Un verdadero coctel de fuerzas represivas es la esencia de la flamante Guardia Nacional, una de las políticas más cuestionadas de la 4ta Transformación por ser continuidad a la militarización impulsada por los anteriores sexenios panistas y priísta.

Yara Villaseñor Socióloga y latinoamericanista - Integrante del MTS - @konvulsa
Jueves 15 de agosto de 2019
Luis Rodríguez Bucio, comandante de la Guardia Nacional, anunció que el reclutamiento para construir esta fuerza ha superado ya los 58 mil elementos, siendo de estos unos 35 mil integrantes de la Policía Militar y 5 mil 500 aproximadamente de la Policía Naval. Los más de 15 mil restantes son apoyos proporcionados por la Secretaría de Defensa Naval, además de 2 mil adhesiones de la Policía Federal.
Como si fuera poco, el cuestionamiento a la actución en el pasado reciente de las fuerzas represivas es hoy alimentado por los recientes casos de abuso y tortura sexual desatados por policías del gobierno de Claudia Sheinbaum contra menores de edad y mujeres. Las violaciones a derechos humanos, femincidios, desapariciones forzadas, tortura sexual y la complicidad con redes de trata, secuestro y prostitución son solo algunas de las prácticas más repudiadas de estos cuerpos en la última década.
A pesar de que AMLO insiste en que su plan "contra la violencia" no contempla solamente el despliegue de los cuerpos represivos, una parte importante de los presupuestos federal y locales está siendo destinado a este rubro. En el caso de la CDMX, configura el rubro con mayor financiamiento, por arriba de lo destinado a la UNAM. En el caso de la capital, los elementos de la Guardia Nacional también han empezado a patrullar en las alcaldías consideradas más “peligrosas”, con perspectiva de avanzar al conjunto de la ciudad.