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Red Internacional
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Debate. ¿Feminismo de resistencia o combate?

En el marco de un escenario que vuelve a poner las movilizaciones al centro del movimiento de mujeres, se reactualiza el debate sobre qué estrategia feminista para qué lucha.

Martes 13 de junio de 2017

A lo largo de la historia las mujeres han dado diversas luchas contra la opresión, procesos que se han desarrollado desde distintas estrategias y métodos para llevar a cabo estas luchas. Durante los últimos años, hemos sido testigos de la fuerza que ha tomado el movimiento de mujeres, el cual comenzó progresivamente a retomar las calles en un escenario político donde la derecha volvía a posicionarse con fuertes ataques hacia la lucha de las mujeres y la diversidad sexual. Con Trump a la cabeza de una batalla contra las conquistas históricas del movimiento de mujeres, así también en la Unión Europea con fuertes ataques hacia los derechos de la diversidad sexual y en Latinoamérica con campañas contra el aborto entre muchos otros ataques. Ante lo cual se generó un despertar de miles de mujeres y sectores que buscaban poner al centro la lucha contra los femicidios, la máxima expresión de la violencia de género. Es así que mediante el movimiento internacional de ni una menos las mujeres vuelven a las calles, en un 8 de marzo internacionalista que recorre más de 50 países.

Este volver a las calles dejó al descubierto la relevancia de la movilización como un método histórico para imponer una agenda de demandas. Frente a lo cual queda en evidencia la incompetencia del feminismo liberal para conducir las problemáticas centrales que afectan a las mujeres históricamente. Dado que este tipo de feminismo ha llevado la lucha hacia el terreno de confianza en el Estado burgués, delegando la “garantía” de los derechos “adquiridos” en este aparato, mientras debilita la lucha, al confiar en esta vía como una opción viable para la conquista de las demandas históricas. Aún cuando ha expresado su ineficacia.

En este sentido, la lucha contra la opresión social vista desde la perspectiva de la resistencia supone un acto de conservación contra la amenaza de destrucción, por tanto, implica una lucha defensiva de resistencia ante la opresión. Método que mujeres y diversos sectores oprimidos han utilizado por años, sin embargo ha habido momentos en la historia donde el movimiento de mujeres ha utilizado un método que no sólo resiste ante el ataque, sino que avanza en tomar acciones para la destrucción del sistema de opresión, mediante diversos ensayos. Es en este ejercicio, que las mujeres pasan de ser víctimas “resistentes” -objetos de compasión y empatía-, a ser sujetas de su lucha, activas en la construcción de su historia. Desarrollando diversas movilizaciones y levantamientos, como por ejemplo; la inclusión en la declaración de derechos humanos, combatiendo a la burguesía en la comuna de París, tras haber logrado la abolición de la desigualdad jurídica entre los sexos. Así también, generando importantes levantamientos contra el imperialismo en los 70’, entre muchas otras más.

Sin embargo, en este proceso de ascenso de masas internacional del cual formo parte la tercera ola del feminismo, fue derrotado. Debido a la ausencia de una estrategia revolucionaria frente a las tres décadas de ataques y ofensiva neoliberal. Propiciando un escenario para teorizaciones sobre el triunfo del neoliberalismo, que ponían el énfasis en un poder omnipotente que traspasaría el control del aparato del Estado, respecto al control de los medios de producción y su rol como garante de la explotación de las fuerzas productivas y la promoción de las diversas formas de opresión, trasladando el nudo crítico del problema a este poder circulante. Estas conceptualizaciones, despojan el horizonte estratégico de lucha y revolución contra el sistema de explotación y opresión, llevándolo a una resistencia frente al carácter omnipresente del poder del patriarcado. Presentado al enemigo, como una deidad que tiene a la humanidad completamente sujetada, limitando por tanto, la posibilidad de identificarlo, enfrentarlo, combatirlo y vencerlo, es decir, de la revolución. Por tanto, plantea la opción de resistirlo, sin la organización activa para su destrucción, organizándose en espacios “alternos” como forma de mantenerse al margen, sin destruirlo.

Considerando este problema, la pregunta recae en ¿cuál es la estrategia para superar la resistencia y transformar la lucha en el combate por la emancipación?

Frente a este debate, el socialismo plantea que en la sociedad subsisten problemas económicos, políticos, sociales y culturales que no se pueden resolver mecánicamente y que incluyen, entre otros, las relaciones entre hombres y mujeres. Por lo que, la abolición de la opresión que existe durante milenios en la humanidad, no resultará efectiva de manera mecánica en el socialismo. Puesto que, la estrategia socialista tiene consciente y se propone como horizonte el combate contra todas las opresiones del patriarcado, apuntando a la liberación de la mujer y poniendo al centro la emancipación de ésta. Sin embargo, esta lucha no puede lograrse en ningún caso en los marcos del sistema capitalista, que propicia y promueve día a día la opresión a la mujer. La lucha por la emancipación debe contemplar al eslabón que tiene la fuerza para destruirlo, y que se refiere a la clase trabajadora, la fuerza productiva que pone en marcha el andamiaje de este sistema. Y que por tanto, constituye el sujeto fundamental para transformar el sistema.

En esta lucha es relevante debatir sobre cuál es la estrategia para vencer, ¿resistencia o combate?

Qué implica la resistencia, ésta imposibilita el ataque ofensivo, es decir, el combate por arrebatar el poder que impone las cadenas de la opresión y explotación, llevándolo a acciones que pretenden estar al margen del sistema, pero que sin embargo se mantienen como parte de este, sin atacar. Por tanto, recae subordinado al espacio que entrega el mismo neoliberalismo para la subsistencia, decayendo en la ingenuidad del voluntarismo cotidiano idealista de transformar el poder sin atacar las raíces de este. Condenado al derrotismo, autocomplaciente de su marginalidad, viviendo sumido al gheto proporcionado por el mismo sistema que nos explota y oprime.

Y si ya tenemos claro que ningún régimen, ni ningún sistema caen, si no se lo hace caer. ¿Cómo pretendemos hacerlo caer, desde la vía de la resistencia o desde la revolución?