Esta epidemia aparece en medio de un sistema capitalista en decadencia.

Emilia Macías @EmiliaMacas1
Viernes 20 de marzo de 2020
Mostrando cómo desde China hasta Estados Unidos caen al ataque de un nuevo brote epidémico y demostrando que las décadas de neoliberalismo, del saqueo capitalista, se ocuparon en derribar cualquier conquista social anterior, como el sistema de salud, con el derecho gratuito a tratamiento de enfermedades.
En los supermercados hay estantes vacíos, los hospitales se están quedando sin materiales y sin personal sanitario. Ya desde un año antes, en medio de los recortes presupuestales del gobierno de la 4T, los usuarios de servicios especializados como los pacientes de cáncer y con VIH positivo, comenzaron a salir a las calles en protesta por no haber suficientes medicamentos. El gobierno, pasivamente espera a que llegue la fase 2, sin la garantía de disponer de pruebas y equipos suficientes.
Mientras que la crisis sanitaria avanza, el gobierno de López Obrador sigue endeudando al país pagando la deuda externa y manteniendo a la Guardia Nacional a quien se le destinan 70 mil millones de pesos al año. Este presupuesto debe utilizarse para responder a la pandemia y sustentar todos los gastos.
Poner toda la producción al servicio de frenar la crisis sanitaria
Para poder frenar esta epidemia lo más rápido posible, necesitamos las "manos” de todos y todas, y que cada industria se ponga al servicio para atender la crisis sanitaria. Pocas empresas han dejado de producir su mercancía para generar materiales necesarios para controlar o curar la crisis sanitaria que sacude al planeta entero. Los trabajadores tenemos que exigir esta medida radical al gobierno, contraviniendo los intereses de los grandes capitalistas, avanzando en tener en nuestras manos el control de la producción para enfrentar esta crisis que golpea en primer lugar a las grandes mayorías.
En Escocia, la distribuidora de cerveza artesanal Brewdog comienza a producir gel antibacterial para regalar a las comunidades locales.
En Francia, el grupo LVMH elabora desinfectante para manos en tres de sus fábricas de perfumes y cosméticos para distribuirlas en hospitales franceses que luchan contra el COVID-19. Se producirán doce toneladas en vez del maquillaje y perfume habitual de diferentes marcas francesas. También algunos productores independientes de ginebra han cambiado su producción.
El gobierno británico ha hecho la sutil sugerencia a diferentes marcas de autos como Ford, Jaguar, Land Rover que apoyen con la fabricación urgente de tanques de oxígeno. Pero eso no basta, durante la segunda guerra mundial, no les sugirieron, impusieron la intervención estatal en la industria privada y ocuparon sus instalaciones para producir aviones y tanques en lugar de autos. Lo hicieron todos los países beligerantes en aras de una enorme matanza humana, ahora es necesario que se haga para salvar millones de vidas, cosa que obviamente no tiene reedito económico, como sí los tuvo la industria bélica. Los grandes capitalistas, que hoy obligan a millones a exponerse al contagio, tienen que poner los recursos para pagar la crisis.
Pero ¿qué pasa con las otras miles de empresas alrededor del mundo? ¿Por qué ahora no obligarlos a que produzcan para salvar millones vidas produciendo lo que se necesite?
Algo que hay que tener en cuenta es que al gobierno poco le interesa garantizar recursos para solucionar la crisis, ha recortado el presupuesto al sector salud, con la supuesta austeridad republicana se despidieron miles de trabajadores y trabajadoras, comoa las enfermeras del INER, -de por sí acosadas laboralmente con contratos ilegales- entre otras medidas.
Para garantizar que haya recursos, como cubre bocas, tanques de oxígeno, desinfectantes para manos, pruebas de COVID-19, trajes especiales, hogares para gente que vive en las calles y muchos otros más, se pueden utilizar diferentes sectores de la industria ya sea el sector de automóviles, la industria textil, la farmacéutica, las agencias inmobiliarias,etc.
Se tiene que buscar la manera para ponerlas al servicio de la sociedad. Pero, es aquí donde los y las trabajadoras tiene que pelear por poner su fuerza de trabajo al servicio de la sociedad, cuestionando los planes patronales de producción que les exponen y siendo ellxs quienes el controlen la producción, pues son ellos los que saben cuáles son las necesidades y faltantes en los servicios de salud, mientras que también discuten en qué condiciones de trabajo se realizan estas tareas.
A los patrones no les interesan las condiciones de seguridad de sus trabajadores y trabajadoras .
En muchas fábricas la producción no ha parado ni han implementado medidas para evitar el contagio. Los y las que tengan que estar en casa por cuidar a enfermos o niños deben obtener licencias con salario completo, que sean pagadas integramente por las empresas y dependencias.
Los gastos de producción no pueden pagarse de los impuestos cobrados de la clase trabajadora ni a costa de arriesgar su vida. Tiene que salir del bolsillo de los grandes capitalistas, mexicanos e internacionales, imponiéndoles impuestos extraordinariamente progresivos sobre sus inmensas fortunas.
Es importante que todos los sectores estratégicos sean estatizados y controlados por los mismos trabajadores para que las empresas privadas no lucren con nuestra salud ni con nuestras necesidades.
Pero no sólo se queda en el control de una fábrica, hay que avanzar desde todos los sectores de la industria, para que la clase trabajadora sea la que controle qué producir, para quiénes y de qué manera.
No es imposible acabar con esta pandemia.
Desde la clase trabajadora y las fábricas, se tiene que implementar comités que discutan medidas para responder a esta crisis, con un programa que priorice nuestras vidas antes de sus ganancias. Pero vayamos más allá, transformemos de fondo este sistema de miseria que enriquece a unos cuantos mientras mueren miles en las salas de espera.