Maga tiene 22 años. Es estudiante, hija de trabajadores rurales. Su testimonio, el de miles de familias, generación tras generación: siete personas que comparten una misma habitación, de una casa prestada por los patrones.
Miércoles 16 de septiembre de 2020 17:44
Mucho se estuvo hablando sobre las tomas de tierras, del acceso a la vivienda propia y digna, un derecho tan fundamental y no garantizado.
Yo vivo en una casa, compartiendo los mismos espacios con siete personas, desde que tengo memoria, con lo que eso implica, por ejemplo, dormimos en una misma habitación, no está para nada cerca de ser cómodo vivir en condiciones así. Con mi familia no sabemos con certeza hasta cuándo vamos a poder seguir viviendo en una casa, en un terreno, de alguien más, sin paz ni tranquilidad de que cualquier día, en cualquier momento seamos desalojados y echados y nos quedemos en la urgencia de buscar un lugar donde vivir. Por eso apoyo la lucha que llevan cientos de familias en las distintas tomas y sobre todo mujeres que lo único que piden y exigen es un techo, donde vivir.
Familias que pasan hambre, frío con la constante amenaza que sean desalojadas por considerarse la toma de tierra un delito, ¿pero qué posibilidades tenemos de acceder a una vivienda? Casi nulas. Las casas u terrenos por donde vivo, tienen precios que llegan a ser altísimos, estoy hablando de millones de pesos, es decir, cantidades exorbitantes de dinero, que para nada es oferta para la demanda existente. Que, aunque mis padres como muchos otros cientos de trabajadores que trabajan diariamente para poder sobrevivir, no es suficiente, sin siquiera para pensar, como una opción factible el contar con un terreno propio ni hablar de poder construir una vivienda.
Vivir en propiedades de alguien más, ha sido una constante en mi familia, desde hace muchas generaciones y que puede seguir reproduciéndose por muchas más en el futuro, si no se plantea seriamente una solución real al problema, las familias en las tomas no piden una mansión, ni un terreno de muchas hectáreas, sino el espacio mínimo y necesario para vivir una vida digna y poder desarrollarse como individuos.
Por eso mañana salgo a las calles, por mi familia y por los cientos que se encuentran en la misma situación, por aquellos a los que la policía reprimió por pelear por una casa o por el pago de sus sueldos, la misma policía que asesinó a Facundo Castro, porque soy estudiante y muchos se están quedando sin poder estudiar, salgo porque los derechos se defienden.