El Presidente se refirió al tema precios en un programa de TV. Entre la gente que se cree lo que lee y otro “llamado a la reflexión” que nadie cree. Entre "causas naturales", "guerras" y "diablos": el debate económico y el ideológico que oculta quienes forman los precios.
Ulises Valdez @CLAVe
Lunes 28 de marzo de 2022 09:38
Alberto Fernández intenta explicar ante los periodistas por qué habló de la "guerra a la inflación". “Es que es un problema muy grave” dice. Y entonces lanza una frase que despierta la polémica: la inflación autoconstruida. “Está en la cabeza de la gente. La gente lee que los precios de los alimentos suben y todos los precios, suben”, arranca. La periodista lo interrumpe y le recuerda la inflación de febrero. El Presidente asiente ante lo inevitable y recalcula: "una inflación autoconstruida que tiene mucho que ver el modo en que se concentra la producción de alimentos; hay que llamarlos a la reflexión para que ellos entiendan que el hecho de que tengan una especie de oligopolio no los autoriza a subir los precios".
Así el Gobierno muestra su desubicación ante un drama que afecta, sobre todos, a las grandes mayorías. Primero habló de una “guerra” que fue en realidad una serie de medidas sin efecto. Los datos de la realidad (y de las consultoras) mostraron que los precios en marzo siguieron subiendo. Ante el fracaso y los duros datos que se esperan en las estadísticas, el oficialismo ensaya nuevas “medidas” que terminarán en un nuevo fracaso pero también ensaya un relato que abre polémicas.
Tras las declaraciones el tema repercutió en los medios y redes. Decenas de memes ironizaron sobre la “inflación autoconstruida” en la cabeza de la gente. Una especie de “sensación de inflación” que no resiste el menor análisis, ante la pérdida de poder adquisitivo de millones y el aumento de la canasta básica que reconocen los mismos organismos oficiales. La inflación está, en realidad, en el bolsillo y la mesa “de la gente”.
Desde Casa Rosada enseguida intentaron aclarar: se trata, señalaron, de una teoría económica que marca cómo las expectativas de inflación futura influirían en compradores y vendedores. Pero el debate ya estaba abierto.
La entrevista generó repercusión también por otro ángulo. Fernández volvió a hablar, el verbo es importante, sobre los “oligopolios” que “concentran la producción de alimentos”. Marcó algo para cualquier evidente: su responsabilidad en los aumentos de precios. Tiró la palabra “diablos”, lo que le dio un poco de picante a los tituladores de algunos medios.
Clarín tituló entonces “Otra definición polémica. Alberto Fernández habló de “inflación autoconstruida” y de “diablos” que suben precios”. Infobae aseguró que con esas definiciones el Gobierno busca ocultar que la clave “radica en la política monetaria que implementó estos dos años”. Y asegura que “el acuerdo con el FMI le dio al Gobierno algo de oxígeno, sin embargo para lograr desacelerar la inflación, debe reducir el déficit fiscal y la emisión monetaria para financiarlo, ya que sin control monetario la inflación continuará siendo alta. Además deberá ajustar tarifas y naftas”.
No parece que el acuerdo con el FMI le esté dando mucho “oxígeno” al Gobierno, mucho menos si tenemos en cuenta que ya adelantó su primera revisión y metió presión sobre las tarifas. Pero además la política del Fondo no es “antiinflacionaria”.
La realidad es que, detrás del debate, el Gobierno y la oposición ocultan la verdad. Buscan instalar sentidos comunes. La inflación podría responder a tendencias "naturales", estar "en la cabeza de la gente" o ser producto de "diablos" que hacen maldades con los precios. Del otro lado, los dueños del país insisten que el único problema es "la maquinita" del Gobierno. Todos ocultan gran parte de la realidad para defender sus intereses.
La inflación en Argentina es un fenómeno complejo donde impactan, como analizamos acá, “cuestiones que van desde el tipo de cambio, la débil inversión y el atraso tecnológico, en algún grado la emisión monetaria, la dolarización de los servicios públicos, que en economías dependientes y atrasadas se profundizan por la apremiante restricción externa”. Como parte de ese marco actúan además los oligopolios. Por ejemplo, como analizamos también acá, en el comercio exterior de granos, que está dominado por un puñado de empresas, mayormente multinacionales, pero también algunas nacionales. La estructura oligopólica (es decir, dominada por unos pocos grandes jugadores) del comercio exterior se repite a nivel de la producción”. Eso se repite en el mercado de bebidas o en las grandes cadenas de supermercados.
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Y el Gobierno y la oposición ocultan la verdad porque ninguno quiere tocar los intereses del “diablo”, o como le quieran llamar a los “formadores de precios”. En su “cabeza”, y en esa concentración capitalista que marcamos, está la decisión de aumentar los precios para lucrar.
El Frente de Izquierda Unidad plantea el único análisis realista de por qué aumentan los precios. Pero además plantea medidas de emergencia en defensa de los bolsillos populares.
Entre esas medidas están un aumento salarial de emergencia para el conjunto de la clase trabajadora y los jubilados. Además planteamos el control de precios por medios de comités de trabajadores y consumidores. Pero, ya que algunos hablan en términos tan “picantes”, como hace unos días Antonio Caló, ahora el Presidente, o contestan los dueños del campo, la realidad es que no se puede resolver el problema de la inflación y los bolsillos populares sin medidas todavía más radicales. Si los empresarios no paran de remarcar y amenazan con desabastecer especulando con el hambre de las mayorías, no alcanzan los comités de control de precios: hay que avanzar con la expropiación y nacionalización de las grandes alimenticias. Lo mismo con la expropiación de los 4.000 principales terratenientes, los puertos en manos privadas y los complejos cerealeros, lo que impediría que jueguen con los precios de los alimentos, a la vez que permitiría reorientar la producción hacia el mercado local para evitar la presión de establecer precios internos según los precios internacionales.
Para eso son necesarias también otras medidas, como la nacionalización del comercio exterior y del sistema financiero, como explicamos acá.
Es la única forma de defender el bolsillo y la mesa “de la gente”.