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MIGRANTES. Funcionarios de Inteligencia ¿exigen solución a los “dreamers”?

En una carta al Congreso, 13 funcionarios y políticos vinculados a la Seguridad Nacional y los servicios de Inteligencia firmaron una carta pidiendo una solución legislativa para evitar la deportación de los “dreamers”. El gobierno de Trump se encuentra en nuevos problemas frente a su política migratoria.

Gabriel Bagundo

Gabriel Bagundo México | @g_bagundo

Jueves 16 de noviembre de 2017

En un documento enviado el 14 de noviembre a los líderes del Senado y el Congreso, 13 reconocidas figuras de filiación demócrata y republicana que han ocupado importantes cargos de seguridad, pidieron la aprobación de una protección legal para los “dreamers”. Aunque la carta en sí no abarca más de una cuartilla, las 13 firmas tienen mucho peso. Ex jefes de Seguridad Nacional, el Departamento de Estado, Defensa, Comercio, Inteligencia, CIA, y máximas autoridades de las fuerzas armadas incluyeron su firma contra la política de deportación de Trump.

El 5 de septiembre pasado, Trump suspendió el programa de Acción Diferida para los Allegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés Deferred Action for Childhood Arrivals). Con esto puso fin a las solicitudes y renovaciones de permisos de residencia legal temporal a más de 800,000 mil personas que llegaron a Estados Unidos antes de los 16 años. El colectivo conocido como los “dreamers”.

¿Qué dice la carta?

La carta pide a los líderes del Congreso que se incluya en los temas legislativos la discusión de la “Dream Act” para dar protección de ley a los “dreamers” y evitar que puedan ser deportados. Debido a que el programa pierde vigencia el 5 de marzo del 2018, a partir del día siguiente cientos de miles de seres humanos podrían ser sujetos de deportación inmediata.

Por este motivo, solicitan que sea incluido en la agenda del Congreso antes de que termine el año legislativo 2017. Se calcula que actualmente 22,000 “dreamers” sin estatus migratorio vigente se encuentran actualmente en riesgo de ser deportados. Aprobar este año la Dream Act es una vía para que a inicios del próximo año tengan certidumbre sobre su status migratorio.

Las visiones políticas sobre el tema migratorio se encuentran en un importante punto de polarización frente a las exigencias de los grupos más conservadores a los que Trump les ha dado voz. En casi dos décadas de discusión legislativa en Estados Unidos, demócratas y republicanos no han podido concertar una solución al tema migratorio. El programa DACA de Obama se aprobó en tanto fue una propuesta de permisos temporales. Por ello es importante resaltar que estos funcionarios de inteligencia solicitaran también que los “dreamers” “eventualmente obtengan la ciudadanía americana”.

Pro-dreamers “porque son buenos para el Ejército”

El principal argumento de estos funcionarios es de “seguridad nacional”: los “dreamers” sirven a las fuerzas armadas. Ellos afirman que existen por lo menos 900 “dreamers” en las fuerzas castrenses, los cuales podrían comenzar a ser sujetos de deportación en cualquier momento del próximo año.

Otro argumento que esgrimen es el presupuesto. Se calcula que el plan de deportación masiva implicaría utilizar por lo menos 7,500 millones de dólares en un momento en que Estados Unidos tiene serios problemas con su gasto público debido a la enorme deuda y los desequilibrios en su balanza comercial. Para los funcionarios, deportar a los dreamers implicaría “desviar” recursos importantes del presupuesto.

Otros expertos en temas económicos de EU han denunciado que de proseguir sin una solución esto podría acarrear consecuencias de importante impacto. Actualmente algunos grupos empresariales también cabildean en el Congreso por los problemas económicos que traerá a sus empresas.

Los “dreamers” son una importante base de la sociedad norteamericana, finalmente son mano de obra libre. Expulsados muy jóvenes de sus lugares de origen desde muy diversas partes del mundo, porque el capitalismo concentra las riquezas sólo en ciertos polos.

Semanas de infiero para los migrantes

El discurso político de Trump potenció la ya de por sí arraigada xenofobia en ciertos sectores norteamericanos. A partir de la cancelación del programa DACA, cada día cientos o miles de jóvenes se suman a quienes viven con el permanente miedo de la deportación y la ruptura permanente de sus vínculos afectivos. Durante noviembre se hizo de dominio público que cientos de solicitudes de renovación no llegaron a inicios de octubre como exigía el decreto de cancelación de DACA como última oportunidad para realizar solicitudes.

Recién el 15 de noviembre las autoridades resolvieron que los cientos de solicitudes que sí fueron enviadas antes de la fecha límite, pero que el Servicio Postal norteamericano no pudo entregar a tiempo, podrán ser tramitadas. Siempre y cuando se pueda demostrar que fue enviada a tiempo. Sin embargo, decenas de miles se quedaron sin poder obtener este permiso temporal que tampoco acogerá a los que a diario ingresan en Estados Unidos buscando una oportunidad en la vida que el capitalismo les negó en sus lugares de origen.

También en la primera semana de noviembre, un juez federal estudió y aceptó una demanda promovida en 16 estados en contra de la decisión del gobierno de Donald Trump de cancelar el DACA. Una demanda promovida por el colectivo afectado y un cuerpo colegiado de abogados en defensa de los derechos de los migrantes.

La sociedad norteamericana se encuentra en medio de importantes procesos sociales fruto de las contradicciones del capitalismo en decadencia a nivel mundial y el papel que jugó y juega Estados Unidos. Otorgar residencia permanente y ciudadanía americana a todos los “dreamers” es un paso mínimo y básico que se puede y debe dar. Pero no a costa de “to serve the country”, servir a la patria, a los intereses de una nación imperialista que trata de no perder su dominio mundial en medio de la crisis.

Esta es una época del desarrollo de la humanidad en la que es posible hacer innecesarios los permisos de residencia temporal y de ciudadanía, porque utilizando eficientemente los recursos productivos que disponemos en el mundo no habría necesidad, para satisfacer las necesidades de todos, ni de muros ni fronteras o Estados que hagan la guerra a otros pueblos bajo cualquier bandera nacionalista.