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Red Internacional
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EL VATICANO RECONOCE EL “ESTADO DE PALESTINA”. Francisco detrás de los pasos de Obama

Con motivo de la canonización de dos religiosas palestinas, el papa Francisco ratificó sus recientes declaraciones reconociendo oficialmente al “Estado de Palestina”, modificando así el carácter de la relaciones diplomáticas contraídas con la OLP, en tanto llamó a “mirar con esperanza el futuro” a pesar del encendido rechazo que generó en el gobierno israelí del premier derechista Benjamin Netanyahu.

Viernes 22 de mayo de 2015

Fotografía: Wikipedia

La calificación de Palestina como un Estado consumado fue el broche de atención que destacaron todos los medios. Sin embargo, ya durante la gira en junio del año pasado, Francisco se había referido a Mahmoud Abbas como el presidente del “Estado de Palestina”, un gesto fuerte en concordancia con la oración rezada en Belén frente a una consigna pintada en el Muro del Apartheid que denunciaba la ocupación sionista. De todos modos, esa formulación fue adoptada por la Asamblea de la ONU en noviembre de 2012 cuando admitió a Palestina como Estado observador, el status simbólico que también mantiene el Vaticano, aunque el mismo habilita la presentación de denuncias contra el Estado de Israel en el Tribunal Penal Internacional, dando cuenta así de su enorme desprestigio internacional.

Las autoridades del Vaticano señalaron que el concordato celebrado con Abbas “trata los aspectos esenciales y la actividad de la Iglesia Católica en Palestina”. De esta manera, mediante la fijación de derechos y garantías, Francisco se propone replicar estos acuerdos en todos los estados árabes de Medio Oriente para regular la actividad de la Iglesia, impulsar el dialogo interreligioso y poner una barrera al “terrorismo islámico”. Nada más profano que intereses políticos.

El espaldarazo de Francisco inyectó una bocanada de oxigeno a Abbas que encabeza la archicorrompida y colaboracionista Autoridad Nacional Palestina (ANP), financiada por EE.UU. y el Estado hebreo. Este “ángel de la paz”, tal como fue bendecido, acaba de ordenar cientos de órdenes de arresto sobre los activistas del Bloque Islámico, vinculado a Hamas, que recientemente ganó las elecciones del Consejo de Estudiantes de la Universidad de Bir Zeit, extendiendo esa racia a otras agrupaciones como Hizb al Tahir y la Yihad Islámica Palestina. Abbas esta seriamente cuestionado por su política represiva y su negativa a la convocatoria de elecciones, atemorizado por la popularidad y el desarrollo de Hamas en los territorios palestinos de Jerusalén oriental y Cisjordania. De hecho, el acuerdo firmado en abril de 2014 para establecer un gobierno de unidad entre el Fatah y Hamas jamás se hizo efectivo, agravado tras el operativo Margen Protector, cuando el Ejercito israelí asesino a más de 2300 palestinos gazatíes, mientras Abbas y la ANP dejaban a Hamas y a la resistencia nacional librados a su propia suerte.

Si bien la proa de Francisco apunta a restaurar la autoridad moral de la Iglesia Católica, simultáneamente se propone secundar la iniciativa política de Obama y la UE con la finalidad de descomprimir la tensión que pone en tela de juicio el orden regional, basado en el acuerdo de Sykes-Picot de 1915, cuando Gran Bretaña y Francia trazaron a punta de pistola las fronteras de los estados nacionales de Medio Oriente. En esa dirección, el Vaticano apoyó el pacto establecido entre EE.UU e Irán para limitar su proyecto nuclear a cambio del levantamiento de las sanciones financieras que ahogaban su economía en seria situación recesiva, una política enfrentada con Netanyahu y la petromonarquía de Arabia Saudita.

De igual modo, Francisco adscribe a la orientación de Obama para restablecer las negociaciones entre israelíes y palestinos sobre la base de la solución de dos estados, en función de los Acuerdos de Oslo de 1993. Estos acuerdos no sólo se oponen al derecho de retorno de siete millones de palestinos que residen en la diáspora sino que sirvieron de cobertura para extender cualitativamente la colonización judía sobre Jerusalén oriental y Cisjordania, ocupando el 80% de la superficie de la vieja Palestina histórica, amén del Muro del Apartheid de 700 kilómetros de extensión que estranguló a las ciudades y aldeas palestinas en un archipiélago de bantustanes cercados por tropas israelíes, infinidad de check points y más de 500 mil colonos armados. Estos factores sumados a la dispersión territorial entre Gaza y Cisjordania conforman un Estado palestino de caricatura propio de una utopía reaccionaria.

Mientras destacados cuadros del Mosad, los servicios de Seguridad y el Ejército hacen causa común con la opositora Unión Sionista en pos del rumbo de Obama y Francisco para no poner en riesgo la “alianza estratégica con EE.UU.”, Netanyahu hace pie sobre AIPAC (lobby de negocios judeo norteamericano) y el partido republicano y se opone rotundamente hasta a la demagogia y los mecanismos de engaño, más propicios a una situación inestable. En los recientes festejos del Día de Jerusalén, Netanyahu reafirmó que la misma “es la capital solo del pueblo judío”, en tanto dejo correr las provocaciones de miles de colonos y judíos ortodoxos contra los residentes palestinos.

En abril ordenó a la Armada abrir fuego contra los pescadores palestinos gazatíes, rompiendo unilateralmente el acuerdo firmado en Egipto tras la operación Margen Protector que autorizaba la faena hasta seis millas náuticas del mar Mediterráneo. La recién conformada coalición de gobierno, hegemonizada por el Likud y apoyada sobre los movimientos de colonos y los partidos de los judíos ortodoxos, confiere a Netanyahu una homogeneidad más derechista que el gobierno anterior, la que augura potencialmente nuevas y seguras crisis de un derrotero aún imprevisible.