Las autoridades de las universidades públicas chilenas se han esforzado por instaurar un discurso sobre democracia, pluralidad y pensamiento crítico “al servicio de la comunidad y del país” desde la vuelta a la democracia. El ejemplo más visible de esto es la Universidad de Chile, que a pesar de lo que muchos piensan no cumple con lo propuesto por sus autoridades, sino que es un ejemplo de educación neoliberal y de falsa democracia.
Martes 26 de julio de 2022

En el punto que quiero detenerme en este artículo, se relaciona directamente con la base económica del sistema educativo chileno, y es la democracia universitaria, ya que mientras más privatizada sea la educación menos democracia hay. En el caso de la Universidad de Chile, que intentan mostrarla como un ejemplo democrático, el fenómeno es más complejo, porque cuenta con un Senado universitario desde el 2006, centros de estudiantes, teníamos federación hasta el 2019, y otros organismos democráticos, pero que tiene poco peso en la realidad si es que los separamos de la fuerza que pueden mover. Cualquiera puede darse cuenta que los organismos democráticos dependen de la correlación de fuerzas que construyan y movilicen, o que puedan controlar pasivizando a ciertos sectores. Y justamente ha sido esto último lo que han buscado las autoridades académicas y organizaciones de estudiantes reformistas cuando han surgido movilizaciones exigiendo mayor democracia.
Distintas movilizaciones de estudiantes y de funcionarias/os han chocado con los límites de la democracia en la Universidad de Chile y en otras casas de estudio, por ejemplo los paros y tomas en el “mayo feminista” el 2018, las movilizaciones por salud mental del 2019, y la reciente lucha biestamental de Juan Gómez Millas. Cada uno de estos procesos han cuestionado las formas de democracia que existe al interior debido a que solo una pequeña parte de la comunidad educativa toma las decisiones mientras el resto, que somos mayoría, quedamos fuera.
En un artículo reciente publicado en Le Monde Diplomatique Chile, cuyo autor es militante de Convergencia Social, señala que:
“No puede ser tampoco que al interior del Senado Universitario, órgano a cargo de la función normativa de la universidad, exista una brecha tan abismal entre la posibilidad de participación de académicos (27 cupos) versus la de estudiantes (7) y la de funcionarios (2). No es razonable que como estudiantes y funcionarios no tengamos voto en nuestros propios consejos de facultad, y tampoco que no tengamos poder de decisión sobre quien regirá nuestra casa de estudios —lo cual dista incluso de la realidad universitaria anterior a la dictadura—.”
El artículo señala que en el contexto del proceso constituyente la UChile debe ser una de las instituciones que muestre un camino para avanzar en la democratización de la educación. ¿Pero de quién depende que esto suceda?
El autor confía en que la nueva Constitución traerá consigo un nuevo marco democrático desde donde comenzar el cambio, pero deja de lado lo que nombrábamos unos párrafos más arriba, las movilizaciones de estudiantes y trabajadores, como si desde arriba se puediera cambiar el régimen autoritario heredado de la dictadura.
En realidad, para hacernos cargo como comunidad universitaria del problema de la democracia, tenemos que centrar nuestros ojos y pensamiento en las y los actores de la democracia que hemos sido marginados de la institucionalidad debido a los límites expuestos. Les estudiantes y las y los trabajadores hemos dado ejemplos de como se practica la democracia verdaderamente. El proceso de paro y toma biestamental de Juan Gómez Millas muestra la síntesis de años de experiencia acumulado por la comunidad de cómo se ejerce la democracia, tomando como base las asambleas resolutivas, con métodos de democracia directa de manera biestamental, superando a los organismos estudiantiles y sindicales existentes en pos de la unidad en la discusión y en la lucha.
Si bien es necesario avanzar en la democratización del senado universitario para ampliarlo a estudiantes y funcionarias/os, o que tengamos derecho a voz y voto en los consejos de facultad, la pelea por democratizar nuestras casas de estudio tiene que ir más allá. Primero asegurando estabilidad laboral pasando a planta a todxs lxs trabajadorxs y contratando más personal para enfrentar la sobrecarga laboral, dando buenas condiciones para estudiar, luego tenemos que potenciar las instancias de discusión y deliberación desde las bases para unirnos en base a un programa unificado como estamentos.
Desde VENCER creemos que para que las universidades estén al servicio de las necesidades pueblo trabajador, que es la mayoría en Chile y el mundo, deben ser dirigidas por un gobierno triestamental, electo por voto universal y donde cualquier miembro de la comunidad pueda presentarse para ocupar los cargos, que deben ser revocables, y las decisiones deben ser discutidas y ratificadas por asambleas de facultad. Esto solo será posible si enfrentamos a las autoridades y a los grupos políticos que se han acomodado al régimen actual de la U, como lo han hecho las, les y los compañeros de partido de Boric, que desde hace más de una década vienen ocupando puestos en las mesas de federación, en el senado universitario, y en los centros de estudiantes. Y durante años han despreciado las demandas de trabajadores y estudiantes que luchan por mayor democracia de base tildándonos de “radicales” o “ultras”.
Hoy ellxs mismxs, confían en que el cambio de constitución abrirá las puertas para cambiar esta realidad. De hecho ya están haciendo campaña por el Apruebo. Pero no han movido ni un dedo para apoyar la lucha actual de las y los funcionarios para mejorar sus condiciones laborales o de les estudiantes que luchamos por una universidad que nos entregue lo mínimo para poder estudiar bien. Prefieren abocar sus fuerzas en hacer campaña por el plebiscito mientras ignoran los procesos de movilización que se gestan en la base que exige mayor democracia.
Que no nos engañen con sus citas grandilocuentes y con intentos de hermosear el proceso constituyente, la democracia al interior de las universidades y en país se gana con organización y lucha contra quienes nos someten en distintos planos. Para hablar nuevamente de democracia en la educación pública tenemos que volver a hablar de lucha de clases, de la unidad entre estudiantes, trabajadores de la educación y académicos (cuya mayoría está precarizada). Solo así, con esa unidad, podremos construir una educación pública al servicio de las grandes mayorías.

Yuri Peña
Licenciado en Historia. Estudiante de pedagogía en la U de Chile. Militante de VENCER y del Partido de Trabajadores Revolucionarios