Frente a los intentos de desvíos y a la represión, es necesario poner en movimiento la fuerza de la clase trabajadora, en alianza con los sectores populares y la juventud para la conquista integral de nuestras demandas.

Dauno Tótoro Santiago
Miércoles 4 de diciembre de 2019
Fotografía: Mario Dávila / Agencia Uno
El conjunto de los partidos políticos del régimen heredado de la dictadura militar, desde el gobierno hasta la ex Concertación, vienen ensayando una política de desvío a gran escala. Atemorizados por la fuerza que se demostró en las calles durante más de un mes, y aterrados por la posibilidad de la entrada en escena de la clase trabajadora (que mostró un primer ensayo en la huelga general del 12 de noviembre), se han visto en la necesidad de llegar a acuerdos comunes y entregar medidas parciales, migajas neoliberales.
Así han avanzado en su agenda respecto al “proceso constituyente”. Una “cocina parlamentaria” de grandes magnitudes, un proceso que garantiza la impunidad de los violadores a los DDHH, que se pactó a espaldas del pueblo y que será controlado por los partidos tradicionales, los empresarios y los poderosos para que no ponga en cuestión sus privilegios, y por lo tanto, para que no discuta las urgentes necesidades de las grandes mayorías.
Ya confirmaron su comisión mixta de expertos, al más puro estilo binominal: 7 expertos de oposición y 7 designados por el gobierno. Y el debate se mantiene entrampado en las características del órgano constituyente: la UDI, aferrada a toda herencia de la dictadura, se niega a que existan cupos indígenas y quieren que funcione con un sistema electoral favorable a los partidos tradicionales.
Es claro: Ningún proceso constituyente con Piñera en el poder será realmente favorable para el pueblo trabajador.
Al mismo tiempo “avanzan” las discusiones de la “agenda social”. Mientras el gobierno ofrece migajas en el terreno de las pensiones, respecto al salario mínimo la discusión se establece entre los 350 mil que ofrece el oficialismo y los 550 mil que propone la oposición desde la Comisión de Trabajo. Un detalle, se refieren a un “Ingreso mínimo”, es decir no es un pago asegurado por ley y pagado por las empresas, sino que será un subsidio del Estado a los trabajadores para mantener intactas las ganancias empresariales.
Otra discusión con letra chica: la reducción en un 50% del salario de los parlamentarios. Claro, será por un plazo definido hasta que una comisión de “expertos” (esos mismos designados por los partidos tradicionales, o parte de la misma casta de privilegiados) defina el salario real.
Titulares rimbombantes con letras chicas peligrosas para intentar calmar las aguas.
Y al mismo tiempo insisten en una política represiva: agenda de seguridad nacional, leyes para perseguir la protesta social y amenazas de militares en las calles (vía “defensa de los sectores estratégicos”) para amedrentar y aterrorizar a la población.
El Frente Amplio, el PC y la Mesa de Unidad Social se suben al tren del desvío
El sector mayoritario del Frente Amplio ya había firmado el Acuerdo por el proceso constituyente y se hicieron parte con toda su fuerza Revolución Democrática, el diputado Gabriel Boric, el Partido Liberal y el Partido Comunes.
Y si bien los sectores minoritarios, como Convergencia Social, junto al PC, se negaron a firmar, siguen sosteniendo la misma estrategia que le ha significado un verdadero salvavidas al régimen político. No firman, pero se dedicarán “tensionar para democratizar el proceso”. Depositan su confianza en las negociaciones con los partidos empresariales.
Esto mientras empujan a una Acusación Constitucional contra Andrés Chadwick, que debe pagar su responsabilidad en las violaciones a los Derechos Humanos, pero que en los hechos sirve como garantía de impunidad para el principal responsable: Sebastián Piñera. Es una moneda de cambio para que no caiga. Una aspirina para las masas y para las calles.
Por su parte, la Mesa de Unidad Social, con Bárbara Figueroa y Mario Aguilar a la cabeza, espacio dirigido por el Frente Amplio y el Partido Comunista, convocó la semana pasada a un paro nacional que no terminaron de organizar seriamente, y que si bien mostró la disposición de lucha de amplios sectores, también demostró la verdadera estrategia de los dirigentes: movilizar para presionar y para así negociar en mejores condiciones con el gobierno.
Esto quedó claro cuando decidieron sentarse a negociar con el Ministro del Interior Gonzalo Blumel. Aunque tuvieron que insistir en que “no estaban negociando”, en los hechos validaron a este gobierno criminal como interlocutor al entregarle el pliego de demandas de la Mesa.
Pero este camino de presión y de diálogo con un gobierno totalmente intransigente, sordo, y absolutamente debilitado, que marca mínimos históricos en la CADEM llegando a un 10% de aprobación, no llevará a ningún lado. ¿Qué puede ofrecernos este gobierno desaprobado, deslegitimado, intransigente y represor?
La juventud que no se deja engañar y la clase trabajadora que da los primeros indicios de resistencia
A pesar de todas estas trampas, engaños y desvíos, importantes sectores de la juventud, esos que han protagonizado las movilizaciones desde el día 1, siguen movilizados y en pie, a pesar de que nacionalmente las movilizaciones hayan disminuido.
Esos jóvenes siguen resistiendo y haciéndose parte de las convocatorias en las principales ciudades del país. Siguen sosteniendo tomas en liceos, y principalmente, Institutos Profesionales. Siguen asistiendo, luego del trabajo, a las marchas y movilizaciones y enfrentando la represión.
Son expresión de un hecho fundamental: toda la rabia acumulada por 30 años de neoliberalismo, de miserias, de pensiones de hambre y de trabajo precario no se va a terminar ni con represión ni con migajas.
Pero una estrategia de “lucha permanente” a secas será insuficiente para derrotar a este gobierno intransigente. Esto viene reflejándose en la baja de las convocatorias y en cierto desgaste de este método de “revuelta permanente en las calles”.
Menos derrotaremos con esa estrategia a un régimen político de conjunto que se prepara para desviar las movilizaciones, aunque dificultosamente lo logrará, producto de su propio descrédito, por el odio a los partidos tradicionales, la profunda desconfianza hacia instituciones como el Parlamento, los empresarios o las Fuerzas de orden y Armadas.
Hay otros indicios de nuevos fenómenos que pueden transformarse en puntos de apoyos fundamentales para el reverdecer de la movilización.
Aparecen ejemplos de "alzas de las expectativas", empujadas por las enormes posibilidades de transformación que mostraron las movilizaciones, porque el cansancio y hastío con el Chile neoliberal y autoritario también se viene demostrando al interior de los lugares de trabajo, cuestionando el trabajo precario o incluso la "dictadura patronal" que rige al interior de las empresas.
Chile despertó y esa energía también llega a sectores de trabajadores que poco a poco comienzan a no aceptar como "naturales" los despidos o las condiciones miserables de trabajo, como ha ocurrido en la USACH y el fin del subcontrato, o los principios de indicios de coordinación y organización en funcionarios del ex Pedagógico y el Campus Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile por el paso a planta.
Otro ejemplo de heroica organización y lucha ha sido el más de un mes de paralización de las y los trabajadores del sistema público de salud, en lucha por una salud de calidad y digna para todo el pueblo.
Al mismo tiempo, comienzan a notarse ejemplos de resistencia frente a los ataques de los empresarios, quienes descaradamente quieren descargar "los costos" sobre la economía de las movilizaciones sobre las familias trabajadoras, como hemos visto con el escandaloso aumento de un 85% en noviembre de despidos por el maldito artículo 161 "por necesidades de la empresa".
Resistencia a los ataques como despidos o descuentos de salarios, o jornadas extenuantes, como hemos visto en el Metro de Santiago, en los Mall de Punta Arenas o de La Florida o en los caso de medios de comunicación.
La clase trabajadora da los primeros indicios de iniciar un camino de resistencia, que de desarrollarse, puede darle nuevas perspectivas a la movilización.
Es que si bien es cierto que se presenta desgaste en las movilizaciones, esto no ha impedido que el espíritu y la energía desplegada a partir del 18 de octubre influencie a sectores de la clase obrera que no aceptarán que pasen ataques fácilmente y que han adquirido nuevas y legítimas reivinicaciones.
Esto tiene el enorme potencial de avanzar a que se ponga en movimiento el movimiento obrero, para enfrentar los ataques o conquistar sus demandas, cuando los empresarios quieren descargar los costos de esta crisis social sobre las familias trabajadoras. Es por eso que la política de “presión” para negociar de la Mesa de Unidad Social, que no ha tomado estos ejemplos de lucha para llevarlos hasta el final, se vuelve totalmente criminal.
La fuerza de la alianza obrera y popular: el terror del gobierno y los empresarios
Para evitar todo tipo de desvío para que todo siga igual, y para frenar y derrotar la represión, tenemos que apostar a que esos sectores de la clase trabajadora salgan a escena, conquisten sus demandas parciales, se liguen a la juventud, mujeres y pobladores, para potenciar y fortalecer la lucha nacional.
En ese marco la Mesa de Unidad Social no ha cumplido un papel en articular esas peleas y luchas parciales, negándose a su vez a convocar a nuevos paros y movilizaciones nacionales, concentrándose en su estrategia de negociación con el gobierno.
Muy por el contrario, para que se ponga en movimiento toda esa fuerza, las centrales sindicales y organizaciones sociales deben fortalecer cada una de esas luchas, apostando por el desarrollo de un verdadero plan de lucha y de movilización, que organice a todos estos sectores, con paros escalonados para que se ponga en acción la potencia de los sectores estratégicos de la economía como portuarios, mineros, salmoneros, el transporte público o forestales, esos que pueden golpear donde más les duele a los poderosos: en el bolsillo.
Se hace necesaria la aparición en escena de la clase trabajadora con sus métodos históricos de movilización: huelgas, asambleas, paralizaciones de las faenas, cortes de rutas y coordinación de base, fortaleciendo experiencias de auto organización desde la base como el comité de resguardo y emergencia de Antofagasta, que reúne y organiza a trabajadores, docentes, estudiantes, pobladores y profesionales, organizando las luchas de a ciudad y enfrentando la represión.
Con esa fuerza podremos terminar con el trabajo precario, con los salarios y pensiones de hambre, conquistando el derecho básico al trabajo estable, terminando con las AFP y el maldito subcontrato, para además conquistar medidas tan básicas como el derecho al trabajo estable, mediante una ley de prohibición de los despidos.
Y en ese camino podremos frenar cualquier intento de “proceso constituyente” trucho y controlado por los partidos tradicionales, para imponer una Asamblea Constituyente realmente Libre y realmente Soberana, democrática, que discuta de manera urgente las grandes necesidades de las mayorías, partiendo por la nacionalización de los recursos naturales, sin indemnización y bajo gestión de sus trabajadores, para financiar necesidades básicas como el terminar con el trabajo precario, conquistar un sistema de pensiones público, tripartito y solidario gestionado por trabajadores y usuarios, el paso a planta de todos y todas los trabajadores y un salario mínimo digno igual a la canasta básica familiar.
Esa es la perspectiva por la cual luchamos hoy, frente a cualquier intento de este régimen de desviar la enorme fuerza que hemos desplegado, y que, de aparecer la clase obrera con toda su energía, puede pegar un salto histórico.

Dauno Tótoro
Dirigente del Partido de Trabajadores Revolucionarios (Chile), y ex candidato a diputado por el Distrito 10.