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Red Internacional
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BLOQUEA VENTA DE EMPRESA TECNOLÓGICA A CHINA. Giro proteccionista de Alemania contra Pekín

En un movimiento sorpresivo, el gobierno alemán ha reabierto la revisión, después de haberla aprobado inicialmente, de la venta de Aixtron a la empresa china Grand Chip Investment. Un gesto proteccionista de enorme significado.

Jueves 27 de octubre de 2016

Berlín había aprobado inicialmente que la empresa china Grand Chip Investment adquiriera Aixtron por 670 millones de euros (728 millones de dólares). Sin embargo, ahora está reconsiderando la venta del fabricante alemán de equipos de semiconductores y ha reabierto su revisión. Mientras tanto, la adquisición del grupo agroquímico suizo Syngenta de parte de ChemChina por un total de 43.000 millones de dólares, parece estar dirigiéndose a una “segunda fase” más rigurosa de revisión después de que el comprador no logró ofrecer las concesiones necesarias. Con estas dos noticias, los inversores redujeron sus participaciones en Syngenta y Aixtron en alrededor de 7 por ciento el pasado lunes por temor a que los reguladores europeos retrasen o bloqueen sus ventas a postores chinos.

Un gesto fuerte de Berlín

A pesar de ser la menor de las dos ofertas, la intervención de la empresa alemana Aixtron es sin duda la más importante. Las tensiones ligadas a las adquisiciones chinas han estado creciendo ya hace un tiempo en Alemania: el pasaje bajo control chino de una joya del “made in Germany”, el campeón de robots industriales Kuka, una perla creada en 1898 y estandarte del know-how alemán en máquinas herramientas altamente sofisticadas, fue un trauma nacional. Inmediatamente después, Putzmeister, el especialista en autobombas de hormigón, posteriormente la firma especializada llamada KraussMaffei, uno de los líderes de máquinas e instalaciones para la producción del platico y el caucho, luego uno de los campeones de la energía, siguieron el mismo rumbo. En lo que va del año, las empresas chinas han anunciado más de 11.000 millones de dólares en adquisiciones alemanas, mientras que las fusiones y adquisiciones que fluyen en la dirección opuesta siguen siendo prácticamente nulas. Y este movimiento se estaba acelerando con el apetito chino por la toma de control de Osram, un pionero en el campo de la iluminación con sus 6.000 millones de euros en ingresos y sus 33.000 empleados. Un movimiento demasiado amplio como para no desencadenar la molestia del gobierno alemán. El caso de Aixtron fue la gota que rebalsó el vaso.

Berlín tiene una tradición de no intervenir directamente en las estrategias industriales de las empresas privadas. El veto a la toma de control de Aixtron es una novedad, una señal fuerte, con un doble propósito. Internamente, es una advertencia a los accionistas que se inclinan con demasiada facilidad para vender al mejor postor. Y hacia el exterior, la notificación de que Alemania no es más un coto de caza libre para los depredadores tecnológicos no europeos.

Un giro proteccionista contra la inversión china en Alemania

La decisión refleja una creciente reacción proteccionista contra la inversión china en Alemania. Sigmar Gabriel, el ministro de Economía y vicecanciller, ya ha respaldado una propuesta para restringir las adquisiciones extranjeras de empresas de la Unión Europea (UE) si implican "tecnologías claves que son de particular importancia para un mayor progreso industrial".

Bajo las reglas actuales, el Ministerio de Economía puede revisar cualquier acuerdo en que los inversores no comunitarios adquieren al menos el 25 por ciento de los derechos de voto de una empresa alemana, y bloquearlo si "representa una amenaza para el orden público de Alemania o su seguridad”. Ofertas que impliquen "la seguridad del suministro en caso de una crisis, las telecomunicaciones y la electricidad, o la prestación de servicios de importancia estratégica" pueden ser objeto de especial escrutinio, dice el ministerio en su página web.

La nueva iniciativa de Sigmar Gabriel, ampliaría enormemente la supervisión del gobierno de estas y otras ofertas. En un documento de trabajo, que fue objeto de filtraciones, él propone una legislación europea para frenar las inversiones directas influenciadas por las decisiones de políticas industriales procedentes de terceros países o beneficiarios de "subsidios estatales". Ésta iniciativa es apoyada por Günther Oettinger, comisario de la economía digital de la UE y un aliado cercano de la canciller Angela Merkel. En una entrevista a principios de este mes dijo que la industria de alta tecnología de Europa "no debe ser vendida", añadiendo que otros grandes estados miembros de la UE, como Francia e Italia también respaldaron una "política industrial más fuerte" para proteger a las empresas de tecnología de origen local.

Por su parte, Gabriel ha declarado que “La Unión Europea debe tener una posición clara frente a China" y no dejarse intimidar. Un año antes de las elecciones nacionales, el presidente del Partido Socialdemócrata (SPD), posible candidato a la cancillería, ve en la defensa del “Made in Germany” un tema de campaña.

Pero en un país tan dependiente de las exportaciones, la decisión de Berlín es objeto de controversias en el mundo empresarial. “No ayuda cuando uno depende del hecho de que otros países abran sus mercados, establecer barreras uno mismo" juzga el Presidente de la Federación de Cámaras de Industria y Comercio (DIHK), Eric Schweitzer. Él mismo viene de vender las actividades de su empresa familiar de reciclaje, Alba, a un grupo chino.
Volker Treier, director ejecutivo adjunto de la Asociación de Cámaras de Comercio e Industria de Alemania, no cree tampoco que su gobierno debiera presionar. "Alemania siempre ha recibido escasas inversiones extranjeras directas, y las inversiones directas alemanas en China aumentan el valor agregado para los proveedores alemanes ", dijo. "Así que más allá de lo que se piensa ahora políticamente, es aconsejable tener en cuenta que el éxito de Alemania se basa en la apertura de los mercados, y nos vamos a disparar a nosotros mismos en el pie si vamos a una limitación de nuestra propia situación de acceso". Más de 5.000 empresas alemanas actualmente operan en China y el comercio bilateral entre los dos países llegó a los 175 mil millones de dólares el año pasado.

El cambio de las condiciones políticas de la mundialización pone un fuerte obstáculo para las ambiciones de Pekín

En las últimas décadas cuando inició su giro económico restauracionista y su impulso industrializador, China fue el país que más se benefició de la relocalización de importantes segmentos de la producción industrial de las firmas multinacionales en países de mano de obra barata. Posteriormente, una vez que su economía comenzó a madurar, aprovechó el carácter abierto de la economía mundial para extender sus inversiones directas en búsqueda de materias primas, mercados y crecientemente tecnología. Esto último es central para la transición de su modelo económico basado mayormente en la movilización de recursos (crecimiento extensivo o la instalación de los activos e inversiones para una economía moderna [1]) a uno principalmente basado en la eficiencia del uso de los recursos (o para decirlo de otra manera en la maximización del retorno de esos activos, en términos marxistas la tasa de ganancias).

En este marco, el cambio significativo del clima político y geopolítico que acompañó a la última oleada de internacionalización del capital afecta los objetivos de Pekín y su creciente exportación de capitales [2].

Debido a que Estados Unidos bloquea toda adquisición china demasiado ambiciosa –como testimonió recientemente la prohibición de la adquisición por parte del grupo financiero pequinés GO Scale de la división de iluminación de Philips, con sede en los EE.UU.- los inversores chinos han estado priorizando a Europa. De hecho, Go scale es uno de los contendientes para la compra de Osram, la ex subsidiaria de iluminación de Siemens, en competencia con su compatriota San’an. El giro proteccionista de Berlín es un duro llamado de atención a las ambiciones chinas. Esto no significa que se vaya a descartar ninguna de las ofertas. Pero es razonable suponer que después de la reciente intervención de Berlín las ofertas de postores chinos por objetivos europeos se negociarán con un mayor celo. Es posible que un gran número de ofertas entre China y la UE no lleguen a concretarse.
Alemania, en particular, tiene el poder necesario como para tratar de alcanzar un acuerdo mucho más “equitativo” entre las dos economías, es decir más de acuerdo a los intereses de largo plazo del imperialismo alemán.

El salto modernizador industrial de China en cuestión

Para Pekín, el cambio de humor de su aliado estratégico germano es una muy mala noticia. Digamos que solo con Berlín, China mantiene una reunión anual de ambos gabinetes gubernamentales, cosa que no realiza ni con los EEUU. A su vez, la burocracia del Partido Comunista Chino (PCCh) que dirige el país busca atar su suerte industrial a Alemania. La economía de éste último ha puesto en marcha en los últimos años el lema inspirador de la "Industria 4.0". Se trata según sus dichos de manejar la cuarta revolución industrial (después de las de la mecánica y del vapor, la automatización y la electricidad y la electrónica e Internet). Esta última, sobre la base de algoritmos y de inteligencia artificial, se caracteriza por la interconexión de máquinas, permitiendo adaptar en tiempo real la producción no sólo a los pedidos, sino también al uso, en base a los datos transmitidos por los objetos mismos. Esta revolución en curso es vital para Alemania, que ha construido su prosperidad en la producción de equipos industriales. En este marco, Alemania es el socio preferido de China para su digitalización industrial, con la cual los dirigentes del PCCh esperaban reestructurar su economía fuertemente presionados frente a la realidad de que los días de China como país de mano de obra barata están contados y poder alcanzar tecnológicamente a las principales economías del mundo.

Pero más allá de los sueños de los dirigentes chinos, la realidad es que el punto de partida de China se encuentra en un nivel tecnológico considerablemente más bajo con respecto a estos líderes (EE. UU., Alemania, Japón). La fabricación inteligente es claramente aún más remota para la industria de China, que está en la actualidad sólo en la transición de una ’Industria 2.0’ a una ’Industria 3.0’ para utilizar las distintas etapas reseñadas arriba; las fábricas totalmente automatizadas son excepciones absolutas en el gigante asiático. En general, la fabricación china sólo está automatizada en una medida limitada y apenas difícilmente digitalizada. Sólo alrededor del 60 por ciento de las empresas utilizan software industrial, como la planificación de recursos empresariales y sistemas de ejecución manufactureros.

Sin lugar a dudas, China ha hecho un rápido progreso tecnológico, pero está aún lejos de ser un líder en este terreno. Muchos podrán argumentar que aún es temprano para definir el éxito industrial de China y de sus compañías y que es solo una cuestión de tiempo en que estas emularan el éxito internacional de sus pares en el continente, es decir Japón y Corea. La comparación con Japón da razones para dudarlo. A comienzos de la década de 1970 el PBI per cápita de Japón, ajustado en paridad de poder adquisitivo, es alrededor del mismo que China hoy. Por entonces, Japón ya tenía un gran número de firmas con importantes posiciones en los mercados internacionales para mercancías tecnológicamente intensivas: Cannon y Nikon en cámaras, Seiko en relojes, Toyota y Honda en automóviles, Sony y Panasonic en electrónicos de consumo y Nec en semiconductores. China no solo carece de una compañía de tal tipo, peor aún, tampoco tiene candidatos entre sus empresas que puedan alcanzar esta suerte de preeminencia global.

El hecho es que, en el mejor de los casos, a pesar de todos sus esfuerzos, a la industria china le tomaría décadas alcanzar el nivel que tiene hoy la industria alemana, norteamericana o japonesa. Las pequeñas y medianas empresas chinas están a un nivel mucho más atrasado en su capacidad de fabricación. Aproximadamente la mitad de estas empresas nunca han invertido en tecnologías de automatización e informatización, tales como robots. Incluso las industrias vitales, como el sector del automóvil están muy alejadas del nivel internacional de eficiencia y productividad. Esto no significa que China no pueda teóricamente lograr, al estilo de Corea del Sur, crear una seria competencia en algunos terrenos a través de algunos "campeones nacionales" en los mercados internacionales. Es precisamente de este peligro que tratan de protegerse los países imperialistas. Pero Corea, que a diferencia de Japón no era un país imperialista, logró un avance considerable, gracias a que gozó de la buena voluntad de los EE. UU. para su desarrollo en el marco de la Guerra Fría. En este marco, el cambio de tendencia en las bases políticas de la “mundialización” (como ilustra el cuestionamiento a los grandes acuerdos comerciales, el Brexit, el éxito más allá del resultado final de las elecciones de Donald Trump en EE. UU., etc.) va al encuentro de los deseos y ambiciones de Pekín. Por la importancia que tiene la relación con Alemania para China, la decisión de Berlín podría ser una espada de Damocles para el salto modernizador de Pekín. La única duda es saber cuáles serán los alcances y si otros países imperialistas imitarán la acción de Alemania.


[1Estamos hablando de la tecnología industrial y las técnicas de management moderno, la red de infraestructura necesaria para conducir estos negocios modernos (electricidad y telecomunicaciones), la infraestructura que ligan estos negocios a los mercados mundiales (puertos y aeropuertos), la infraestructura necesaria para movilizar a los trabajadores a los nuevos centros de producción y la infraestructura para unificar el mercado doméstico (rutas, red ferroviarias y vivienda).

[2El salto de estas últimas -como podemos ver en Europa ya sea en la hotelería o el sector agroalimentario en Francia o España, el sector tecnológico en Alemania- no sólo obedece a la voluntad de capturar know-how, sino también una preocupación de diversificación de sus inversiones. La economía china está en una etapa delicada, amenazado por las burbujas inmobiliarias, los préstamos dudosos y la parálisis de las empresas estatales. Los inversores privados están tratando de sacar su dinero del país y colocarlo en empresas de alcance global.

Juan Chingo

Integrante del Comité de Redacción de Révolution Permanente (Francia) y de la Revista Estrategia Internacional. Autor de múltiples artículos y ensayos sobre problemas de economía internacional, geopolítica y luchas sociales desde la teoría marxista. Es coautor junto con Emmanuel Barot del ensayo La clase obrera en Francia: mitos y realidades. Por una cartografía objetiva y subjetiva de las fuerzas proletarias contemporáneas (2014) y autor del libro Gilets jaunes. Le soulèvement (Communard e.s, 2019).