El gobierno culpa al magisterio que lucha contra la reforma educativa de la violencia desatada por el crimen organizado. Las fuerzas represivas son enviadas contra los maestros.

Sergio Abraham Méndez Moissen México @SergioMoissens
Martes 5 de julio de 2016
Este fin de semana el gobernador Astudillo Flores, del Partido Revolucionario Institucional, afirmó que las manifestaciones del magisterio contra la reforma educativa dañaban más la entidad que la “narcoviolencia”. Indignante.
Esta declaración se sumó a la exigencia del empresariado guerrerense al gobierno para que ponga fin a los bloqueos y garantice la “libre circulación” en la Autopista del Sol. Los quejosos son los empresarios agrupados en Confederación de Cámaras Empresariales e Industriales de Guerrero (Concamingro).
Mientras tanto, este lunes, Roberto Álvarez Heredia, vocero en temas de seguridad estatal, declaró que “el movimiento de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero (CETEG) contra la reforma educativa ‘ocupa y distrae’ la atención de las corporaciones policiacas federal y estatal en la entidad.” Y que por eso, alrededor de 1,500 efectivos fueron enviados a Oaxaca para enfrentar a maestros y pobladores que protestan.
Una confesión evidente: los tres niveles de gobierno despliegan al ejército, la policía y la gendarmería contra el magisterio que encabeza la protesta social.
La función de las fuerzas del orden no es, ni nunca fue, combatir al crimen organizado. ¿Cómo lo sería, si son parte de la misma corporación, como se evidenció en la masacre de Iguala y con la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa?
El monopolio de las armas por parte del Estado tiene como único fin disciplinar y acallar la protesta social. En estos días el objetivo es silenciar el movimiento contra la mal llamada reforma educativa, que implica la degradación de las condiciones laborales de las mujeres y los hombres que enseñan a leer y escribir a los hijos del pueblo trabajador. Así fue que asesinaron a sangre fría a 11 profesores y pobladores en la masacre de Nochixtlán este 19 de junio.
Otra afrenta contra Ayotzinapa
Como si esto fuera poco, este lunes 4 se llevó a cabo otro golpe contra el normalismo y el magisterio. En Tixtla fue levantado y asesinado el maestro Gelacio Navarrete Morales, el responsable del taller de talabartería en la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, a plena luz del día.
Estuvo unas horas desaparecido y por la tarde apareció su cuerpo, sobre la carretera federal que une Chilpancingo y Tixtla, a la altura del cerro Machohua.
El fiscal señaló a la prensa que se desconocen los móviles del crimen. Pero es un secreto a voces que con el asesinato del profesor Navarrete Morales se pretende acallar el reclamo de justicia de Ayotzinapa.
Hoy, más que nunca, es necesario que el magisterio de todo el país, así como trabajadoras y trabajadores de los sectores públicos y privados, universitarios, normalistas, organizaciones sociales y de derechos humanos, se sumen a la lucha contra la reforma educativa, la represión y en defensa de Ayotzinapa y todas las escuelas normales.