El estreno del nuevo Ministro del Interior Mario Fernández reafirmó el sello de la Nueva Mayoría, decir una cosa y hacer otra, mientras su recepción fue en las calles mostrando nuevamente la fuerza del movimiento estudiantil.
Nicolás Miranda Comité de Redacción
Sábado 11 de junio de 2016
El recambio en Interior
La salida de Burgos del Ministerio del Interior, desató varias especulaciones tras la explicación formal, el cansancio, del demócrata cristiano. Una de ellas, las tensiones permanentes con Bachelet, otra, una posible precandidatura presidencial. De seguro, es otra muestra de las tensiones y debilitamiento del Gobierno y la Nueva Mayoría. ¿No preanuncia un posible “camino propio” de la DC, jugando al filo de la ruptura de la Nueva Mayoría, tal vez con un candidato propio que llegue a la primera vuelta de las elecciones presidenciales?
Es una posibilidad, que encaja con las renuncias de dirigentes y parlamentarios de todos los partidos del régimen, una de las más resonantes, la de Kast en la UDI.
Todos los partidos del régimen y sus instituciones crujen. No solo sacudidos por sus escándalos de corrupción, su disgregación persiguiendo proyectos personales.
Sacudidos también por la lucha de clases, con el renovado empuje del movimiento estudiantil.
La recepción: Estudiantes vs. Gobierno
El miércoles 8 asumió el nuevo ministro del Interior también DC Mario Fernández. El Jueves 9, una nueva movilización nacional estudiantil, la tercera convocada por la CONFECH junto a la CONES y la ACES, irrumpía en las calles masivamente, con casi 100.000 en Santiago, y miles de miles en Regiones.
En las calles, una nueva demostración de fuerzas de los estudiantes era la recepción al flamante Ministro.
Otra muestra de un conflicto de fondo, el del movimiento estudiantil vs. el Gobierno, que erosiona las bases sociales de los partidos del régimen impidiéndole estabilizarse y encontrar un punto de apoyo para recomponer sus fuerzas. Cada paso del Gobierno, además, profundiza esta situación.
Las palabras contra los hechos
Mientras se desarrollaba la marcha, el ministro Fernández hacía declaraciones sobre la importancia del diálogo.
Mientras se desarrollaba la marcha, Carabineros, bajo su mando político, volvía a desatar una brutal represión. Desde el inicio mismo de la marcha y a lo largo de todo el recorrido, descargaba su brutal represión. Palos, gases, guanacos, persecuciones, golpes. Durante las concentraciones de aquella mañana antes de la movilización, en el Cordón Macul, la policía disparó lacrimógenas al cuerpo.
Es el sello del Gobierno, decir diálogo hacer represión; decir educación como derecho y gratuidad universal, y profundizar la educación de mercado, solo que con mayores regulaciones y beneficios.
A la represión, agregó la reunión de las organizaciones estudiantiles con el Ministerio de Educación ayer viernes 10.
Otra reunión estéril, un solo camino
La reunión del Mineduc mostró otra vez su esterilidad. El Gobierno solo presentó generalidades de un proyecto de ley ya cerrado y listo a ingresar al Paramento, para después decir que allí continuará el diálogo. No es más que otro callejón sin salida, con parlamentarios que actúan como empleados de las empresas, ya demostrado en los casos de la ley de pesca y del llamado royalty minero.
Al movimiento estudiantil, solo le queda un camino: reforzar sus movilizaciones. La marcha del jueves 9 mostró otra vez la masiva disposición a la lucha. La serie de tomas y paros en Universidades y liceos la sostiene desde las bases. Casi cada día hay marchas, tomas simbólicas de edificios públicos, banderazos, y otras acciones que generan hechos políticos para sumar nuevas fuerzas. Hay que pasar de la ofensiva estudiantil, a su organización. La Agrupación Combativa y Revolucionaria (ACR) lucha porque se extienda el paro indefinido convocado por la CONFECH, el tomazo para afirmarlo en las bases como espacio de organización de las fuerzas estudiantiles, y por impulsar una Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios y Universitarios con delegados por asambleas y centros de estudiantes para discutir y llevar adelante un Plan de Lucha que imponga las demandas estudiantiles e impida una nueva cocina parlamentaria.