Hacer canciones: intensidad, poesía y buenas melodías, para después meterlas en un disco. Todo eso hizo la banda uruguaya Eté & Los Problems en su último trabajo de estudio El Éxodo.
Gustavo Grazioli @Discolo1714
Domingo 10 de diciembre de 2017

Este disco lanzado en el 2014 tiene un video de la canción Jordan, con su recordada apertura del joven comiendo choripán, en el que la diferencia estética por sobre otras propuestas se hizo notar. Y así, para no entrar en definiciones solemnes, lo describe un comentario realizado en el foro del video que está en You Tube. “Que pedazo de video, se despegaron, nunca mejor representada la vida cotidiana del adolescente uruguayo, letra y música también despegadas, felicitaciones! Hitaso!”. Este es el aire que se respira en el disco en general. Canciones salidas de otro universo, puestas ahí para que los relatos de Ernesto Tabárez (voz y guitarra) sigan cobrando vida.
La banda montevideana nació en 2005. Primero se gestaron las canciones en realidad, porque Tabárez (también conocido como Eté) ya tenía su puñado de composiciones. Después vinieron las incorporaciones que sellaron este pacto llamado Eté & Los Problems. “Tenía un grupo de canciones que estaba haciendo con una guitarra y una armónica y esa era mi idea de cómo tocarlas. Hasta que en algún momento necesité que esas canciones tuvieran una guitarra eléctrica. Después me dieron ganas de poner una batería y un bajo y salí a buscar gente para hacer eso. En esa época no tenía amigos, porque hacía una vida muy solitaria. Lo que hice fue ir a las tiendas de música donde compraba cuerdas, púas y perdía el tiempo y le llevé un demo a uno que laburaba en una de esas casas y era baterista y a otro que era guitarrista”, cuenta Tabárez en referencia a esa gestación.
Los uruguayos vienen construyendo su terreno solido desde las canciones y con una gran pata en el rock. Sin rogarle nada a los circuitos, su camino marcha en la independencia y con las ideas bien delimitadas sobre este género que vehiculiza la mayoría de su discografía.
Frente a esto lo que surge es una pregunta que tiene que ver con cosas que se le podrían pedir al rock para seguir haciendo girar la máquina. “Al rock se le puede pedir siempre lo mismo: canciones lindas, evocadoras y que guarden alguna forma de fuerza. Tengo una teoría que se trata de que todos los grandes géneros del arte guardan un sentimiento. El romanticismo guarda una forma de entender la belleza pura. Escuchas una pieza de (Franz) Liszt y es todo bello. Ves los ciclos de la naturaleza. En el rock lo que se guarda es la intensidad. No hay ninguna otra música que lo haga. La sensación de escuchar Beat on the brat (The Ramones) siempre es la misma y en doscientos años agarras un pibe y le pones la canción y va a sentir eso. Se va querer ir a las manos con alguien o con algo”, explica Tabárez.
“Entonces lo que se le puede pedir al rock es que guarde esa intensidad y que haga lindas canciones. En un mundo que es una mierda que haya canciones lindas es un montón. Estuve escuchando el último disco de Acorazado Potemkin y pones Santo Tomé o las canciones lindas que tiene ese disco y el mundo es mejor”, cierra.
El líder de Los Problems no escatima en las respuestas y profundiza aspectos centrales que tienen que ver con la idiosincrasia de esta música que en su momento desobedeció y contrarió ciertos mandatos. Se centra en la intensidad de seguir cantando con la fuerza de la verdad.
Es decir, hacer algo auténtico para que las cosas sean mejor por un rato. “Cuando agarras a un flaco y le contás las cosas que vive todos los días ordenadas de un modo que lo vuelve bello, ese tipo es menos engañable. Si la canción es realmente buena y honesta, guarda un sentimiento puro que es invencible. A mí me pasa con canciones que escuché millones de veces. El otro día veía un documental sobre Lennon que se llama Imagine: John Lennon (1988) y en un momento mostraban un show en vivo y tocaban Twist and shout. Pensaba: puta, te la pasaron tantas veces que hay cosas que te perdés, pero cuando la volvés a escuchar te das cuenta que es una bomba. Tiene una cantidad de violencia. No sé si hay muchas canciones más poderosas en ese sentido. Lennon gritando shake it, shake it, shake it, desgarrado. Eso es mostrar verdad. El pibe al que le vienen mintiendo va a ver verdad.”
La honestidad en Tabárez parece centrarse como punto de partida, para poder destrabar algunas cuestiones que se envuelven en la vorágine de una industria que inventa oyentes, modas y busca dosificar la rabia de un mal que va in crescendo. “El rock tiene que ser la música de los pulentas, aunque haya caretas haciéndola. Nuestro trabajo es identificarlos y darles la espalda. Nada más. Nosotros no tenemos que poner a nadie en el paredón. No se trata de eso. Pero sí le damos la espalda. Esto es no es verdad, muchachos. Vengan con la verdad y hablaremos. Nos damos vuelta y volvemos a escuchar Twist and shout todas las veces que sean necesarias, hasta que aparezca una canción que sea verdad”.
Cada palabra resuena en la coherencia de sus canciones. Y eso es lo que marcó a esta banda que comenzó para pocos y que ahora decide hacer un show solos para despedir el álbum que tantas satisfacciones dio. El Éxodo fue la punta de lanza para que el arco de oyentes comience a ensancharse. “Nosotros pertenecíamos a una escena, hasta El Éxodo, que convocaba a doscientos. Y con este disco lo que pasó es que se abrió a gente que no es de la escena y que no se parece a nosotros ni a nuestros amigos. Eso es muy valioso porque enriquece. Cuando toco solo para mis amigos casi que toco frente a un espejo y cuando toco para distintos las canciones están cumpliendo una misión diferente. Se vuelve horizontal la relación”, resume Tabárez. “Hace un tiempo que a los shows de Los Problems vienen pibes de veinte que van a ver bandas masivas o tipos más grandes que nosotros, profesores de literatura. Y todos conviven en ese espacio donde lo único que hay que hacer es abrir el corazón a las canciones y respetar a los demás”, concluye.
La obra que van a despedir en el local porteño Uniclub, alojado a metros del shopping Abasto, está acompañada de una discografía que incluye a Malditos banquetes (2007) y Vil (2011). Ambos son discos que también fuerzan la escucha entera de todas las canciones, aunque parezca una actividad del pasado. En su último trabajo sobrevuela un entendimiento de que los tiempos se acortaron y que la impaciencia aprieta, pero Tabárez no entregó las armas tan fácil. Y por lo pronto se puede hablar de una victoria. “En El Éxodo fui muy consciente y traté de hacer un disco que se escuchara de un tirón. Es un disco de 38 minutos. Pero lo loco es que cuando me cruzo con alguien y me dice: che, me encanta tu música o El Éxodo y pregunto qué tema le gusta, por lo general me contestan que no saben porque lo escuchan todo. Para lograr eso hicimos canciones que conectan y que componen una unidad. Eso lo que permite es escuchar el disco como una obra, pero a la vez también intentamos que cada canción garpe por sí misma”.
La responsabilidad de los músicos a la hora de pensar un trabajo de estudio y de seguir fomentando la escucha de discos no es algo que pase desapercibido para Tabárez “Creo en el conjunto de canciones que giran en torno a una cosa. Hay una forma de entender el mundo en eso de tratar de hacer discos enteros y escucharlos de esa manera. El CD respecto a eso colaboró muy poco, porque permitió poner 19 canciones pero enseguida también pusieron un botón para saltear canciones. Nosotros El Éxodo lo fabricamos como vinilo por una decisión estética y me refiero a la ética del arte. Es un camino que tiene una pausa, lo das vuelta y lo pones otra vez y así lo terminas de atravesar. No juntamos canciones así porque sí. Dejé canciones afuera porque no entraban en el relato”.
ETÉ & LOS PROBLEMS - Jordan - El Éxodo (2014)