Fuerte retórica contra Irán, negocios millonarios para las empresas estadounidenses en Arabia Saudita. Un decálogo de “buenas intenciones” para un “proceso de paz” moribundo entre Israel y Palestina.
Mirta Pacheco @mirtapacheco1
Martes 23 de mayo de 2017 14:04
Con una fuerte retórica contra Irán, negocios millonarios para las empresas norteamericanas en Arabia Saudita, que busca diversificar su economía, y un decálogo de “buenas intenciones” para un “proceso de paz” hace rato ya moribundo entre el Estado de Israel y Palestina, pero dejando claro quién es el socio privilegiado para EEUU en Medio Oriente.
Primera gira de Trump al exterior, mientras en su país soporta una crisis política desatada luego del despido del director del FBI y la investigación iniciada sobre su campaña política y la relación con Rusia. Primera escala: Medio Oriente, donde fuertes intereses geopolíticos y económicos se cruzan.
En el medio la devastación del pueblo sirio, por el enfrentamiento del régimen de Al Assad (apoyado por Rusia, Irán y el Hesbollah libanes) y el Isis, que ya provocó centenares de miles de refugiados a quienes los Estados europeos, “occidentales y cristianos”, cuando les permiten atravesar sus fronteras, asinan en campos de refugiados y los ejércitos los reprimen. Y cuando todavía no llegaba a su tercer mes de mandato, Trump dejaba atrás su crítica a Obama por el intervencionismo militar (más por los fracasos que por oponerse a esa política), y ordenaba un bombardeo a Siria.
En ese marco su gira comenzó en Arabia Saudita (enfrentado a Irán sobre todo en Siria, pero también en Yemen), el aliado árabe por excelencia de Estados Unidos. Allí en la reunión con media centena de líderes de países árabes, Trump dedicó fuertes tramos de su discurso a atacar a Irán; “Del Líbano a Irak y a Yemen, Irán financia armas y entrena a terroristas, malintencionados y otros grupos terroristas que extienden la destrucción y el caos por la región", “todos los países con conciencia deben aislar a Irán”.
Esas afirmaciones para el rey Salmán bin Abdulazzis al-Saud, quien preside esa monarquía absoluta (país donde por ejemplo la homosexualidad se castiga con la pena de muerte y las mujeres tienen prohibido salir a la calle sin permiso de sus esposos u hombres de la familia), le debieron parecer música para sus oídos debido a la rivalidad regional que sostiene con el país persa.
En el discurso del presidente de EEUU, frente a los países musulmanes suníes, se pudo observar su pragmatismo. Dejó de lado el anti islamismo de su campaña electoral (recordemos que su primera medida de gobierno fue prohibir la entrada a ciudadanos de siete, que luego fueron seis, países musulmanes). que dirige Arabia Saudita con las leyes más extremas de la sharía.
“Cuando vemos la sangre no vemos la religión de las víctimas (…) No es una batalla entre distintas religiones (…) es una batalla entre el bien y el mal”, afirmaba Trump volviendo a situar a Irán como eje del mal.
Business are business
Haciendo gala de su experiencia como magnate empresarial, Trump lideró las negociaciones para cerrar contratos millonarios de empresas norteamericanas con la monarquía saudí, que compró armamento por 110.000 millones de dólares. Esta transacción representa la mayor venta de armas en la historia de Estados Unidos, al segundo ejército más poderoso de la región, luego del Estado de Israel. Fueron vendidos 84 F 15 SA (modernos cazas bombarderos); 150 helicópteros Black Hawk apache y sistemas de misiles.
El objetivo además de darle nuevo impulso a la industria armamentística norteamericana, es modernizar al ejército de Arabia Saudita para dar impulso a esa lucha “del bien contra el mal”, aliviando la carga para las tropas norteamericanas.
En Riad, la capital saudí, también se firmaron acuerdos multimillonarios con la empresa Boeing, con Citibank, General Electrics. Esta última firmó contratos por 15.000 millones de dólares. Todos acuerdos que le permitirán a Arabia Saudita diversificar su economía, basada fundamentalmente en la exportación de petróleo.
Esto también da muestras de que el “primero Norteamérica” de Trump, no aludía al aislacionismo, sino a cómo hacer prevalecer los intereses de las grandes corporaciones estadounidenses, a la vez que intentar inyectar dólares a la economía nacional.
Israel: socio incondicional
Luego de dos días de negociar acuerdos comerciales y de buscar congraciarse con los gobiernos musulmanes, para liderar el “eje del bien”, Trump viajó a Israel, su socio en Medio Oriente.
Lo acompañaban desde el principio de la gira el Secretario de Estado Rex Tillerson, su yerno Jared Kushner a quien se lo considera clave para las negociaciones con el Estado de Israel y para cerrar contratos con compañías armamentísticas, integran la delegación también su hija Ivanka que oficia de delegada del gobierno republicano de su padre en muchas oportunidades y su esposa Melania, a quien las encuestan le indican un alza en la popularidad debido a su actitud distante de la Casa Blanca.
Si bien el gobierno de Netanyahu y toda la derecha israelí festejó el triunfo de Donal Trump en las elecciones, basándose en todos sus dichos anti musulmanes de campaña; en la reivindicación del muro israelí (que encierra aún más a los palestinos en Cisjordania), para justificar su promesa del muro fronterizo con México, el pragmatismo del mandatario norteamericano hizo que en los días previos a su gira surgiera cierto desconcierto en el gobierno israelí.
Ya Trump abandonó su promesa de campaña de trasladar la embajada norteamericana de Tel A Viv a Jerusalen. Movido seguramente por la comprensión que esa mudanza provocaría una oleada de lucha por parte del de pueblo palestino, además de correr el peligro de que esa reacción se extienda a la población árabe de los Estados musulmanes a quienes necesita para su estrategia desplegada en estos primeros días de viaje a esa parte del mundo.
No por casualidad lo primero que hizo Trump es pedir mapas de las fronteras del Estado de Israel. La prensa israelí levantó asombrada la noticia de que la Casa Blanca en su anuncio de la gira subió a las redes placas con un mapa de Israel con las fronteras del ´67.
Estados Unidos necesita que su histórico socio en la región dé algunas muestras de “buena voluntad” hacia la Autoridad Palestina. Un logro en alcanzar ciertas negociaciones entre las partes, también lo reposicionaría como líder mundial y le da aire para tratar de atravesar la crisis interna que por estos días se desarrolla con su gobierno. Por eso también Trump pasó de decir que los asentamientos de colonos no son un obstáculo para la paz, a pedirle a Netanyahu que contenga la expansión colonial.
Pero lo único que cedió Israel fue la ampliación en el horario del paso internacional de Allemby hacia Jordania. Este paso es la única salida al exterior para los cisjordanos. Y mientras que el empresario multimillonario que está al frente del gobierno de EEUU visitaba la explanada del Muro de los Lamentos en la ciudad vieja de Jerusalén, al noroeste de Belén la policía de frontera de Israel asesinaba a otro menor palestino.
Netanyahu de todos modos vio con mucho beneplácito tanto el discurso como los acuerdos alcanzados en Arabia Saudita: un tapón para cualquier intento de Irán de lograr supremacía en la región. Y Trump no se privó de alabar al “Gran Estado de Israel” y de confirmar su apoyo incondicional al Estado sionista.
Este martes se reune con Mahmud Abbas en Belen (Cisjordania) y esto se da en el marco de que ya son casi 2000 los presos políticos en cárceles iraelíes que llevan adelante una huelga de hambre como forma de resistir las condiciones brutales a las que son sometidos en esas prisiones. Una huelga general se extendió ayer lunes entre los palestinos de Cisjordania y Gaza, como forma de solidarizarse con los presos.
Luego de reunirse este martes con la Autoridad Palestina, Trump volverá a Jerusalén donde pronunciará un discurso en el Museo de Israel, donde de todos modos podrá exhibir retórica, pero pocos logros. Aunque Israel se tranquilizó al escuchar la promesa de Trump en el sentido de no permitir que Irán desarrolle poder armamentístico, lo que probablemente decante en que se anulen los acuerdos de Obama con ese país persa.
En Europa lo esperan la cumbre de la OTAN en Bruselas y el G7 en Italia, donde también se reunirá con Bergoglio. El papa Francisco hubiera preferido la continuidad de la administración demócrata en la Casa Blanca, pero como buen peronista, también sabe de pragmatismos y recibirá a Donald Trump, expresión de uno de los fenómenos políticos por derecha que dio la situación internacional.