A la par de las medidas de confinamiento, la violencia hacia las mujeres y de forma más puntual los feminicidios, han aumentado, teniendo cifras históricas en los últimos meses.

Joss Espinosa @Joss_font
Miércoles 17 de junio de 2020
Previo a la pandemia, las mujeres a nivel nacional denunciamos el aumento del feminicido. Casos como el de Fátima, Ingrid Escamilla, Isabel Cabanillas, hicieron salir a miles de mujeres en distintas partes del país.
Toda esta rabia acumulada, se expresó de forma masiva el 8M, en el que medio millón de mujeres salimos a inundar las calles de la CDMX, con replicas muy significativas a nivel nacional. La toma del espacio público de las mujeres, contrastó con el paro realizado al día siguiente, en el que se evidenció la importancia que tienen nuestras vidas para la producción, y que cada vez formamos más parte de la clase trabajadora.
A todo este ímpetu, pareciera que la pandemia le puso un freno, dos semanas después de estas importantes jornadas, se decretaron las medidas sanitarias ante la pandemia. Posterior a que habíamos puesto en la agenda nacional, la denuncia de la situación de violencia, los medios se volcaron a una cobertura completa del avance de la pandemia.
El confinamiento y la pandemia trajeron nuevos fenómenos para las mujeres. Miles de despidos y recortes para las y los trabajadores en su conjunto, pero nosotras el ocupar los trabajos más precarios fuimos las primeras en ser echadas a la calle. Y las que no, se enfrentaron a estar en la primera línea, como es el sector salud, pero sin insumos suficientes para enfrentar la pandemia.
Sumado a la profunda precarización que atraviesa nuestras vidas, la violencia ha aumentado a cifras escandalosas. Son muchas las declaraciones de organizaciones de mujeres, en las que se visibiliza que las llamadas de auxilio al 911 y el feminicidio han incrementado a la par del confinamiento.
Te puede interesar: Feminismo y coronavirus: ¿qué hacer ahora?
Te puede interesar: Feminismo y coronavirus: ¿qué hacer ahora?
¿Llamadas falsas u oídos sordos?
Las llamadas de emergencia por violencia hacia las mujeres aumentaron un 20 % en el primer trimestre del año, y la Red Nacional de Refugios, habla de un aumento del 80 % en las peticiones de auxilio. Sobre este tema, AMLO primero se pronunció negando el aumento de las mismas y declarando que la mayoría de las llamadas son falsas.
Cuando las llamadas y la violencia eran inocultables, el gobierno federal impulso una campaña de “cuenta hasta diez”, aparentando que la violencia que se vive en los hogares son simples conflictos personales, y no que responde a una violencia estructural hacia las mujeres. Esta campaña, tuvo duras críticas, pues minimizaba y normalizaba la violencia.
Lo cierto, es que no a todas las llamadas de emergencia se les da seguimiento, lo cual no las hace falsas sino que las deja inconclusas. Por otro lado, las llamadas de emergencia también llegan a hacerla vecinos y cuando llegan las autoridades al lugar, se niega la situación de violencia, ya sea porque se entrevista a quien la ejerce o porque la victima está amenazada por quien la agrede, o simplemente no tiene recursos para salir de su casa.
La precarización, la violencia y los oídos sordos de las autoridades, generan un caldo de cultivo en el que el resultado letal es el feminicidio. Esto sumado a la crisis de los refugios transitorios, el sobre cupo de los mismos y la falta de recursos para su sostenimiento.
Lo que se oculta tras los análisis por arriba de la situación de violencia al interior de los hogares, es que muchas de las mujeres que viven situaciones de este tipo no cuentan con recursos para escapar de esas pesadillas. Son mujeres, muy precarias que dependen económicamente de quien las violenta, no cuentan con ningún tipo de apoyo y la situación se agrava cuando hay hijas e hijos de por medio.
El falso discurso del “empoderamiento” femenino, no encuentra bases materiales en mujeres que por más que quieran escapar de situaciones de violencia, no pueden hacerlo por falta de recursos.
El aumento del feminicidio en medio de la pandemia
Después de que el 2019 se concluyera con 3834 feminicidios, las cifras aumentaron un 25 % en lo que va del año.
En pleno confinamiento, se han denunciado feminicidios como el de Diana en Nayarit o Susana en Chihuahua, que fueron asesinadas en sus propias casas. Y sabemos que estos casos son solo la expresión de un fenómeno que se extiende cada día de forma más brutal.
Las cifras en torno al feminicidio son inciertas, pues muchos de los casos no son investigados de esa forma, sino como homicidios dolosos. Hasta abril se contabilizaban 964 asesinatos de mujeres, de los cuales 720 fueron catalogados como homicidios dolosos y 244 como feminicidio. Otros registros apuntan que cada día son asesinadas entre 10 y 11 mujeres, lo cual aumentaría la cifra antes mencionada. Además, se estima que el 95 % de estos casos quedan en total impunidad.
Este es el resultado de una política criminal contra las mujeres, por un lado la precarización, pues la mayoría de las asesinadas son trabajadoras, esto lo vimos de forma clara en Cd. Juárez, pues eran las mujeres de las maquilas, que regresaban muy tarde o salían de madrugada de sus casas para ir al trabajo, las que aparecían asesinadas. También como forma de aleccionar a un sector que comenzaba a adquirís independencia económica, por la entrada masiva al campo laboral.
A esto se sumó la militarización, que desde que inició con Felipe Calderón, evidenció que la supuesta guerra contra el narcotráfico, era en realidad una guerra contra las mujeres la juventud y los trabajadores. Peor aún, quedó clara la relación que las Fuerzas Armadas tenían con las redes de trata y sectores del crimen organizado.
A esto se suma el ingrediente de la impunidad, que mandaba un mensaje claro: las vidas de las mujeres no importan. Pues han sido múltiples los casos, que pese a las investigaciones y las evidencias, quedan en total impunidad.
Te puede interesar: La “Nueva normalidad” significa exceso de trabajo y precarización para las mujeres
Te puede interesar: La “Nueva normalidad” significa exceso de trabajo y precarización para las mujeres
Hay que acabar con el problema de raíz…
Las compañeras que integramos la agrupación de mujeres y comunidad LGBT+ Pan y Rosas, sabemos que no se tratan de casos aislados. El feminicidio, en última instancia es un crimen de Estado, no solo por las omisiones en el sistema, sino porque es el Estado que es capitalista y patriarcal, quien sienta las bases estructurales para que la violencia en contra de nosotras se desate.
Hay sectores del feminismo, que ante la violencia, opinan que el estado tiene que tutelar por nuestra seguridad. Este discurso lo que genera es que a las mujeres se nos tache de victimas impotentes que necesitamos de un Estado que tutele y regule nuestras vidas, negando el potencial que encarnamos como mujeres y más aun como trabajadoras para transformar esta sociedad.
Confiando en que el Estado regulará la violencia, estos sectores del movimiento de mujeres, terminar por sostener que en plena oleada de violencia, hay que darle mayores herramientas represivas al Estado para "enfrentarla". Aumentar el presupuesto de las fuerzas represivas, el despliegue de policía, darle mayor capacidad al sistema judicial, entre otras medidas. Sin embargo, no hay nada que compruebe que la vía punitiva acabe de fondo con el problema de la violencia contra las mujeres. Por el contrario son mecanismos que después el mismo Estado ejerce para reprimir a quienes nos movilizamos por nuestros derechos y sobre la población pobre y trabajadora, perpetuando la violencia.
El Estado y las clases dominantes han logrado perfeccionar su aparato de represión y coerción, y se han montado en las demandas del movimiento de mujeres quitandoles su filo combativo al reducirlas a los marcos de la participación ciudadana y el acceso a programas de ayuda, para así lavarse la cara y exhonerarse de toda responsabilidad.
Y es que, si pensamos que milenariamente este sistema se ha basado en la opresión y la violencia contra nosotras, es impensable creer que va a ser el propio Estado el que nos de una solución. Esto debido a que no hablamos de un sistema de justicia imparcial, sino de juzgados, policías e instituciones hechas para proteger la propiedad privada y no nuestras vidas, por eso ante los ojos de esas instituciones, los feminicidios no importan.
Y aunque alzamos la voz contra cada uno de los casos de feminicidio, y acompañamos la exigencia de justicia para las víctimas, no creemos que esa justicia venga del Estado. Se ha demostrado que en los momentos en los que la “justicia” favorece a las familias de las víctimas de feminicidio, es precisamente por la presión y la lucha por arrancársela a los juzgados. La verdadera justicia para las víctimas de feminicidio y sus familias, se cumplirá cuando ninguna otra mujer pase por esas formas de violencia, y eso no vendrá del Estado.
Contrario a lo que nos prometen los gobiernos que nos piden esperar y hacen oídos sordos a nuestras demandas, sabemos que tenemos el potencial de luchar contra la violencia y por nuestros derechos. No podemos volver a la "normalidad" previa a la pandemia, pues eso solo significa, violencia y precarizacion contra nosotras.
El potencial que vimos previo a la pandemia, en México y en el mundo, debe fortalecerse y expandirse, se hace vital, conformar un movimiento de mujeres, independiente a los partidos en el congreso y al gobierno, que cada día votan leyes en contra de nosotras, y niegan la violencia que vivimos.
Solo con la movilización independiente y en las calles, podremos arrancar un plan integral contra la violencia con medidas mínimas para la preservación de la vida de las mujeres, como refugios transitorios, planes de vivienda y créditos baratos para mujeres victimas de violencia, condiciones laborales dignas, acompañamiento psicológico. Todas medidas que no serian imposibles si las enormes fortunas que se generar con la mano de obra de millones de mujeres, se pusieran en función de garantizar estos planes.
Los de arriba le temen a la alianza entre los sectores más oprimidos y explotados. Imaginemos los potente que seria que el movimiento de mujeres, sume sus fuerzas a las de los millones de asalariados y asalariadas, que hoy enfrentan las peores condiciones en medio de la pandemia y que comienzan a levantarse en pequeñas luchas, en la frontera, el sector salud y otros gremios. Por ello, creemos que el movimiento de mujeres, debe sumarse a las demandas de las y los trabajadores; y por otro lado, las demandas contra la violencia y la opresión hacia las mujeres, tendrían que ser abrazadas por la clase trabajadora.
Desde Pan y Rosas, creemos que es vital que el movimiento de mujeres, salga de la encrucijada de creer que la única salida en confiar en que este Estado, puede ir tomando acciones parciales contra la violencia. Y que dicho sea de paso, se remiten a aumentar la militarización, o campañas como “cuenta hasta diez”.
Por ello, creemos que el movimiento debe reconocer cual es la verdadera raíz de la violencia y avanzar en una perspectiva anticapitalista, que ponga en evidencia que acabar con la opresión hacia nosotras es impensable en los marcos de este sistema.
Un mundo sin violencia, sin feminicidios y sin opresión, es completamente posible, pero para eso debemos hacer volar por los aires el existente, que se basa en la explotación, la miseria y las penurias para las grandes mayorías. Y para hacer real el “ni una menos”, hay que transformarlo todo, para construir una sociedad en la que realmente seamos libres.
Te puede interesar: Mujeres de pie enfrentando la pandemia y la crisis
Te puede interesar: Mujeres de pie enfrentando la pandemia y la crisis