El FMI afirma que está “listo” para venir a Venezuela en cuanto los asesores de Guaidó hablan de un plan de “rescate”, que de contenido no es más que un pacto de coloniaje de la mano del imperialismo. Mientras tanto Maduro aumenta su escalada represiva en medio de la catástrofe.
La Izquierda Diario Venezuela @LaIzqDiario_VE
Lunes 22 de abril de 2019 16:21
“Estamos muy preocupados” por Venezuela declaró hace poco Christine Lagarde, la jefa del Fondo Monetario Internacional (FMI). “Venezuela -dijo -necesitará una ayuda enorme”. Y agrega que “Lo que estamos haciendo es prepararnos actualmente para el día en el que el país diga: ‘Por favor, venid a ayudar”.
Estas declaraciones tuvieron lugar en una conferencia de prensa que dio apertura a las Reuniones de Primavera del Banco Mundial y el FMI que se desarrollaron en Washington a mediados de abril. Pero en la víspera de dicha reunión había “aclarado” que ahora el FMI no es el “monstruo” que se veía en Latinoamérica hace dos décadas, al subrayar que ha cambiado “enormemente”. “No somos ese monstruo que a veces es descrito de hace dos décadas”, enfatizó Lagarde en una entrevista con la agencia de noticias Efe.
Y para demostrar que ahora el Fondo Monetario está lleno de bondades, Lagarde declaraba que: “No será solo el FMI o el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se necesitarán múltiples partes, y un gran corazón”. Todo para enfatizar que el FMI y el Banco Mundial “están listos para responder a la crisis humanitaria” en Venezuela si se solicita su participación.
Pero para dejar constancia que el FMI está bien en consonancia con la política del imperialista Trump para Venezuela, Lagarde declaró que “Nuestros miembros deben indicar qué autoridad están reconociendo diplomáticamente para que podamos avanzar”, indicando además que “el problema” sobre el “reconocimiento” de la representación de Venezuela “está frenando la ayuda”.
En pocas palabras “el gran corazón” ya parte del condicionamiento del reconocimiento del títere que quiere imponer Washington que se autoproclamó “presidente encargado” de Venezuela tras la orden dada por Trump, para avanzar en toda su política recolonizadora en el país. Y para tal avanzada tiene al FMI y el Banco Mundial al “rescate”. La línea es el camino ya emprendido por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que reconoció el mes pasado a Ricardo Hausmann, enviado de Guaidó, como representante de Venezuela ante la entidad.
Cualquiera que conozca el historial del FMI sabe a qué tipo de “ayuda” se refiere la representante del Fondo, y por si acaso allí está Argentina bajo el gobierno de Macri y su pacto con este organismo multilateral para recordarlo, un país que está camino a un derrumbe económico cada vez mayor bajo la impronta de los planesde ajuste dictados por el propio FMI. Y como se explica en un artículo de La Izquierda Diario, “Intentar una reactivación [de Argentina], por más mínima que sea, es casi la cuadratura del círculo bajo el mando del FMI: sus "tonterías" llevaron al aumento de la desocupación, de la pobreza y una recesión que no tiene freno”, con severos planes de ajuste y grandes condicionamientos.
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Es claro que este descaro del FMI ha sido facilitado por el propio gobierno de Maduro, que descargó la catastrófica crisis económica y social sobre las masas, una crisis que se inició de la resultante del desplome de los precios del petróleo, pero profundizada por la enorme descapitalización que fue dejando la fabulosa fuga de capitales en los años de bonanza, y por las propias medidas políticas y económicas del gobierno, llevando al hartazgo del pueblo trabajador por las inclemencias de la crisis descargada sobre sus espaldas.
Dicho sea de paso, el gobierno de Maduro cumplió a rajatabla una de las clásicas exigencias que siempre hace el FMI, que se ajuste al pueblo para pagar una fraudulenta e ilegítima deuda externa. Cuando empezaba la profundización de la crisis el gobierno tomó la fría decisión de pagar más de 70 mil millones de dólares en vez de destinar esos millonarios fondos para atender las grandes necesidades del pueblo.
Todo esto a la par del gran drenaje de la fuga de capitales por los más diversos esquemas que se calcula en más de 500 mil millones de dólares de que todos los empresarios de todos los colores se hicieron la fiesta además de la casta corrupta gobernante. Y los resultados están a la vista con una sideral catástrofe económica y social donde las penurias de todo un pueblo han llegado a situaciones extremas.
Una situación que llevó incluso al descalabro de la industria petrolera por la ausencia de inversiones en la infraestructura llegando a estrepitosos niveles de haber caído de una producción de casi 3 millones de barriles diarios a un poco más de 700 mil barriles, niveles de hace seis décadas. Y para aumentar las calamidades el gran deterioro de todo el sistema de generación de electricidad que ha llevado al país a grandes apagones nacionales, que si es cierta la tesis de sabotaje que alude el gobierno, no es mucho el esfuerzo que tendrían que hacer para llegar a colapsar todo el parque eléctrico nacional.
Una situación que fue acompañada por un proceso de apertura en el campo petrolero para empresas estadounidenses, europeas, chinas, rusas y de otras latitudes, a la par del saqueo en el Arco Minero del Orinoco. Las hipermegadevaluaciones y una hiperinflación que no cesa y de la que se habla de tasas de millones, llegó a destruir un salario llevándolo a niveles más bajos para lo que se define la pobreza extrema, además de la liquidación de conquistas históricas laborales.
Es por eso que el FMI y un eventual gobierno de Guaidó impuesto por Washington ya tiene una gran parte del camino andado, sobre todo en materia de mantener a la baja los salarios: actualmente está realmente pulverizado, el mínimo nacional está alrededor de los ¡4 dólares mensuales!, según la propia tasa oficial del dólar. Por eso es que uno de los “asesores” económicos” de Guaidó, José Guerra, tuvo el descaro de afirmar que “Por razones de humanidad, el salario no puede ser de 5,30$, propongo aumentar el salario a 20$, y en tres meses llevar el sueldo a 1$ diario”. Las “razones de humanidad” de estos personeros, bien acorde al FMI, es proponer salarios que son considerados de pobreza extrema hasta por la ONU, que se define como vivir con menos de $1 al día.
¿Este es el “gran corazón” del que nos habla la jefa del FMI? Y sobre estos salarios y situación es que viene el FMI si se les dice “‘Por favor, venid a ayudar”. Y el pedido está hecho. Uno de los “expertos” y asesores de Juan Guaidó y de su Plan País, Ricardo Hausmann, en una entrevista a mediados de marzo, declaraba que para “rescatar” a Venezuela necesitarían “un programa de financiamiento internacional liderado por el FMI de unos US$ 60.000 millones”, además de otras “donaciones” por otros US$ 20.000 millones.
Pero como se trata de un dinero que se transformará en (más) deuda externa, habrá que pagarse. Este “laureado experto”, sostiene, con respecto a la cuestión petrolera, como parte de ese plan de “rescate”, que: “Tendremos que adoptar una estrategia que se asemeje mucho más a la de Colombia, México y Brasil. La inversión privada en petróleo va a ser una fuente muy importante de recuperación”. Es decir, en el camino de la privatización, la entrega al capital transnacional.
Y aquí ni hablar de todo un plan de privatización de servicios esenciales como el agua, gas y electricidad, entre otros, elevando las tarifas a niveles impagables como se ve en todos los países por donde el FMI ha pasado y está pasando.
Es todo un plan donde proponen hipotecar más nuestro futuro “en condiciones preferenciales” con el Fondo Monetario Internacional y demás entidades, de la mano del imperialismo, que a cambio le imponen a los países la política económica y fiscal, con sus respectivas consecuencias sobre las condiciones de vida del pueblo (reducción del gasto público, aumento de impuestos y de los servicios públicos, privatizaciones, despidos en el Estado, etc.). Sobre más precisiones y significados del Plan País de la mano del FMI se puede leer con detenimiento en el siguiente artículo indicado.
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El descaro es poco para Guaidó y su Plan País, y su grupo de “expertos” económicos. La realidad es que en consecuencia con toda la embestida de la agresión imperialista y de imponer al títere de Guaidó en el gobierno para la recolonización de Venezuela, el plan de “rescate” del país del que habla el FMI no es más que un “pacto de coloniaje” con todo lo que esto implica.
Por todo esto es que el pueblo trabajador y todos los explotados del país han sido llevados a una encerrona. Tras la fracasada ofensiva golpista que tuvo su punto máximo el 23 de febrero, el autoproclamado presidente interino, Juan Guaidó, parece ponerle fecha a una nueva arremetida de la mano del imperialismo yanqui.
Aprovechando el agravamiento de la ya crítica situación social a partir de los masivos cortes del suministro eléctrico, parece jugar una nueva carta tratando de poner “cientos de miles” en las calles, este 1 de mayo, para presionar a los militares a que rompan con Maduro. Y así lo hizo saber, afirmando que "Para que esto tenga éxito ¿qué tiene que pasar? ¿A quién va dirigida esta exigencia? Porque ya sabemos que ni Maduro ni al régimen es, no tienen nada que dar, primero a la Fuerzas Armadas (...) que acompañen el legítimo petitorio de un pueblo que quiere, que necesita, que demanda vivir". El pueblo trabajador no puede caer en engaños de la demagogia de la derecha, al contrario hay que enfrentar su política y toda la ofensiva de agresiones imperialistas.
Maduro, que viene en todo un aumento de su escala represiva con el uso inclusive de fuerzas paraestatales armados a plena luz pública como se vio durante las protestas por los apagones, sigue descargando la crisis sobre el pueblo con sus políticas antiobreras y antipopulares, para sustentar a toda una casta cívico-militar en su gobierno reaccionario. Por eso es que la única salida progresiva actual es la movilización independiente del pueblo trabajador, en la perspectiva de la lucha por un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre.
En lo inmediato, queda suficientemente claro que la demanda elemental de un salario digno, igual al costo de la canasta básica e indexado mensualmente a la inflación, solo puede venir de la mano de las luchas de los propios trabajadores y trabajadoras. Para cualquiera es evidente que el discurso del gobierno sobre las bondades de su política salarial es una mentira descarada, pero para quienes en medio del hartazgo con Maduro llegaron a abrigar alguna expectativa en la demagogia de Guaidó y su Plan País, debe quedar claro también el descaro de considerar que un salario de 1 dólar diario sería la medida de las bondades para la clase trabajadora de “el país que viene”. Lo que nos ofrecen es pasar de los salarios de hambre actuales a salarios de pobreza extrema. Contra toda demagogia de la derecha, y la política actual del gobierno, lograr la defensa del salario y un salario digno igual a la canasta familiar indexado mensualmente queda única y exclusivamente en manos de los propios trabajadores, porque ambos sectores nos ofrecen salarios de hambre o de miseria.