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CRÓNICAS OBRERAS. Habitúe pesadumbre

Viernes 19 de septiembre de 2014

En medio del armónico silencio de la fría noche, un crujido da un sobresalto a tus sueños que tras una reacción tardía luego del sobresalto, entiendes que es esa alarma que te atormenta cada mañana. Con la esperanza de recuperar un poco de sueño la retrasas 10 minutos que a estas horas tan valiosos parecen. Vuelves a recostar tu cabeza buscando la tranquilidad que ha robado ese maldito sonido, pero tu mente comienza a reflexionar aquello que tu cuerpo ha dejado pendiente la noche anterior. Miras a tu compañera y recuerdas cómo se durmió preocupada por no haberte visto comer, aunque dijiste no tener hambre, ella no te creyó.

El sonido de la alarma vuelve a interrumpir el momento, ya no pudiste recuperar la armonía del sueño pero ahora tu mente está ocupada en otras cosas y, aunque desearías poder disfrutar la compañía de tu familia, sabes que tan necesario son esos pesos "demás" del presentismo.

Con la sensación de no haber dormido bien y el cansancio que sientes te levantas al fin y mientras preparas las cosas para partir hacia la parada del colectivo, solo piensas en si otra vez la hora de volver se extenderá, si otra vez el encargado vendrá hacia tí a informarte que debes hacer horas extras.

En medio del frío de la madrugada esperando el colectivo, llega tan ruidoso pero solo por sus partes flojas, puesto que, por más que vaya lleno de gente, en su mayoría duermen tapados por sus propios abrigos intentando refugiarse del clima o bien, mirando a la nada. Solo un saludo amistoso, sin cruzar palabras por no interrumpir el sueño de los demás, por no ser ese sonido macabro que les quite el descanso. Te preguntas si será la temporada de producción alta, la que al parecer a todos destruye.

Entrando a la fábrica encontrás un escenario familiar, aunque estremecedor. Aquel quien solo saludabas con un gesto lejano de simpatía, lo frenó delante de tí la seguridad privada de la empresa, y ante su atónita mirada le dicen que debe presentarse a la agencia tercerizadora para la cual está contratado.

Inevitablemente viajas a aquel momento, no muy lejano y cercano a fin de año, luego de una jornada calurosa de trabajo, agotadora, sonó tu teléfono y te informaron la baja de la agencia por la cual estabas contratado. Sólo atinas a ponerle una mano en su hombro y a pesar de nunca haber tenido una relación más que ese cruce de miradas, comprendes bien su situación y con un cierto dolor continúas el camino que ya de antemano tenías marcado y del cual no puedes alejarte.

En la mesa de trabajo, mientras esperan que esa sirena que anuncia el fin de la relajación antes de lo que prometía ser una dura jornada laboral, con el tibio sonido de esa orquesta de ruidos típicos de máquinas que están comenzando a encender algunos operarios, preparando su lugar, los comentarios sobre esa persona aumentan. Que no debía descuidar el trabajo, que tiene una hija y que habría faltado por su enfermedad, no pareciera mal tipo pero todo indicaría que, en principio, sólo se intenta buscar el error del trabajador, quizás, para aprender de ello y lograr sobrevivir a un día más en la fábrica, ya que, ¿Qué te diferencia? Mañana mismo puede ser tu situación, pues tú también faltarías por cuidar a tu familia si eso fuese necesario. Después de todo, la vida no es el trabajo. De fondo se escucha ese escándalo que produce la sirena, aún la temperatura es muy baja y solo el calor de algunas estufas llega tibiamente hacia donde estás ubicado. Las puertas se van cerrando impidiendo, como castigo, la entrada a quien llega más tarde, quizás sean señales de que todo cambiaría, de que aquella temporada estaría terminando. De pronto se notan espacios y lugares vacíos en la fábrica, con la rotación de gente se hace difícil recordar las caras, pero la falta de quejidos de ciertas máquinas ya viejas hace notar la ausencia de sus operadores. Las pérdidas del aire comprimido que sale de las viejas instalaciones de la fábrica sólo aumentan el escándalo de las pocas máquinas que aún están funcionando.

Miras a tus costados y sólo ves compañeros con la mirada casi perdida, el trabajo repetitivo ya es costumbre y, casi naturalmente realizas cada movimiento. Para tu sorpresa hasta el más nuevo se adaptó a estos movimientos, recuerdas cómo fue su primer día, cuando, con su ropa tan prolija cuidaba cada movimiento, revisaba las cosas más de la cuenta y trabajaba a rajatabla con la esperanza de ser efectivizado. Él mismo se dio cuenta, no hizo falta ir preguntando a los más viejos como normalmente el resto tuvo que hacer, de que no importaba cuánto te apures, de cuánto intentes demostrar, todos somos uno más. En ésta etapa de maduración, ¿Estará el pensando, como los demás en la línea, en el momento que les toque a ellos? ¿Se dará cuenta que el ambiente entre compañeros dice que ese fue sólo el primer despido de los cuales todos sienten que podrán ser parte? Sin dudas él si nota la ausencia de los que juntos hicieron la revisión médica y entrevistas grupales en las que les prometieron más de lo que les entregaron. Pensará, como alguna vez pasó por tu mente, que quienes hoy estaban a su lado, sólo por ser "mas viejos" tendrían más seguridad en este momento en el que, al parecer, era cuestión de momentos poder perder la fuente laboral y tener una familia más a la deriva. En tu cabeza solo ronda esa frase que escuchaste, "afuera la cosa está jodida", y pronto asientes, pues recuerdas a un ser querido quien aún sigue buscando trabajo y notas que no es solo cuestión de suerte, algo no está bien. Entre medio de la incertidumbre y los pensamientos, asombrado miras como, casi sin querer, seguís produciendo.

De pronto el silencio se rompe y la curiosidad se dirige hacia esas voces. Las primeras sonrisas de la jornada, ya un ritual los primeros días de la semana, son debido al Fútbol, pues, hubo un par de apuestas que en medio de cargadas debían ser cobradas. La distensión se hace notar, alguien saca el celular a escondidas, que a pesar de tener a su pareja embarazada, por reglas de la empresa no permiten el uso de celulares y por cualquier emergencia solo deben llamar a la fábrica y de ahí derivarían el llamado a quien lo necesite. Alguien más a modo de mantenerse comunicado, manda mensajes a alguien, lo que te hace recordar que aún hay un mundo afuera. De pronto las burlas se hacen murmullos, cuando alguien da la señal y aparece, con mirada seria y planeando encontrar algo fuera de lugar, el encargado de sector, quien controla celosamente cada plantilla de producción y si alguien está fuera de su puesto, quien de un momento a otro desaparece por entre medio de las mesas para seguir su acecho en otra parte.

La mañana transcurre y los diez minutos para tomar mate cocido y estirar las piernas parecieron insuficientes, sólo sirvió para calentar un poco el cuerpo que, a esas horas de la mañana aún no se había adaptado a las bajas temperaturas de la fábrica. La hora del almuerzo se acerca pero eso sólo significa una cosa, estar más cerca de el horario de salida. Ya en el almuerzo alguien te ofrece de su comida, aún con tu negación, nadie parece creer que no tenés hambre, e incluso acertadamente escuchas alguien decir "yo tampoco tengo para comprar, que no te de vergüenza, come" pero vuelves a negarte. La libertad de poder charlar se siente y cualquier tema es abordado, "¿Vieron esa fábrica que recuperaron los trabajadores?, ¿Qué pasaría acá si hiciéramos algo así?"; "Hoy no habría una nueva familia en la calle" piensas, pero los sueños de los trabajadores van más allá, "Podríamos descansar un poco más" dicen unos mientras otros fantasean, "Pondríamos comedor así nadie se niega a comer", comentan otros con un tono burlón. Y en el momento en que todos parecen fantasear con lo mismo, te das tiempo a pensar. "¿Podré estar mejor, quizás, si me voy a otra fábrica?; ¿Por qué aguantar tanto abuso?". Sin lugar a la meditación, intuyes que ya se terminó la hora pues, los más ansiosos u oprimidos ya se levantan y comienzan a volver a sus lugares que, cuando el timbre suena, a pesar que muchos siguen sentados ganando tiempo de descanso, ya se encuentran en la mesa de trabajo. Aquellos, que aún arriesgándose a los llamados de atención por los minutos que habrían hecho perder a la producción, lentamente se van levantando de sus mesas, algunos con ánimos de seguir las conversaciones que han surgido en esta media hora de descanso, otros como intentando disfrutar los últimos instantes de “libertad” van entrando de a uno a las líneas.

Sólo queda esa pregunta rondando en tu mente, y no encuentras explicación, y mientras un encargado reta a uno de sus dirigidos por ir al baño sin avisar, te vuelves a cuestionar la motivación por la que sigues firmemente en ese lugar, ¿No habrá mejor fábrica, donde pueda estar más tranquilo? Quizás con un poco de suerte podrías instalar tu propio proyecto, donde puedas decidir cuántas horas dedicarle, donde puedas en cualquier momento poder ver a tu familia, disfrutar verdaderamente de ella. Los recursos están en cada uno, sientes que estratégicamente podrías proyectar lo que quisieras, pero no tienes el capital para poder lograrlo. ¿Por qué solo unos pocos se benefician en este mundo? Cuántas cosas podrías hacer con tiempo, ¿Acaso podrías retomar aquella carrera que tuviste que abandonar, justamente por falta de tiempo y dinero? No quisiste conformarte sólo con cursos de capacitación, pero sientes que aquellas carreras tan largas y con tantas demandas no podrían ser para cualquiera.

A pesar de todo se acerca la fecha de cobro, no ha de ser más oportuna aunque muy esperada, sin aún haber cobrado un peso ya llevas gastado más de la mitad. A pesar de eso sólo esperas no tener más sorpresas en el recibo, esas cosas que pasan de forma "despistada" pero quienes no revisan sus recibos jamás reclaman esas horas extras que no están, ese presentismo que fue quitado injustamente, esas horas normales trabajadas que, casi de costumbre, olvidan agregar.
Comienzas a sentir el cansancio debido al descenso del ritmo de trabajo que por la hora ya se hace difícil no pensar en la salida. Alguien dio la orden, comienza a limpiar, ordenar el puesto, en el apuro se caen tornillos y las bromas vuelven a aparecer, aquel partido de fútbol parece ser el tema principal, la gente comienza a caminar entre las líneas, escondiéndose de algo que parece más que obvio, todos ahora sí esperando el timbre de salida. Aunque es el mismo es muy distinto, cada sensación lo define, empiezas a comprender el porque, la razón por la que sientes firmeza, y eso lo verás en un rato. Ya sonó el timbre y a escondidas miras el celular, la fila es enorme pero avanza rápida, los viejos vienen caminando lento hablando de sus vidas y los jóvenes ya están arrancando sus motos dando su propio concierto, alguien busca quien lo alcance y otro vuelve corriendo para adentro, algo se habrá olvidado y muy probablemente tenga que ver con el abrigo que cada mañana del frío invierno nos vemos obligados a usar, y que a medida que transcurre el día podés ir despojando algunas prendas sobre las líneas de trabajo. Esperando el colectivo se sienten bocinas por todos lados, saludos, cargadas son testigos de ellas. Al subir al fin marcás el boleto y buscas asiento para al fin dar un primer descanso. Meditando el día, la vida dura que te ha tocado sólo por pertenecer a la clase que saca adelante cualquier cosa que se le interponga, pero que recibe muchos obstáculos de forma planeada por otras clases. Con las inquietudes que aún rondan por tu cabeza, la de ese chico que no conocías pero aún así hoy es parte de tus preocupaciones, el temor por la posibilidad de que te pueda pasar, ¿De donde sacarías fuerzas para poder salir adelante?. Y es que no sería la primera vez que pase, pues, de todos los trabajos que has tenido, no pudiste librarte del trabajo tercerizado. Sientes cansancio por lo que cierras los ojos y comienzas a comprender el destino, la llegada al fin después de un día agotador, imaginando a tu hija recién bañada esperándote, corriendo a tus brazos para llenarte de sonrisas y cariño. Tu compañera esperándote con alguna atención, un mate, un té, un simple abrazo... El sueño te vence una vez más y con una sonrisa respondes indirectamente aquella inquietud a media mañana.