Una jornada negra fue la de ayer respecto al coronavirus, en las 24 horas más críticas desde que llegó la pandemia al país. En un solo día se superaron el total de contagios del primer mes en Chile. Mientras tanto el sistema sanitario se acerca al colapso. Hay que pelear por un programa de emergencia para que esta crisis no la pague el pueblo trabajador.
Miércoles 20 de mayo de 2020
Si el día lunes estuvo marcado por las protestas por hambre protagonizadas por pobladores de El Bosque, ayer fueron centro de la discusión las cifras negras de la pandemia en el país.
En 24 horas se superó la cantidad de contagios totales contabilizados entre el 3 de marzo y el 3 de abril. Es que el día de ayer, en el informe epidemiológico diario, se dio cuenta de un total de 3.520 nuevos infectados, marcando un nuevo y triste récord y llegando a casi 50 mil contagios totales.
Al mismo tiempo, se alcanzó un peak de fallecimientos diarios, llegando a 31, los que totalizaron, hasta las cifras entregadas el día de ayer, los 509 en todo el país. De estos casos, el 62% se concentra en la Región Metropolitana.
Con estas nuevas cifras, desde hace 15 días cada nuevo informe ha superado los mil contagios diarios, y entre el 5 y el 19 de mayo se promedió un total diario de 1929 personas, mientras que tan sólo en ese período se concentra el 58% de los contagios totales en Chile.
Pero no son las únicas cifras que preocupan, ya que hasta el informe oficial del día de ayer, se llegó a un total de 876 pacientes en unidades de cuidados intensivos, de los cuales 728 requieren de ventilación mecánica. En términos totales, de los 2.130 ventiladores, hay 1.675 ocupados, llegando a un 78,6% de ocupación de ventiladores mecánicos, el porcentaje más alto desde el inicio de la pandemia, con tan sólo 455 disponibles.
Esta situación se agrava en las comunas populares. El Hospital El Pino, de San Bernardo, vivió por segundo día consecutivo protestas de sus trabajadores que utilizaron las sirenas de las ambulancias para denunciar el colapso hospitalario. Allí simplemente se llegó a una ocupación total, frente a la alta demanda de camas críticas producto del virus.
Esto en el marco de que la situación de la Región Metropolitana empeora. En el último informe concentró el 89% del total de nuevos casos, y el 77% de los nuevos fallecidos.
Según el informe de la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva en la zona Occidente y Sur Oriente sólo habrían disponibles dos camas críticas. Justo en las comunas donde se concentran los sectores populares y las familias obreras de la capital.
Mañalich y Piñera nos llevan a una tragedia: ¡Hay que enfrentarlos!
Las medidas del gobierno están empujando a una tragedia que quieren que pague el pueblo trabajador y las familias obreras y populares.
Dicen hipócritamente que se prepararon desde enero, pero cada vez se hace más acuciante el problema de la disponibilidad de camas críticas, ventiladores y capacidad hospitalaria, con el aumento sostenido de nuevos contagios.
Al mismo tiempo, se mantuvieron semanas realizando menos testeos de su capacidad total. Y este sistema privatizado, donde se lucra con la salud de las personas, es tan irracional que durante las semana pasada diversos centros médicos privados dieron cuenta que no podían realizar exámenes PCR por falta de stock.
Y hace menos dos semanas Piñera seguía insistiendo en el “retorno seguro” y “nueva normalidad”, para que se volviera a producir para aumentar las ganancias empresariales.
Esto sin mencionar el problema del hambre al cual se han visto arrojado sectores que han salido a protestar como en El Bosque, producto de la política de la “ley de suspensiones” y la facilidad que tienen los empresarios para despedir, sumado a que trabajadores informales no pueden generar ingresos producto de la pandemia.
El gobierno, además de permitir despidos, de proponer suspensiones que reducen los salarios y obliga a los trabajadores a financiarlos con sus propios fondos de cesantía, entrega un miserable bono de hambre de 65 mil pesos por carga, y ahora ofrece canastas básicas familiares que serán totalmente insuficientes cuando la pandemia está lejos de pasar.
¡Por un programa de emergencia para que esta crisis no la pague el pueblo trabajador!
Pero hay ejemplos de lucha y resistencia que debemos tomar. Pobladores de El Bosque que salieron a protestar, seguidos de otros sectores populares, cacerolazos que se extendieron por Santiago y otras ciudades.
A su vez hay luchas obreras como mineros en huelga de Guanaco y Franke, siendo los primeros duramente reprimidos.
La alianza entre la clase trabajadora y los sectores populares puede ser realmente imparable. No olvidemos que fue esa alianza la que se mostró germinalmente el 12 de noviembre, cuando todo el régimen tembló con el mayor paro nacional desde la década de los 80’ en el país.
Es necesaria esa alianza para poner en movimiento esas fuerzas, e imponerle a la CUT, que hasta hoy se mantiene inmóvil frente a los ataques, un verdadero plan de lucha y la convocatoria a un paro nacional para que esta crisis no la paguen las familias obreras.
Un programa de emergencia que parta por un impuesto extraordinario a las grandes fortunas del país, y financiar de esa manera un salario igual a la canasta básica familiar o 500 mil pesos para todos los trabajadores informales, y que contemple el paro de los sectores productivos no esenciales, con el pago íntegro del salario a sus trabajadores.
A su vez es necesaria la unificación del sistema de salud privado con el público, nacionalizando clínicas y laboratorios privados bajo control de sus trabajadores, para poner toda esa infraestructura al servicio de combatir la pandemia.
Con los recursos naturales que han sido saqueados por los empresarios podrían costearse insumos médicos, ventiladores, camas críticas e infraestructura hospitalaria para enfrentar la pandemia, ¡Nacionalización sin pago y bajo gestión obrera para poner esos recursos al servicio de las necesidades de las grandes mayorías!
Es necesario pelear para que esta crisis no la pague el pueblo trabajador.