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Red Internacional
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PROPUESTA DE PACTO DE PODEMOS. Estrategia de pactos entre PSOE y Podemos y la falsa ilusión de un “gobierno de izquierdas”

Tras la oferta de Pablo Iglesias a Pedro Sánchez del pasado viernes, el fin de semana ha pasado entre rumores y sainetes. Finalmente el domingo por la noche los líderes de ambas formaciones contactaron por teléfono como primera toma de contacto.

Ivan Vela @Ivan_Borvba

Lunes 25 de enero de 2016

Foto: EFE / Juanjo Martin

Desde que el pasado viernes Pablo Iglesias ofreciera al PSOE un “gobierno del cambio” conformado por la propia formación morada, los socialistas y Unidad Popular, el tablero político ha sufrido un terremoto desde diferentes agentes.

El primero que tuvo que mover ficha fue el aludido Pedro Sánchez y su formación. Ayer lunes la Comisión Permanente de la Ejecutiva Federal ha asegurado que tanto el líder de la formación socialista como todo el partido tienen claros los puntos a debatir y las líneas rojas establecidas ya previamente aprobados en el pasado Comité Federal.

En esta línea, el Secretario de Organización del PSOE, César Luena, aseguró al final de la mencionada reunión que “Pedro Sánchez no va a gobernar a cualquier precio; Pedro Sánchez no va a ser presidente a cualquier precio", en clara alusión a que el candidato socialista pueda buscar apoyos parlamentarios en los grupos catalanes ERC y Democracia i Llibertat (CDC).

César Luena ha respondido a la oferta de Podemos en la línea que Pedro Sánchez lo hiciera el pasado viernes, buscando relacionar las intenciones de Podemos más con intereses partidistas que buscan sillones antes que soluciones políticas.
También ante los medios el mismo Luena ha afirmado que “tanto las formas como el fondo importan” y que en la formación socialista “no están por teatrillos […] que además demuestran que solo piensan en los intereses del partido”.

Sin lugar a dudas el PSOE y en especial Pedro Sánchez buscan la manera de rebajar una marcha al timing de las negociaciones tras órdago enviado el pasado viernes por Pablo Iglesias y los suyos, y la presión institucional tras la “renuncia” de Rajoy a configurar gobierno.

No obstante, más allá de los deseos del líder socialista, de puertas para adentro las aguas no bajan calmadas en el PSOE. Salvado el primer “round” ante los barones que pedían su carrera política servida en bandeja en el pasado Comité Federal del 28 de diciembre, Pedro Sánchez se va a tener que encontrar ahora de nuevo con los dientes apretados de muchos de los pesos pesados de su partido, claramente reticentes ante un posible pacto de su partido con Podemos.

Rubalcaba, Medina, Felipe González…son muchas las voces que se han sumado al rechazo frontal a cualquier tipo de negociación con la formación de Pablo Iglesias. Esta oposición ha sido aprovechada por el Partido Popular como su mejor (y única) baza a fecha de hoy.

Pablo Casado ha asegurado hoy tras la reunión del Comité de Dirección del PP que espera que el PSOE haya incluido al PP en la ronda de negociaciones que el líder socialista deberá tener a partir de ahora. Al mismo tiempo aseguraba que el camino de la negociación con Podemos sería “nefasto tanto para el PSOE como para España. Añadía, con cierta sorna, que Sánchez iba a tener difícil seguir ese camino pues siendo el PSOE “un partido democrático”, como el líder socialista iba a ir en contra de tantas voces. Según el portavoz del PP las declaraciones de los líderes de Ferraz “son la punta del iceberg, pero que el descontento es seguro mucho mayor”.

Podemos: sin líneas rojas en su “centro político”

Estos días la formación de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón está escribiendo el último capítulo (por ahora) de su giro al “centro del tablero político”. Abandonado por completo todo reflejo que pudiera quedar de las demandas democráticas surgidas del 15-M, da una vuelta de tuerca más.

A los que por aquel entonces tachaban de “casta” y negaba cualquier posibilidad de entendimiento con esas piezas del establishment, hoy son aliados efectivos en diferentes ayuntamientos y Comunidades Autónomas y válidos compañeros de viaje para nada más y nada menos que para la formación del Gobierno del Estado.
La voluntad de la formación morada por entrar gobierno queda fuera de toda duda. El mismo líder de la formación reformista aclaró ayer lunes ante los micro de la cadena SER que “está dispuesto a negociar sin líneas rojas, tan solo con propuestas que esperan defender con firmeza”. Ante los medios también aseguró que “no apoyará la investidura de Pedro Sánchez si Podemos no entra en el Gobierno”. Entre ellos la vice presidencia y ministerios clave.

Para defender estos términos de la negociación líder de la formación morada asegura la necesidad de “equipos de personas que introduzcan savia nueva en los aparatos del Estado". Una increíble visión deformada e individualista de todo el aparato del Estado.

Con estas afirmaciones el líder de la formación morada busca, por un lado, sentar a Pedro Sánchez en una mesa de negociación para que no visibilice un “inmovilismo” ajeno a los tiempos “históricos” que vivimos (en palabras de Iglesias). Y por otro lado, busca hacer patente ante la opinión pública que la cuestión catalana no será un motivo paralizante para las negociaciones y que, en caso de que se vuelvan a repetir las elecciones, “pague el pato” el PSOE de una posible victoria y nuevo gobierno del PP.

Además de este mensaje, Pablo Iglesias aseguró también que cualquier tipo de pacto o acuerdo por escrito lo refrendarán sus militantes: “La Asamblea Ciudadana [es decir, el conjunto de militantes de la formación], como máximo órgano de decisión de Podemos, deberá ser consultada con carácter preceptivo para todas las decisiones de relevancia”.

Consciente de que ahora los ritmos de la negociación se marcan ahora a la voluntad de Podemos, Pablo Iglesias sigue lanzando órdagos a Ferraz. En un artículo publicado en El País titulado “El Gobierno del cambio”, Pablo Iglesias expone la situación de cambio arrojada por las urnas, y apremia al PSOE a que se decida a actuar a la altura. Amparándose en los más de 6 millones de electores que obtuvieron Podemos, las confluencias y UP-IU, defiende su participación en el gobierno, concretamente al mando de ministerios de vital importancia. Descarta de esta manera un gobierno “a la portuguesa”, es decir, con un apoyo a un Gobierno del PSOE desde fuera, tal y como hace a día de hoy el Bloco de Esquerda en Portugal.

Pero más allá de estas bonitas palabras, siempre amenizadas con citas académicas, cabe plantearse la propuesta en el terreno de política real. Pero, ¿el PSOE un “gobierno del cambio”?. Un pilar fundamental del Régimen del 78, con sus sucesivas traiciones a la clase trabajadora y clases populares, sus sucesivos recortes a los servicios públicos, sus rescates a la banca, y un largo etcétera, definen a este partido como cualquier cosa menos como un partido de “cambio”.

Qué duda cabe que las urnas arrojaron una voluntad de cambio de un amplio sector de la clase trabajadora y las clases populares. Un grito de cambio y a su vez de esperanza en las instituciones burguesas como herramientas de cambio. Pero la gestión y la estrategia que muestra Podemos ya con todas las cartas sobre la mesa, no busca dar solución a las demandas sentidas que surgieron el 15-M, ni busca dar una salida a la crisis que acabe con el pago de ésta por parte de los capitalistas que la generaron.

Al contrario, busca aprovechar la grieta en el Régimen que esta dura crisis ha dejado, para asentarse en las esferas de poder para gestionar de este modo la “nueva transición” y asegurarse así un lugar privilegiado en este nuevo “relato” de (falso) cambio. Más allá del marketing político, la farsa sucumbe a la realidad política y ésta, a día de hoy, muestra a la cúpula de Podemos negociando el gobierno del Estado con un partido capitalista, en una fórmula que sitúa a Podemos más a la derecha que a su colega Tsipras o sus colegas portugueses del Bloco de Esquerda, que aún facilitando la investidura del Partido Socialista portugués, se mantienen fuera del ejecutivo.

La propuesta de Pablo Iglesias y los suyos es nada más y nada menos que formar gobierno con un partido defensor de los intereses capitalistas y del statu quo actual, ofreciéndose a ser gestor de esta crisis capitalista dentro de los márgenes de la democracia burguesa.