En un nuevo reporte sobre las perspectivas económicas para China, el FMI advierte que crecerá un 6,7 %, un ritmo mayor al esperado en 2017 pero prende una alarma por el alto endeudamiento.

Guadalupe Bravo Economista | @GuadaaBravo
Martes 15 de agosto de 2017
Fotografía:Reuter
El organismo internacional liderado por Christine Lagarde publicó ayer un reporte sobre las perspectivas económicas de China.
En el mismo se destaca un reajuste al alza de las proyecciones de crecimiento para 2017, pasando del 6,2 % del PBI al 6,7 %. Mientras para 2018 y 2019 el organismo prevé que la segunda economía del mundo crezca un 6,4 % del PBI y en 2020 el mismo sea del 6,3 %. Continuando un descenso de crecimiento estimado hasta 2022, cuando la proyección de crecimiento seria de un 5,8 % del PBI.
Pero para el FMI este reajuste del crecimiento en 2017 tiene relación con el alto endeudamiento de China que supone un alza en los riesgos. advirtiendo en el informe “que la deuda total del sector no financiero —que comprende deuda pública y de hogares y empresas— continuará creciendo con fuerza, y para 2022 equivaldrá a casi 300% del PIB, frente a 242% en 2016”. Y como conclusión señala la hipótesis de “una posible caída drástica del crecimiento a mediano plazo.”
El diario Financial Times da cuenta del informe y sostiene que el crecimiento de China a ritmos más rápidos de lo esperado en los próximos tres años se debe a “ la reticencia del gobierno a frenar los peligrosos niveles de deuda”.
Y remarca que “los mayores niveles de deuda reducirían el espacio fiscal de Pekín para reaccionar ante cualquier crisis potencial en el mercado interbancario o una pérdida de confianza en productos de gestión de la riqueza (WMPs por sus siglas en inglés), ventas que han desatado la rápida expansión del sector bancario paralelo o shadow banking de China.”
Estas contradicciones se dan en el marco de una transición del modelo económico de China, donde busca ampliar su mercado interno, alcanzar un crecimiento sostenible y viene avanzando en un plan de reformas, incluyendo la entrada de capitales.
En 2016 el plan de reestructuración de las industrias clásicas, principalmente las acerías y el carbón, amenazaba con dejar a millones de trabajadores chinos sin trabajo. Esta situación fue acompañada desde el año pasado por una tendencia a la baja en los niveles históricos de inversión.
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Otro punto que “recomienda” el FMI para mejorar la performance de la economía china, tiene que ver con el consumo. El FMI sostuvo en su informe que “China tiene que estimular el consumo. El ahorro interno de China equivale a 46% del PIB, y es 26 puntos porcentuales mayor que la media mundial. La razón principal es el fuerte ahorro de los hogares, y su correspondiente consumo bajo.”
Para el organismo esto “reduce el bienestar actual de los ciudadanos chinos, propicia niveles elevados de inversión que probablemente no serán absorbidos de manera eficiente, y, de disminuir la inversión, daría lugar a superávits en cuenta corriente aún mayores, lo cual empeoraría los desequilibrios mundiales.”
Aumentar la productividad, la misma receta que vale siempre
Como en todo reporte o auditoria del organismo ícono del neoliberalismo, el FMI “recomienda” aumentar la productividad del trabajo en China. Allí donde los salarios han sido durante años fuente de ganancia por sus niveles bajísimo y una abundante oferta de mano de obra, es necesario según la mira del organismo, aumentar el rendimiento del trabajo chino.
Si China pretende aumentar el mercado interno no puede continuar bajando los salarios, pero este año se han dado claro ejemplos como la reforma laboral salvaje implementada en Brasil, que van en sintonía con los consejos del fondo.
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Por esto, seguir los consejos del FMI en la contradictoria transición de China, supone hacer recaer los costos del proceso sobre los miles de millones de obreros chinos, que en muchas oportunidades han sabido resistir los despidos.
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Guadalupe Bravo
Nacida en Trenque Lauquen, Provincia de Buenos Aires en 1985. Es economista, recibida en la UBA. Miembro del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2004. Coedita la sección de Economía de La Izquierda Diario.