Felipe VI ha iniciado la tradicional ronda de encuentros con las formaciones con representación parlamentaria tras el 20D. Todo este protocolo institucional se produce en medio de una crisis de gobernabilidad aún sin solucionar y con los partidos aún moviendo fichas en el tablero de pactos.
Ivan Vela @Ivan_Borvba
Martes 19 de enero de 2016
Los resultados arrojados por las urnas el pasado 20D hacen que cualquier movimiento en el hemiciclo legislativo sea motivo de debate público y político. Desde la aritmética de pactos, pasando por la conformación de la Mesa del Congreso, líneas rojas, etcétera. Incluso la conformación de los grupos en la cámara alta, un aspecto irrelevante durante años para tertulianos y analistas, ocupó este pasado fin de semana la portada de todos los diarios por los movimientos de Pedro Sánchez.
Se inició la ronda de encuentros entre el Rey Felipe VI y las formaciones con presencia parlamentaria. Esta ronda de encuentros se enmarca en medio de una crisis de gobernabilidad, una situación tan obvia que incluso Felipe VI ha insinuado que la situación actual tiene difícil solución.
Ciudadanos le tiende la mano a Pedro Sánchez
La inestabilidad política pone nervioso al establishment político y económico, algo que hoy se ha encargado de recordar el propio Margallo. Ciudadanos, como partido afín a los intereses de estos “grupos de presión”, ha recogido el guante. Ayer lunes reclamaron que los dos partidos pilares el Régimen del 78 se pusieran de acuerdo (en su abstención o apoyo al otro) para facilitar la investidura de sus “rivales” políticos. Pero más allá de este mensaje comprensible del líder de la formación de centro derecha, de sus palabras se destilan intenciones que son una novedad.
En su comparecencia ante los medios ha asegurado que su partido se “abstendría” si se conforma un “gobierno reformista que deje de lado el referéndum para Cataluña”. En medio de una situación donde cada palabra se mide con precisión, Albert Rivera le tiende así la mano directamente a Pedro Sánchez.
Este nuevo gesto del líder de Ciudadanos busca por un lado facilitar un entendimiento con el PSOE que desatasque la situación de “ingobernabilidad” que tanto preocupa a las altas esferas económicas y a sabiendas que un gobierno de gran coalición se desvanece sin remedio. Y en segundo lugar, es la carta que Rivera pone sobre la mesa para evitar unos nuevos comicios, una situación que genera pánico en la formación naranja por una posible concentración del voto de centro derecha en el PP.
Desencuentro entre Podemos y PSOE
A falta de menos de 12 horas para que se finalice el plazo en el cuál se pueden inscribir los grupos parlamentarios en el Congreso (hoy martes a las 20:00), se está escribiendo un nuevo capítulo del puzzle parlamentario.
En la cuenta regresiva quienes llevan especial prisa son la formación de Pablo Iglesias y las confluencias con las cuáles se presentaron en Galicia (En Marea), en Cataluña (En Comú Podem) y en la Comunidad Valenciana (Compromís – Podem), las cuales piden formar cuatro grupos parlamentarios.
El Reglamento del Congreso de los Diputados impide que una misma formación política cuente con más de un grupo parlamentario y solo fuerzas que se hayan enfrentado en la contienda electoral pueden posteriormente negociar y articularse en un grupo parlamentario. La Mesa del Congreso, con mayoría de PP, Ciudadanos y PSOE, se opone a innovar en esta cuestión.
Para intentar destrabar el entuerto, Mónica Oltra, segunda en el gobierno valenciano del socialista Ximo Puig, ha propuesto a Pedro Sánchez que, de igual modo que PSOE cedió senadores en la cámara alta para que Llibertat i Democracia y ERC tuvieran grupo parlamentario propio, en este caso también podrían ceder un diputado a las confluencias.
Pero la respuesta desde las filas socialista ha sido unánime y sin dilación: un “no” rotundo. El portavoz del grupo socialista, Antonio Hernando ha explicado en una entrevista en la cadena COPE que, si bien esta fórmula planteada por Podemos no es aceptable por “ir en contra del Reglamento de la Cámara”, se pueden buscar “mecanismos de entendimiento” dirigidos a otorgar más peso y presencia a las confluencias dentro del grupo Mixto.
La respuesta del PSOE supone, en primer lugar, un freno a la tentativa de Podemos de obtener los cuatro grupos parlamentarios y la consiguiente crisis interna que los próximos días Iglesias, Errejón y los suyos tendrán que discutir con sus socios gallegos, catalanes y valencianos. Pero a su vez, pone un nuevo freno (¿definitivo?) a las negociaciones para un futuro acuerdo de ambas formaciones en aras de un “gobierno de izquierda”.
La “independencia” parlamentaria era una condición previa de las confluencias con Podemos. Para seguir otorgando una ligera libertad de movimiento a las confluencias, Iglesias ha puesto sobre la mesa a sus socios la fórmula de un grupo “federal”, un único grupo parlamentario pero en el cual se repartirán tiempos, propuestas e intervenciones con el fin de dotar de “vida propia” a las diferentes confluencias. Los próximos días dictaminarán como afecta esto a la formación reformista.
Queda por ver qué valor ofrecen a esta “búsqueda” de asientos para el inicio de un proceso de negociación de investidura a Pedro Sánchez. La “nueva política” de la cúpula de Podemos parece tener destellos de la “vieja”, en la cual aspectos ajenos a la política, pero vitales en términos económicos y estabilidad de la formación, pueden marcar la hoja de ruta en las negociaciones. Cabe preguntarse si eso fuera así, dónde quedaría la cuestión catalana y que rol jugaría en todo este proceso de negociación la confluencia de En Comú Podem, si la demanda del referéndum deja de ser una “línea roja”.
IU pacta con ERC y Bildu para formar grupo propio
Por su parte, ayer lunes Izquierda Unida formalizó su grupo parlamentario uniéndose a ERC y a Bildu. De este modo se aseguran una subvención electoral a la cual dentro el grupo Mixto no tienen derecho.
Se trata de una alianza táctica —y, al menos en el caso de IU, solo temporal— que busca permitir que IU y Bildu, que por separado no cumplían los requisitos para formar grupo, puedan recibir la subvención del mailing y la propaganda electoral. Los dos diputados de IU irán después al Grupo Mixto.
Esto sucede en medio de cierta sorpresa, sobre todo después de que la diputada de Podemos, Carolina Bescansa ofreciera a la formación de Garzón diputados para que pudieran tener “voz” en el Congreso. Ante esta propuesta, con unas bases objetivamente más políticas que las subvenciones públicas futuras, Alberto Garzón contestó que no lo podía aceptar ya que era una “fórmula ilegal”, una actitud legalista incompresible del candidato de UP.
Estos movimientos de las diferentes formaciones se enmarcan dentro de la crisis política que se acentúa a medida que se agota el tiempo para encontrar un pacto posible que permita la investidura del nuevo presidente. Cada formación busca lógicamente su supervivencia en la arena del parlamentarismo burgués, lo que provoca que todas las negociaciones y pactos se hagan en un marco en que todo se subordina a las “negociaciones de Palacio” (y esta semana, literalmente). Mientras tanto, los grandes problemas sociales y las demandas democráticas de las mayorías obreras y populares continúan pendientes de resolución.
Si bien son los primeros pasos de esta nueva legislatura, las opciones reformistas que durante meses aglutinan la esperanza de millones de trabajadores para que sean ejecutoras de los cambios necesarios en el Estado Español, no parecen haber empezado con buen pie en la vorágine que supone la vida parlamentaria. Desde establecer “sillones” como monedas de negociación hasta pactar “tácticamente” para beneficiarse de partidas económicas.
Un planteamiento asentado en una estrategia reformista, que deposita sus esperanzas en la reforma política y económica de un estado capitalista como el español, no define estos “juegos de palacio” como algo negativo. Pero para aquellos que buscan que se lleven adelante las grandes reformas democráticas como el derecho a decidir, la cuestión de la Monarquía, o la eliminación del Senado, no sirve la “vieja” política arropada en un “nuevo” discurso.
Ante el “juego de salón” de las Cortes, es necesario que la clase trabajadora, las mujeres y la juventud impulsemos un movimiento en las calles que cuestione los límites que el parlamentarismo burgués impone, para con la fuerza de la movilización abrir un proceso constituyente en todo el Estado que sí pueda llevar hasta el final las grandes demandas democráticas.