Nicole es una joven lesbiana que fue torturada durante una semana y asesinada brutalmente, su caso aún no encuentra eco en la justicia, a pesar de haber evidencias y peritajes que han arrojado sospechosos.
Sábado 16 de diciembre de 2017

Torturada durante siete días, Nicole fue encontrada con solo 30 horas de defunción. Quien la secuestró la tuvo bajo su voluntad durante todo ese tiempo y finalmente la mató, pero la familia realizó la denuncia al momento de su desaparición, por lo que se presume que su muerte podría haber sido evitada, considerando la diferencia de horas.
Esto se relaciona con la denuncia de la familia de la víctima (principalmente su prima, quien se ha encargado de que el caso de Nicole no sea olvidado) sobre la inoperancia y (de mínima) insuficiente prioridad al caso que le ha otorgado el fiscal Juan Emilio Gatica.
Está claro que la justicia en manos de los grandes grupos del poder están más preocupados de mantener las condiciones para que todo funcione según sus valores, de base económica, que de generar una sociedad más justa e igualitaria (de ahí que la mayor parte de la población carcelaria esté relacionada con crímenes contra la propiedad privada).
La muerte de Nicole se relaciona con sus elecciones sexuales. La nula búsqueda de justicia (para al menos dar algo de tranquilidad a la familia) se debe a su condición social. La diversidad proletaria y precarizada es una de las franjas más oprimidas de esta sociedad.
Sin embargo, la familia y todos sabemos que incluso encontrando y encarcelando a él/los responsables de la muerte de Nicole no se evitarán las muertes de personas de la diversidad sexual (recordemos el caso de Daniel Zamudio, que fue tan devastador que inspiró una ley contra la discriminación) y tampoco revertirá que mujeres (que objetivamente estamos más expuestas, tanto por nuestras condiciones físicas, como por la sociedad en la que vivimos) sigamos mueriendo. Solo este año hubieron 66 femicidios ya, entre los cuales están aquellos que la justicia tipifica solo como ‘homicidios’ incluyendo este mismo caso.
La solución a este complejísimo problema, literalmente de vital importancia, es difícil de vislumbrar. Pero al menos podemos observar que es un problema estructural de nuestros (y anteriores) tiempos, pues el machismo es intrínseco y cotidiano, es compañero y esclavo del sistema. Es servil a él: a veces se expresa en la diferencia de los sueldos entre las mujeres y sus compañeros hombres. Llega a su nivel más brutal cuando se concreta en la muerte de la mujer.
Es necesario levantar una gran fuerza organizada de las mujeres y la diversidad sexual, que en compañía de nuestros compañeros trabajadores, en una ardua y constante tarea por reeducarnos, luchemos por eliminar las condiciones en las que mantienen y proliferan conductas machistas, que se expresan en todo el mundo y en muchísimos niveles. Ni una mujer menos. Ni una muerta más.