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Estudiantes y salud mental: una deuda que crece en pandemia

Fallecimiento de estudiante en Valparaíso pone a estudiantes en alerta nuevamente con respecto a los problemas de salud mental y la falta de respuesta del sistema educativo frente a esto.

Rebeca Rodríguez Osorio Médica. Agrupación de trabajadores de la salud "Abran Paso"

Domingo 16 de mayo de 2021

Alto impacto en la comunidad estudiantil causó la muerte de un estudiante de medicina de la Universidad de Valparaíso, lo que puso sobre la mesa nuevamente el tema de la salud mental en las y los estudiantes. No debemos olvidar que fue la muerte de un estudiante de humanidades en Santiago lo que instauró en muchas universidades del país las “semanas de salud mental”, que por cierto no cuentan con la aprobación de la totalidad de autoridades y académicos de las casas de estudio, y que en muchos casos no son respetadas o incluso ridiculizadas por parte de estos mismos.

El desarrollo académico ocurre en un sistema educativo rígido cuyas prioridades se encuentran en el lucro y las metas deshumanizadas de funcionalidad. En el caso de las universidades, cuna de heterogeneidad de realidades socioeconómicas donde gran cantidad de las y los estudiantes deben sortear su tiempo entre trabajo y estudio, los programas académicos no están diseñados más que para la completa dedicación de los jóvenes a sus carreras, incluyendo incluso en sus programas de asignatura la indicación de priorización del calendario escolar por sobre el desempeño en cualquier otra área propia del desarrollo humano.

Por supuesto que la pandemia exacerbó la cantidad y gravedad de casos de salud mental. En el caso del sistema educativo las clases online vinieron a imponer una nueva forma de socialización impersonal, y una carga horaria y práctica absurdamente superior a la usual. Conectados 12 horas al día a una pantalla con todas las implicancias físicas que eso conlleva, abusando en gran medida de que los estudiantes “están en sus casas y es lo único que deben hacer”, sin considerar que este nivel de exigencia solo puede ir en detrimento no solo de su desempeño sino que de su estado de salud mental.

Todo esto frente a un sistema de salud que desde sus profundas grietas tuvo que dejar de lado todo el resto de atenciones para poder responder -con gran dificultad y carencias- al manejo dirigido de la pandemia y sus consecuencias. Las listas de espera para todo otro tipo de atención o intervención han sido postergadas, aunque por supuesto siguen creciendo.

No solo la atención hospitalaria y de urgencias han vivido en carne propia el marcado aumento en casos de descompensación u aparición de problemas de salud mental, sino que además existe un profundo colapso en el sistema de atención primaria en salud para poder continuar la atención de los pacientes de manera ambulatoria, con gran falta de recursos principalmente humanos para el correcto control de estos pacientes.

La deuda con la salud mental es una que no solo se paga con, por ejemplo, la instauración formal de semanas de salud mental, y requiere mucho más que buenas intenciones. Debe existir un cambio de lógica estructural sobre cómo enfrentamos los problemas de salud mental y su prevención, lo que por ningún motivo puede ir separado de recursos económicos que permitan fortalecer tanto humana como materialmente la atención en esta área.

Las universidades deben hacerse cargo del problema que ven con toda claridad, pero que han decidido ignorar: es innegable la gran cantidad de estudiantes que debe recurrir a tratamientos farmacológicos, muchas veces incompatibles con las rutinas de estudio, para poder sortear las consecuencias del agobio académico. Se deben implementar estrategias de monitorización y prevención acompañado obviamente de seguimiento, de lo contrario todas las medidas que anuncian públicamente responden solo a una presión social moral en lugar de a una real intención de disminuir los casos de estudiantes con problemas de salud mental en todos los niveles de severidad que sabemos por lo que se ha demostrado en la práctica, puede llevar incluso a la muerte.

El desarrollo académico no puede ir de la mano con un abandono de la salud de los estudiantes así como de los trabajadores cuyas extenuantes jornadas laborales y las precarias condiciones en que se llevan a cabo solo atentan con lograr o mantener un bienestar psicológico y emocional mínimamente necesario.

El sensible fallecimiento de un estudiante de medicina de Valparaíso nos viene a remover el piso una vez más, puesto que estos no son hechos aislados, sino que muy por el contrario, ya que, muchos estudiantes, docentes y trabajadores de distintos rubros y sectores han visto enormemente perjudicada su calidad de vida y bienestar mental durante la pandemia.

A raíz de estos hechos es que una vez más se debe poner en cuestionamiento la educación de mercado, que no le interesa el bienestar de sus estudiantes y funcionarios, sino que solo aumentar las ganancias de las direcciones y administraciones, los llamados empresarios de la educación. Un sistema de educación que nos empuja a elegir entre estudiar o tener que comer, que nos endeuda con deudas millonarias, que nos consume todo el tiempo posible para no poder hacer nada más que enfocarse en estudiar, es un sistema de educación que merece perecer. Por todo esto es más necesario que nunca profundizar y expandir a cada rincón esta discusión, la salud mental es un problema que nos está afectando a todas y todos, y es que detrás de todo este régimen de explotación y opresión está el Sistema Capitalista, un sistema que lucra con nuestro tiempo y con nuestras vidas, con tal de continuar enriqueciendo un puñado de familias multimillonarias.