que nos reivindicamos orgullosamente de izquierdas, de la lucha de clases, de la trasformación revolucionaria de la sociedad, sino de todos los que saben que la historia no empezó con Podemos el 25 de mayo de 2014.

Pero, visto desde ahora, ¿qué sucedió para que operase tan rotundo cambio de percepción de Iglesias sobre la “vieja izquierda tristona y aburrida”? Sencillo: después del 20D, los números no cerraban.

De allí que la alianza con Izquierda Unida fuera un verdadero matrimonio por conveniencia bendecido por el pragmatismo más ramplón (de uno y otro lado, debo decir). Porque lo que no cambio en nada Iglesias ha sido su programa y su estrategia.

Si hace un año la estrategia de Iglesias era derechizar al máximo el programa y despreciar cualquier idea, símbolo o tradición que refiriese a “la izquierda” para ganarle al PSOE, ocupando una porción mayor de su espacio dentro de las constelaciones políticas españolas, para que éste apoyase un gobierno de Podemos, hoy las cosas siguen igual… o peor.

Porque si el acuerdo Unidos Podemos no implicó ningún viraje programático o estratégico para Iglesias ni Podemos, sí que lo significó para IU, o al menos para una buena parte de su militancia que sigue reivindicando el no pago de la deuda, que rechaza las bases norteamericanas, que se opone a la OTAN, que quiere terminar con la monarquía y, sobre todo, que considera una traición hacer un gobierno de coalición con los social-liberales del PSOE. Porque, a fin de cuentas, de eso se trata toda esta milonga.

En la entrevista en cuestión, hace un año, Iglesias decía: “El escenario de gobierno es, si nosotros tuviéramos que votar la investidura al Partido Socialista. Eso sería durísimo para nosotros (…) O si el PSOE tuviera que elegir entre entregar el gobierno al PP o votarnos la investidura a nosotros. Esos creo que son los escenarios fundamentales.” Desde el 20D el parece que el escenario “durísimo” de apoyar al PSOE es menos duro, tanto que la perspectiva política inequívoca de Unidos Podemos es gobernar con ellos.

Mañana serán las nuevas elecciones. No está claro qué escenario político generarán los resultados, pero sí está claro que, salga el gobierno que salga, se seguirá pagando religiosamente la deuda, se respetará el marco laboral gestado en los ‘90, se negará el derecho a decidir y se respetará la Constitución del ‘78. Eso sí, ¡Unidos Podemos!

Sea cual sea el escenario que se abra después del 26J, la izquierda que se reivindica anticapitalista y de clase tiene planteada una tarea ineludible: luchar por la construcción de una alternativa política al nuevo reformismo e impulsar la lucha de clases para conquistar todas las demandas que se proponen dejar encajonadas.


Diego Lotito

Nació en la provincia del Neuquén, Argentina, en 1978. Es periodista y editor de la sección política en Izquierda Diario. Coautor de Cien años de historia obrera en Argentina (1870-1969). Actualmente reside en Madrid y milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.

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