Nos llegó una colaboración referida a una parte de la historia del Club Social y Deportivo Orompello, de la ciudad de Valpararíso, un rescate histórico por Pablo del Baúl Azul.
Martes 13 de febrero de 2018

Chile, 1976. Un país sometido por la bota militar. Un país en que el terror se hace pan de cada día: secuestros, torturas, muerte. La contundencia del Golpe Militar ha sido evidente: de la efervescencia política de la época anterior a 1973 no queda nada, ya que la sociedad se encuentra en un estado de parálisis permanente. Nadie confía en nadie, cualquiera puede ser un delator, o incluso peor, un agente de la siniestra DINA.
¿Resistencia armada?. Ni hablar. El MIR, que era la organización política más avanzada en cuanto a tener una política militar ya había sido aniquilado en 1974. Así que lo único que hay son chispazos de organización social que poco a poco van a desencadenar la insurrección popular en los ´80s.
Es en ese ambiente que un grupo de jóvenes entusiastas participan en el Club Deportivo Orompello del Cerro Esperanza de Valparaíso. Fundado en 1930, el Orompello es uno de los clubes más tradicionales de la Liga de Fútbol Amateur de Valparaíso (la más antigua de Chile).
De extracto más acomodado, este singular Club Social y Deportivo vivió sus años de gloria entre 1977 y 1978, época que coincide con las intensas actividades realizadas por sus noveles miembros en su rama cultural, espacio que se transformó en la plataforma ideal para reorganizar la resistencia política en la Quinta Región.
El pequeño problema era que la dirigencia del Orompello estaba constituida en su mayoría por gente de derecha, quienes empezaron a ver con recelo las actividades de la rama cultural, sobre todo, porque al alero de ésta se organizaban peñas folcklóricas que terminaban en gritos de protesta contra la dictadura.
Lo lógico era que los dirigentes cortaran de raíz el problema cerrando y prohibiendo el funcionamiento de tal ente cultural, pero sus integrantes eran las figuras del equipo de fútbol, el que a su vez ya había rebasado en éxitos deportivos y en popularidad a sus clásicos rivales de la zona. Valparaíso les había quedado chico y ya competían por el máximo certamen regional. Fue en esa efervescencia que muchos jóvenes de la zona se incorporaron al Club Orompello y de paso a la resistencia política que en su seno se generaba. Por tanto esos dirigentes derechistas no tuvieron más remedio que llegar a un acuerdo con la Juventud de su Club: ellos no tocaban la rama cultural, pero a cambio eran campeones de fútbol amateur de la Quinta Región.
Pues bien, fue dentro de esas actividades culturales y deportivas que se fue gestando una orgánica que se convirtió en cuna de destacados cuadros y combatientes del futuro Frente Patriótico Manuel Rodríguez.
Al terminar estas líneas pienso en lo importante que es la cultura y el deporte como arma reivindicativa y de propaganda. Sería hermoso tener en Antofagasta un “Mártires de la Plaza Colón F.C.”, un equipo con conciencia de clase que sea lugar de debate y difusión del ideal socialista por los barrios de nuestra ciudad.