El último periodo se ha instalado en el debate nacional las condiciones de salud psicológica del estudiantado. Esta problemática tiene sus raíces en las condiciones de vida de miles de estudiantes, quienes se ven sometidos a la sobrecarga académica, y en muchos de los casos teniendo que compatibilizar con precarias condiciones laborales.
Sábado 4 de mayo de 2019
Según un estudio liderado por la psicóloga Ana Barrera de la U. Católica de Temuco, el 46% de los estudiantes universitarios tiene síntomas depresivos, el 46% muestra problemas de ansiedad, el 54% sufre de estrés y el 30% tiene los tres problemas a la vez. Cifras que confirman un problema generalizado en la salud mental de estudiantes universitarios, que hoy se han puesto en el debate a raíz de los recientes hechos de jóvenes que se han suicidado, o han intentado quitarse la vida; así también la movilización de la carrera de Odontología de la Universidad de Chile por la sobrecarga académica.
En este contexto, es que la CONFECH ha colocado esta temática en la pauta de discusión de la jornada reflexiva del 8 de mayo, en donde también se discutirá en torno al CAE, la pérdida de gratuidad, educación no sexista, democratización y accesibilidad. El problema de la salud mental en universitarios toma su lugar a partir del modelo de educación en Chile, pero este mismo se enmarca en un problema social más amplio, en torno a la competitividad, rendimiento y las condiciones propias de la vida que afecta de forma transversal a estudiantes y trabajadores.
Así mismo, según una investigación del Centro de Estudios del Conflicto y la Cohesión Social, cerca del 50% de las personas en Chile posee síntomas de depresión y según la Encuesta Nacional de Salud del 2017 dirigida por Mariane Krause, arrojó que el 6,2% está diagnosticado con depresión, siendo ya esta una cifra que está por sobre el promedio mundial.
Estudiar y trabajar
Dadas las condiciones de vida con bajos sueldos y un sistema que obliga a las familias a endeudarse, el estudiantado muchas veces debe compatibilizar estudios y trabajo, situación que profundiza el agobio y el estrés durante esta época.
Condiciones laborales de la juventud, hoy se ven atacadas bajo la reforma laboral, que precariza las condiciones laborales flexibilizando las jornadas a través de "pactos" entre empleador-empleado, la que finalmente se traduce en decisiones unipersonales y la adaptación de jóvenes para poder mantener el trabajo.
Las denuncias de sobrecarga académica son tales, que muchas veces dificulta las posibilidades de mantener un trabajo estable, por ende, muchos recurren a trabajos con modalidad flexible y de bajos salarios, pues son este tipo de trabajo los cuales están reservados para la gente que debe compatibilizar con horarios de estudio. Sin embargo, en esta misma dinámica es ya posible reconocer la dificultad que atraviesan miles de jóvenes, que para mantener sus hogares deben conservar sus empleos, lo que muchas veces perjudica los rendimientos académicos por falta de horas para estudiar, hacer deberes, e incluso para el descanso, cuestión esencial para poder mantener una buena salud mental.
Condiciones estudiantiles
La sobrecarga académica es un síntoma de un problema mayor y que se ha puesto en cuestionamiento previamente cuando se discute sobre democratización. Las mallas y la consiguiente sobrecarga académica, es decidida por un puñado de “expertos” que no se preocupan de las condiciones a la que exponen a sus estudiantes, considerando que deben establecer una alta exigencia para mantener criterios de “calidad”, sin cuestionar el mismo proceso educativo, que está abierto desde el estamento estudiantil cuando se interrogan “educación para quien y para qué”.
Este mismo cuestionamiento, enmarcado dentro del cuestionamiento a la educación del sistema neoliberal, es que muchas de las autoridades incluso hacen uso de la “represión académica” en contexto de movilizaciones. La amenaza latente de esta situación, es que existen vías de eliminación de estudiantes por estos elementos, así como también de la pérdida de beneficios estudiantiles como becas o créditos.
Esta situación viene a profundizar el malestar, deviniendo de la frustración que genera salirse del sistema al que no fue fácil acceder por el gran porcentaje de la población. Justamente, son las y los estudiantes provenientes de sectores más vulnerados, quienes más sufren las consecuencias de la sobrecarga y el trabajo precario.
Dado este nuevo cuestionamiento y desnaturalización de los padeceres de estudiantes, toma relevancia la exigencia de espacios democráticos donde estudiantes y profesores convengan en los procesos educativos, elección de las mallas y del sentido de la educación, pensando en el bien de la sociedad en su conjunto. Hoy estas decisiones pasan por autoridades unipersonales, excluyendo de participar de estas decisiones a la comunidad en su conjunto, como lo sería el cogobierno triestamental universitario con mayoría estudiantil.
La falta de salud mental debe ser combatida desde sus raíces, que conectan con el modo de producción capitalista de explotación, bajos salarios y sobrecarga laboral, empujando al endeudamiento, al poco acceso a la salud y a la educación; coartando también la propia vida de las y los trabajadores.
En ese sentido, es importante poder dar respuestas a la falta de salud psicológica, y no cabe duda que este es un elemento que debiese estar presente en los centros de salud, en los centros de estudio y en los lugares de trabajo, sin embargo mayor número de atención psicológica no cambia la situación en general.
Dado este nuevo cuestionamiento y desnaturalización de los padeceres de estudiantes, toma relevancia la exigencia de espacios democráticos donde estudiantes y profesores convengan en los procesos educativos, elección de las mallas y del sentido de la educación, pensando en el bien de la sociedad en su conjunto. Hoy estas decisiones pasan por autoridades unipersonales, excluyendo de participar de estas decisiones a la comunidad en su conjunto, como lo sería el cogobierno triestamental universitario con mayoría estudiantil.
Por otro lado, las causales de eliminación suponen un problema principalmente para quienes deben compatibilizar estudios y trabajo, la cual además esta es contraria al principio y derecho a la educación, pues no aprobar un ramo, que puede a deberse a distintos factores, debe ser finalmente completado dentro del proceso educativo, y nada es menos pedagógico que excluir a quienes fracasan en ese intento.
Vuelve a cobrar relevancia la demanda de la educación gratuita financiada integralmente por el Estado, y que la estadía en la universidad no dependa de la mantención de becas o créditos que finalmente financian a las bancas y precarizan las condiciones de las mismas universidades. La importancia de que sea el Estado el garante de este derecho, es también a la exigencia del apoyo en la salud mental.