El otro día me apareció una noticia en El País que hablaba de una empresa en la que estuve trabajando y donde tuve una experiencia de mierda (hablando mal y pronto). Vende o a la calle: este podría ser el lema de La Casa de las Carcasas (y de otras muchas) y de cómo mágicamente su fundador se ha hecho millonario. Bueno, mágicamente no: es lo que tiene pagar 500€ a tus trabajadoras.

Verónica Landa Barcelona | @lierolaliero
Miércoles 31 de marzo de 2021
Estaba buscando trabajo en tiendas y un día me llamaron para hacer una entrevista en La Casa de las Carcasas. Las condiciones no eran del todo malas para lo que es el sector, trabajando 20 horas semanales y cobrando 530€ brutos. El resto de condiciones, común en muchas otras tiendas, eran los turnos rotativos de mañana y tarde (imposible conciliar nada con un trabajo así); trabajar sábados y domingos librando un día entre semana, y una vez al mes un domingo; tienda en pleno centro de Barcelona con un horario hasta las 22:30 en sábado y hasta las 20:30 en domingo. Quien haya trabajado en una tienda, y más si es de un lugar céntrico o centro comercial, sabe que el horario de cierre no es real y que no saldrás a la hora (con suerte, saldrás 30 minutos tarde). Además, se suma que teníamos prohibido ponernos a recoger o bajar persiana para que no entrara más gente hasta la hora del cierre.
Luego está el tema de las comisiones. Si alguna vez habéis ido a La Casa de las Carcasas a comprar una funda de móvil, seguramente os habrán insistido en comprar otra, en poneros un cristal o en venderos un pack paloselfie-cargador- el que toque en ese momento. Bien, no es que fuéramos pesadas e insistiéramos, es que nos obligaban. Primero, si querías cobrar un plus del 10% o del 15%, y después porque si no cumplías unos objetivos de venta, cada semana tu nombre aparecía en rojo y con una carita triste, tu encargada te daba un sermón y si continuabas así, te ponían en un plan de seguimiento y si no mejorabas, puerta. Además, el contrato se renovaba cada 3 meses y solo lo hacían las que llegaban a todos los objetivos.
Llegar cada lunes y tener que ver que no cumples los objetivos de venta, que tus compañeras tienen que llegar a hacer tejemanejes para poder cumplirlos y cobrar ese plus que realmente necesitan, que la encargada se dedique a seguirte por la tienda para ver si estás vendiendo más, que venga el encargado de zona y haga lo mismo...es un machaque constante, día a día, que se suma a las condiciones en las que trabajas.
Y ¿cuáles eran los objetivos? Pues vender más de dos cosas por ticket, con un importe mínimo, que en cada ticket hubiera un cristal de móvil, que se vendieran accesorios, que no te hicieran cambios o devoluciones. Si vendías una funda de 20€ daba igual, no estabas a salvo porque solo habías vendido un artículo, por poner un ejemplo.
El día que entré a trabajar mi encargada me dijo que se contrataban preferentemente chicas y jóvenes, que no llegaran a 30, por un tema de imagen de la empresa. Me dijeron que no querían mezclar chicos y chicas en una tienda para evitar “problemas” (de rollos, entendemos). Pero la verdad es que el trabajo en tiendas mayoritariamente lo ocupan mujeres, mujeres jóvenes y migrantes. Malos horarios, bajos salarios y contratos a tiempo parcial que se van renovando: la precariedad tiene rostro de mujer, ya lo sabemos.
Yo, por suerte, encontré otro trabajo al poco tiempo y me fui. Pero allí había chicas muy pilladas que no podían dejar ese trabajo aunque estuvieran hartas de las presiones de venta cada vez más difíciles de alcanzar, por no poder ver a sus hijos e hijas, por no querer trabajar todos los domingos, pero que se veían obligadas a quedarse porque tenían que seguir manteniendo a sus familias.
Me encanta leer como ponen al fundador de esta empresa -dicho sea de paso, fue presidente de las Nuevas Generaciones del PP- como joven emprendedor que logra sobreponerse y levantar casi un imperio de carcasas, pero no se dice nada de la contraparte: de trabajar hasta las diez y media de la noche, de tener que vender a toda costa, de cerrar un sábado a las once de la noche y de ver cómo se aprovechan de la necesidad de trabajar de las compañeras que tenía.