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Red Internacional
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POR UN SALARIO IGUAL A LA CANASTA FAMILIAR INDEXADO MENSUALMENTE. Forjar la unidad de los trabajadores en la lucha por el salario

La lucha por un salario digno puede ser un elemento motorizador que unifique las luchas que se desarrollan dispersamente en distintos lugares. En este sentido, la LTS llama a la más amplia unidad para luchar por un salario igual a la canasta básica indexado mensualmente.

Domingo 18 de agosto de 2019

Las constantes y aceleradas devaluaciones en Venezuela en clave catastrófica no tienen parangón en ningún país en la historia reciente. Ritmos que superan incluso al paralelo, al que antes el gobierno despotricaba. Los trabajadores y el pueblo pobre continúan viviendo la triste vida de los oprimidos, quienes, ahora más que nunca, están amenazados por el peligro de ser arrojados en abismo del pauperismo.

Lo trágico es lo cotidiano, en un país donde oficialmente el salario mínimo se reduce a 3 dólares al mes de acuerdo al cambio oficial del momento, y la perplejidad se ve en las mesas de las familias trabajadoras y pobres que ven sus vidas transformadas en la nada ante la falta del sustento.

El gobierno lo “normaliza” como si fuera ya parte del mundo cotidiano, pero la realidad es el desastre que hace trizas la vida de la clase obrera. En el momento que escribimos este artículo el paralelo se cotizaba entre 14.600 y 15.500 bolívares, mientras el tipo de cambio oficial en 13.921,47 bolívares. Si hace un mes el valor de la divisa en el mercado paralelo era de casi el doble de la oficial, ahora, en el momento que escribimos este artículo, esa distancia es de apenas 1,21%. Una devaluación oficial desenfrenada, donde el paralelo y el dólar oficial van cabeza a cabeza. Y es la política conscientemente antiobrera del gobierno de Maduro y de toda su casta gobernante en complacencia con los empresarios ligados al propio gobierno y a la oposición, donde el gobierno les libera el dólar a su antojo.

El gobierno deja correr una semidolarización de la economía que abre de manera abismal aún más la distancia entre ricos y pobres. En las clases altas, donde manejar el dólar en grandes cantidades es cotidiano, se abastecen, mientras los de abajo que no tienen acceso a esa divisa -salvo algunos sectores que reciben algunas pocas remeses para completar lo más elemental-, se desvanecen ante la dificultad de adquirir productos para alimentarse, adquirir un medicamento o los útiles y uniformes escolares de los/as hijos/as. Todo esto con un salario mínimo de hambre.

Frente a esta situación de urgencia para la clase obrera, los trabajadores y las trabajadoras tenemos que tener una política clara para hacerle frente. No podemos permitir que nos condenen a vivir de las migajas de una sociedad en descomposición, de la catástrofe y la corruptela. Nos quieren convencer que solo nos queda vivir de los bonos de miseria del gobierno y su caja de alimentos, o de una supuesta “ayuda humanitaria” de las principales potencias capitalistas: nos quieren con moral de menesterosos y no de una clase productora que pelea contra los capitalistas y los gobiernos por el fruto de su trabajo. Se trata de preservar a la clase trabajadora de la decadencia y de la ruina. Se trata de la vida y de la muerte de la única clase creadora y progresiva que puede hacerle frente a esta catástrofe imperante. Necesitamos la más amplia unidad de acción y luchar por nuestros intereses y necesidades más elementales y para defendernos para no terminar de caer en la inacción.

Tenemos que hacerle frente a esta ofensiva de las políticas del gobierno de Maduro y de los empresarios vinculados tanto al gobierno como a los partidos patronales de la oposición de derecha. Unos y otros solo nos proponen miserias, unos plagados de corrupción, y los otros, sin ser gobierno aún, ya muestran sus corruptelas con los escándalos de la malversación de dinero supuestamente para “ayuda humanitaria”. Unos y otros nos ofrecen salarios de hambre (algunos de la oposición hasta tienen el descaro de decir que no debe estar en el monto actual sino en 20 dólares por “cuestiones de humanidad”, ni de las palabras se cuidan). Unos han pagado deuda externa al capital especulativo internacional a más no poder, los otros, sin ser gobierno, ya la pagan con los recursos que los EE.UU. le ha confiscado al país, y se preparan para seguir haciéndolo, mientras el hambre cunde en las mesas populares. ¡Ninguno representa políticas en función de las necesidades de los trabajadores y el pueblo pobre!

En diversos lugares los trabajadores y las trabajadoras salen a defenderse, no se resignan a estos salarios de hambre o de nada. La lucha por un salario digno puede ser un elemento motorizador que unifique las luchas que se desarrollan dispersamente en distintos lugares, sean en las empresas del estado como los petroleros y lugares de la administración pública, o en empresas del sector privado como hemos visto en la Coca Cola y otros lugares.

¡Por un salario igual a la canasta básica familiar indexado mensualmente!

Por eso, la lucha por un salario igual a la canasta básica familiar indexado mensualmente al ritmo de la inflación (escala móvil de salario), o que cumplan lo que indica el artículo 91 de la Constitución que ellos mismos escribieron (“Todo trabajador o trabajadora tiene derecho a un salario suficiente que le permita vivir con dignidad y cubrir para sí y su familia las necesidades básicas materiales, sociales e intelectuales”) es una gran demandan articuladora y de unidad. En toda discusión de contratos colectivos, actas convenio, pliegos de peticiones, etc. debe asentarse una cláusula o punto que establezca el aumento automático de los salarios correlativamente con el aumento del precio de los artículos de consumo.

¡Cumplimiento de los contratos y convenciones colectivas!

También los trabajadores y organizaciones sindicales vienen dando pelea contra el infame Memorando 2792 y los instructivos antiobreros que emanan del Ministerio del Trabajo, del de Planificación y de la Vicepresidencia de la República. Todo un contenido de dictámenes donde acaban de un plumazo conquistas históricas de la clase trabajadora y que apuntan a destruir las organizaciones sindicales. Ellos quieren que los trabajadores no tengamos ningún tipo de herramienta de lucha, ni siquiera aquellas reconocidas como los sindicatos, salvo que les sean dóciles instrumentos.

Frente único obrero para luchar por los intereses de la clase trabajadora

También los trabajadores vienen buscando niveles de organización como lo expresa el movimiento articulador de las luchas obreras “Trabajadores en Lucha” en el que confluyen organizaciones sindicales, corrientes que se reivindican del clasismo junto a organizaciones de izquierda y activistas en sus distintos lugares de trabajo. Un espacio que también está abierto a articular frentes de lucha y protesta con otros movimientos sindicales, siempre sobre la base de la independencia de clase y de nuestras propias banderas. Se trata de potenciar y unificar las luchas y golpear con un solo puño.

Todo esto exige consignas y métodos de lucha claros, pues no podemos permitir que a los trabajadores nos terminen usando como furgón de cola para uno u otro proyecto político: mantener el desastre actual, con su miseria y su represión a favor de los acreedores de la deuda externa, los saqueadores de la renta, los empresarios y la casta corrupta, o la entrega a la mano de los EE.UU. para la privatización de todo lo que puedan, los tarifazos en los servicios y la imposición de restricciones al gasto público para pagar la nueva montaña de deuda externa que nos quieren imponer. Contra toda demagogia de la derecha, y la política actual del gobierno, lograr la defensa del salario y un salario digno igual a la canasta familiar indexado mensualmente queda única y exclusivamente en manos de los propios trabajadores, porque ambos sectores nos ofrecen salarios de hambre o de miseria, tanto con el gobierno actual como con alguna hipotética “transición”.

¡Basta de direcciones sindicales traidoras y subordinadas a intereses patronales y gubernamentales!

Las burocracias sindicales, específicamente las del PSUV y las alineadas al gobierno, han cumplido un papel verdaderamente deplorable y nefasto todos estos años, manteniendo a los trabajadores en la inacción o bloqueándoles las iniciativas de lucha, mientras avanzaba toda la ofensiva hiperinflacionaria y antiobrera del gobierno y empresarios. Peor aún, son sindicalistas que avalan totalmente las políticas represivas del gobierno contra los trabajadores que lucha. Es una burocracia traidora a los intereses de la clase obrera.

A su vez, los sindicatos cuyos dirigentes responden a la oposición, solo se han dedicado a impulsar acciones de lucha en el sector público, donde se enfrenta directamente al gobierno como patrón, lo que le conviene a la demagogia opositora, pero es poco y nada lo que han hecho para enfrentar a los empresarios del sector privado, que tanto como el gobierno han hecho desguace con el salario y los derechos laborales. Esta burocracia sindical no hace nada allí porque, dadas sus ideas políticas, considera que los capitalistas privados son la solución para el país y no cuestiona la explotación a que estos someten a los trabajadores. Por eso, es falso que sean verdaderamente “antipatronales”. Pero incluso en el último período también abandonaron las luchas del sector público para entregarse de lleno a ser furgón de cola de la política de Guaidó y Trump, que quiere imponer un gobierno títere del FMI, de Washington y de todo lo que los empresarios y terratenientes quieran hacer con los trabajadores y el pueblo.

Estos sectores ocupan la dirección de buena parte de las organizaciones sindicales más importantes del país. Por tanto, hay que tener una línea de exigencia y denuncia a estas direcciones para que rompan con su subordinación esas políticas patronales y respondan a las necesidades de los trabajadores. En el camino de desarrollar la lucha para desde las bases desplazar a estas direcciones, barrer con los burócratas traidores y conquistar nuevas direcciones clasistas y combativas para el movimiento obrero.

Por un plan obrero y popular de emergencia

Consideramos que mientras damos esta pelea unitaria, entre los trabajadores y trabajadoras tenemos que discutir todo un plan obrero y popular de emergencia para que esta catástrofe no la siga pagando el pueblo trabajador, sino los que la generaron. Un programa de emergencia obrero y popular, contrapuesto a las “soluciones” antiobreras, empresariales y de mayor subordinación nacional al capital extranjero que proponen tanto el gobierno como la oposición.

Por eso llamamos a los distintos agrupamientos políticos que se reivindican de la clase trabajadora, a los sindicatos de base, a las organizaciones y movimientos sindicales, a los distintos espacios de lucha que se generan a construir la más amplia unidad y a la pelea por nuestras demandas.