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FATE: ¿cuánto vale la vida de un obrero?

La industria del neumático tiene como característica esencial el trabajo manufacturero. La producción resulta de una combinación de los movimientos automáticos de la máquina y del esfuerzo, destreza física y habilidad manual del operario. Esta condición produce una serie de enfermedades laborales que van desde la lumbalgia y la tendinitis hasta hernias de todo tipo.

Victor Ottoboni

Victor Ottoboni Trabajador de Fate | Lista Granate del Neumático

Sábado 20 de septiembre de 2014

Es una industria muy peligrosa. La maquinaria utilizada puede provocar los más graves accidentes, fatales incluso, si no existe una política de seguridad e higiene seria. En Fate han existido varias muertes por accidentes laborales. El último fue a fines del 2005, cuando un compañero tercerizado de mantenimiento murió electrocutado por una máquina de soldar en uno de los túneles de la planta. La máquina fue escondida, ya que no estaba en condiciones de ser usada porque daba descargas.

A principios de este año también un compañero fue levantado del suelo con convulsiones. Tenía un fuerte golpe en la cabeza. Trabajaba en zona de alta temperatura (donde se cocina la cubierta cruda) y era pleno verano. Fue internado en coma y a las pocas semanas murió.

El accidente de Saúl, donde perdió su mano y parte de su brazo izquierdo, fue el más grave de los últimos años. Y generó una fuerte conmoción dentro de planta entre todos los trabajadores. Despertó conciencia de la peligrosidad del trabajo que realizamos y también de la necesidad de buscar una vía para que esta clase de “accidentes” no pase nunca más.

En Fate hay accidentes todas las semanas. Golpes, atrapes menores, cortes, desgarros, etc. Por la vieja maquinaria y las condiciones de trabajo, el sector de tractor es sin dudas uno de los más críticos. Dicho por médicos legistas, en Fate un trabajador de este sector tiene una “vida útil” de cuatro o cinco años. El caso de Sebastián del Marco fue claro ejemplo de lo que les pasa a muchos trabajadores de ese sector. Se lastiman o se “rompen” haciendo la producción que les exige la patronal y luego los quieren “descartar” para reemplazarlos por nuevos trabajadores. En muchos casos negándoles tareas, permanecen fuera de planta hasta que dejan de percibir el salario y quedan solo en “reserva de puesto”. Solo con una lucha como la emprendida por Sebastián, y con el apoyo de los compañeros, fue posible que pueda volver a su puesto.

Otro sector donde impera la insalubridad es el banbury, donde se trabaja con una serie de elementos químicos y el negro de humo, lo que genera un ambiente completamente contaminado que provoca problemas respiratorios.

Sabemos que la patronal no cuida ni va a cuidar nuestra salud ni nuestras vidas. Justo en estos días la patronal de Fate está cambiando la empresa de seguro de vida que tenemos los trabajadores. En el caso de morir en un accidente, la aseguradora les paga a nuestras familias entre veinticinco y treinta mil pesos.

La política de seguridad e higiene de la patronal solo busca cumplir con las normas internacionales mínimas que le reclaman las auditorías externas. Internamente, la prioridad siempre está en la producción, y esta rige todos los tiempos. La vida del obrero está puesta al servicio de aumentar la productividad y de acrecentar las ganancias de la patronal.

Solo si tomamos nuestra seguridad en nuestras propias manos podemos empezar a hablar seriamente de una política de seguridad e higiene efectiva. Para esto tenemos que seguir el ejemplo de los trabajadores de Donnelley, que con la lucha lograron el reconocimiento ante el Ministerio de Trabajo de una comisión obrera independiente de seguridad e higiene.

En Fate necesitamos que en cada sector de la planta y en los distintos turnos haya un compañero capacitado y dispuesto a pelear para cuidar nuestras condiciones de trabajo. Para terminar con tantos accidentes y con las enfermedades laborales, para cuidar de nuestra salud y de nuestras vidas.