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Educación. Guerra en Ucrania: de eso sí se habla en la escuela

¿Vio lo de la guerra seño? ¿Qué pasa si Rusia usa armas nucleares? ¿Usted a quién apoya, a Rusia o Ucrania? ¿Por qué Rusia bombardea Ucrania? Son algunas de las preguntas que recorren las aulas.

Viernes 4 de marzo de 2022 00:00

La semana pasada en CABA y Mendoza, esta en el resto del país, empezaron las clases. Cada uno de estos días, millones de niños, niñas y jóvenes están asistiendo a las escuelas con la carga de ver en la televisión y las redes las imágenes del conflicto en Ucrania: ¿Vio lo de la guerra seño? ¿Qué pasa si Rusia usa armas nucleares? ¿Usted a quién apoya, a Rusia o Ucrania? ¿Por qué Rusia bombardea Ucrania? Son algunas de las preguntas que recorren las aulas. Y así ocupamos momentos buscando qué países poseen armamento nuclear, cómo es la frontera entre Rusia y Ucrania, dónde queda Hiroshima o que países invadidos u ocupados por otros.

En Mendoza, un niño de quinto grado, se duerme prácticamente sobre el banco. ¿El motivo? "Hay guerra, seño". Se quedó toda la noche viendo qué pasaba con la guerra. Apenas puede explicar y procesar las imágenes, pero su conclusión es que es un desastre y que debiera haber paz, porque “sufre y muere mucha gente”.

León Trotsky en su autobiografía escribió que “se dice que la infancia es la época más feliz de una vida. ¿Siempre es así? No. Son pocos los que tienen una infancia feliz. Esta idealización de la niñez tiene su origen en la literatura tradicional de los privilegiados. Los que gozaron de una niñez con todo asegurado y además, sin tristezas, en las familias hereditariamente ricas y cultas, entre caricias y juegos, suelen guardar de aquellos tiempos el recuerdo de una pradera llena de sol que se abre al comienzo del camino de la vida”. Claramente cada generación, tiene sus preocupaciones y sus desvelos. Luchas, pandemias, crisis climáticas, guerras. Y aunque hace mucho que no tenemos generaciones atravesadas por la revolución, más temprano que tarde será preocupación o expectativa. Es signo de la época.

La clase trabajadora, como parte de la lucha por su existencia debiera luchar contra un sistema que atenta contra la vida, y esto es siempre, en particular contra la infancia. Las preocupaciones, vivencias y construcciones subjetivas de la infancia dependen de la vida por la que pelea la clase trabajadora. En un mundo en crisis, en el que la vida de millones está en riesgo, claramente los niños de la clase obrera la pasarán mucho peor.

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El bombardeo de información falsa, sesgada, intencionada, impacta en la infancia que la procesa con sus herramientas. Con ello las y los niños juegan, imaginan, se preocupan, sufren, construyen mundos, insertos en uno caracterizado por desigualdad, violencia y privaciones que no generan y que no pueden resolver, pero que saben que les impactará en sus vidas. Proponen mundos a su medida pensando el que debería ser, y no el que es. Por eso preguntan con sentido justiciero y racional, cuestiones que parecen no abundar.

Sus preocupaciones, dudas y respuestas posibles, tienen que tener lugar en las escuelas, los patios y las aulas. Millones están en vilo siguiendo los acontecimientos que ocurren a miles de kilómetros, pero que nadie ingenuamente piensa que no impactará en nuestras vidas. El precio del gas y el del pan ya acusaron recibo.

Cada vez es más evidente que el capitalismo imperialista no puede ser el timón del destino de la humanidad. Los y las niñas lo sienten en su genuino deseo de un mundo distinto, tienen la capacidad de pensar más allá del presente de crisis y guerra.

Esa capacidad de imaginar y pensar otro mundo, otros mundos, debería permitirse y alentarse que eduque a los y las propias educadoras, para que seamos sujetos de cuestionar la realidad y no naturalizar, por ejemplo, los discursos que parecen obligarnos a “tomar partido” entre la agresión militar de Putin o la política agresiva a escala mundial de la OTAN, ambas opresoras.

Así también estaría en nuestro horizonte la posibilidad de construir y vivir en un mundo que termine con la opresión y la explotación capitalista. Al fin y al cabo, : la única manera de terminar con las guerras, hambrunas, miserias, padecimientos, desastres ambientales, peligros nucleares, pandemias y muertes evitables, que tanto preocupan a esa mirada atenta y sensible de niños, niñas y jóvenes.


Virginia Pescarmona

Docente, Corriente 9 de abril/Lista Bordó, Mendoza

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