Parece un meme pero no. Son militantes “provida”. El viernes unas pocas decenas se juntaron en Plaza Moreno a manifestarse en contra de la ley de Educación Sexual Integral.
Lunes 22 de octubre de 2018 02:16
Si te encontrás con un grupo de personas con sonrisas de película de terror, cantando canciones de misa, con fetos gigantes, carteles y pañuelos celestes, es que te encontraste con una manifestación de personas que no quieren que existan políticas sociales, educativas y de salud pública que otorguen derechos elementales a la población y que cuestionen los valores impuestos por creencias religiosas y culturas retrógradas.
Salidos de un meme hecho realidad. Son los “provida”. Si se escucha a un o una “provida” hablar, lo primero que se podría pensar es que se trata de alguien que burlándose. Pero no es así. Por más increíble que pueda parecer, hablan en serio.
El viernes 19 se juntaron frente a la Catedral de La Plata para manifestarse en contra del Programa Nacional de Educación Sexual Integral (ESI) que, según estas personas, no es más que una herramienta creada por una conjunción planetaria para “destruir familias” integrada por grandes magnates imperialistas y zurdos malvados y resentidos.
El dato es que pese a contar con el acompañamiento de la propia Iglesia y de varias “ONG” que militan a pleno su guerra santa, la convocatoria fue tan pobre que ni siquiera mereció una cobertura mínima de los medios conservadores de la región como el diario El Día.
Lejos de los ya habituales exorcismos en público, de los fetos gigantes de papel maché y de los bailes frente a bebitos de plástico, esta vez faltó entusiasmo y creatividad de parte de la militancia de pañuelo celeste. Solo se limitaron a firmar váyase a saber qué petitorio y a escuchar la arenga de referentes fascistoides y de un par de grupos de música tradicionalista.
Lo más destacado fueron las sofisticadas consignas expresadas en pancartas y estandartes: “maestros cuiden nuestra infancia”, “las que me quieren abortar ahora me quieren educar” y “reforma de la ESI = corrupción de menores”.
Vale recordar que estos grupos fundamentalistas se oponen a la ESI con argumentos como que la educación tiene que ser “sin ideología”. Eso sí, ellos mismos hacen jurar a niños y niñas de doce años que defenderán la patria con su vida si es necesario o los hacen marchar como militares agitando los pañuelos proaborto clandestino.
Se oponen a la ESI diciendo que es anticientífica (falso) pero educan a generaciones y generaciones bajo preceptos sobrenaturales tales como que la madre de Jesús era una mujer virgen que fue inseminada artificialmente por un espíritu o que cuando un cura abusa sexualmente de un niño es porque se dejó tentar por el diablo.
Si bien al escuchar a estas personas la risa es una de las primeras y más sanas manifestaciones, hay que tener en cuenta que varios referentes de esta “escuela” ocupan bancas en el Congreso y las legislaturas. Personas como estas, de hecho, se convierten en presidente de Estados Unidos o están al borde de serlo en Brasil. Aunque ese fanatismo parezca ridículo, hay que combatirlo.
La realidad es que somos millones quienes en Argentina están a favor de la ESI. Así queda demostrado en cada debate público, en cada programa de televisión y en cada aula. Así recibió un amplio apoyo el profesor de música despedido por tratar cuestiones de género y lenguaje inclusivo en su curso. Y así serán rodeadas de solidaridad y apoyo las docentes de la Escuela 8 de La Plata este lunes, luego de que la semana pasada una manada de dinosaurios irrumpiera en el establecimiento para intentar que no se dieran clases.
Las campañas reaccionarias y el envalentonamiento de sectores minoritarios son responsabilidad de los gobiernos y de las Iglesias, tanto católica como evangélica. Por eso es indispensable organizarse independientemente de ellos para defender la educación pública, gratuita, laica y científica y para conquistar la separación de la Iglesia y el Estado.
Ninguna moral religiosa debe tener injerencia en nuestros derechos y en la educación de nuestras hijas y nuestros hijos.