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Red Internacional
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Atada con alambre. “Hay una sola CGT”, pero Moyano y Palazzo faltaron a la primera foto

El congreso de Parque Norte selló la "unidad". ¿Pero a qué costo? Una rosca que dejó heridos y hasta hizo que Moyano se enfermara a último momento y solo pudiera participar por teléfono. La foto que no fue y los tiempos que vienen.

Lucho Aguilar

Lucho Aguilar @Lucho_Aguilar2

Viernes 12 de noviembre de 2021 01:06

Los últimos minutos del Congreso de este jueves resumen el momento que vive el sindicalismo peronista. El salón de Parque Norte está casi lleno. A los 1800 congresales hay que sumarle los patovicas que llevó cada gremio, que por su tamaño y cantidad ocupan una buena parte del público. Uno se pregunta a quién le tienen miedo los jefes, si hace poco festejaron el Día de la Lealtad y acaban de sellar la unidad. Desde una de las barras sale el canto “y ya lo vé / y ya lo vé / hay una sola CGT”. En el escenario algunos se prenden, otros no pueden disimular el desencanto. Algo falta. Héctor Daer toma el micrófono y anuncia que “Pablo Moyano está con fiebre, por eso no pudo venir, pero nos va a dirigir una palabras por videoconferencia”. Sin embargo, su rostro tampoco aparece en la pantalla. Un llamado telefónico, latoso, empieza a escucharse desde los cuatro rincones del salón. El camionero dice que el domingo hay que votar al gobierno pero remarca que "no vamos a ser un apéndice de ningún gobierno", contradiciendo a otros dirigentes que tomaron la palabra. En el escenario no solo falta él. Sergio Palazzo se fue hace rato. El más “kirchnerista” de los líderes cegetistas a esa hora está en Merlo por entrar al acto de cierre del Frente de Todos. Desde los mismos parlantes, se escucha la voz de una locutora que lee el primer documento de la “nueva” CGT. Uno le pone onda pero cuesta seguir el hilo. Está lleno de palabras que dicen poco, como si fuera algo hecho para que lo pueda firmar cualquiera. Antes de que caiga la tarde podemos decir que la CGT “reunificada” tiene día de nacimiento, el 11 de noviembre de 2021; lo que nadie se atreve a decir es hasta qué fecha durará.

1. Una votación formal, una unidad atada con alambre

Esta semana intentábamos analizar cómo llegaba el sindicalismo peronista al Congreso de elección de autoridades, atravesados por la crisis social, la del Gobierno y la propia. Decíamos que la rosca interminable estaba llegando a su fin pero solo se cerraría en los mismos pasillos de Parque Norte. Así fue. Poco antes del mediodía recién se confirmaba el triunvirato y cómo iban a ser repartidas las cuotas de poder de la central.

Se podría resumir de la siguiente manera: el nuevo triunvirato es una copia del anterior pero donde Hugo Moyano pone, junto a Daer y Acuña, directamente a uno de sus hijos. Los gordos e independientes ceden algunos espacios “en pos de la unidad”, pero la mayoría de las secretarías quedan en manos de sus “dueños” históricos (Martínez, Cavalieri, Lingieri, el otro Daer). Toman un recaudo clave: con sus cargos pueden garantizar el quórum para funcionar si Moyano y la Corriente deciden romper. Tampoco sueltan la secretaría adjunta, que sigue en manos de Andrés Rodríguez. El moyanismo consigue 8 secretarías para el Frente Sindical y algunas más para Sasia y otros de sus aliados. El SMATA recupera terreno al quedarse con la secretaría gremial. Caló pelea hasta último momento por una cabeza, pero nadie le cree sus ladridos: la secretaría de Interior no parece buen consuelo. Al sindicalismo kirchnerista finalmente le hacen un lugar, pero no tanto. Una especie de monoambiente. Palazzo tendrá la secretaría administrativa pero sus aliados quedan relegados. El resto de las agrupaciones (hay más que en una facultad de humanidades) se queda algún cargo. La perlita es la secretaría que crean para la UTA: “Cambio climático y transición justa”. Uno se imagina un 39 echando humo por Avenida Santa Fe.

Como decía un dirigente aeronáutico en medio del receso, “al final hubo lugar para todos, algunos están enojados pero es lo que hay”. Y es lo que hay.

Sin embargo, la preocupación que sobrevolaba el salón no era tantos los cargos que había conseguido cada uno sino cuánto iba a resistir la unidad. En cada charla saltaba la incertidumbre por los resultados de las elecciones del domingo. Como nos resumía un cronista al que saludaban todos los jefes, “esto va a durar lo que dure la unidad del peronismo; y nadie sabe eso”.

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2. Un plan de acción, sin acción

Antes de dar los números de la “reñida” elección, una locutora leyó el documento consensuado. Se titula “Volver al trabajo como gran ordenador social”.

Es difícil encontrar allí, más allá de algunos títulos, definiciones claras sobre qué piensa hacer la “nueva” CGT ante la crisis que vive el país y viene pagando el pueblo trabajador.

Escuchando las frases, uno se tienta en ver las reacciones de los hombres y mujeres que están sobre el escenario al escucharlas.

“La inflación debilita el poder de comprar de trabajadores y trabajadoras, sean ocupados y desocupados”. Y repasa la cara de Andrés Rodríguez, Antonio Caló o el propio Daer, algunos de los tantos que acordaron paritarias a la baja.

“La precarización laboral y la ilegalidad en la que se encuentran tantos trabajadores debe terminar”. Y puede ver como a Sergio Sassia (Unión Ferroviaria) y Guillermo Moser (Luz y Fuerza) no se les mueve un músculo de la cara por los miles de tercerizados en sus gremios.

“Es preciso también tomar acciones que reviertan las desigualdades laborales en relación al género”. Y ve como asienten con la cabeza quienes dejan a las mujeres trabajadoras con menos salarios, más precarización y desocupación.

Lo mismo cuando escucha el fragmento que propone “impedir el avance de las políticas neoliberales contra la legislación laboral” y distingue a Mario Manrique (SMATA), que fue personalmente a hacer votar la “reforma laboral toyotista” contra el descanso obrero.

Podríamos seguir, pero es mejor detenerse en dos datos importantes que deja el documento. El primero, que evita palabras como ajuste, reforma laboral, deuda, FMI; o sea, evita hablar de la verdadera agenda que se discutirá tras el domingo 14. El otro es que la cúpula cegetista se explaya en diagnósticos y análisis pero no tira dos líneas sobre cuál sería el “plan de acción” para enfrentar lo que llama "sueños neoliberales".

  •  Disculpe señor, ¿este es un congreso de la CGT o de sociólogos?

    3. El día después

    Más allá de las roscas, faltazos y “heridos” por las negociaciones, los titulares de los diarios dirán que la CGT “se reunificó”. Y eso, por ahora, es una buena noticia para sus jefes. También para el Gobierno y las grandes patronales, e incluso para la oposición de derecha. Todos necesitan una burocracia más fuerte ante el panorama que se viene. De un lado, un país gobernado por el FMI, donde continuará el ajuste, con empresarios presionando por reformas laborales y una coalición de gobierno que cruje a cada paso; del otro un malestar de la clase trabajadora, que aumenta al calor de la crisis y además empezó a transformarse en desilusión política.

    Entonces el aparato del sindicalismo peronista, que hoy pudo “unirse” en medio de tomas y dacas, de tejes y manejes, tendrá que ponerse a prueba ante la realidad. ¿Resistirá las mayores tensiones políticas y sociales? ¿Cómo resolverá las diferencias entre sus distintas fracciones? ¿Podrá contener (o aplastar) a los sectores que salgan a pelear por salario, trabajo y derechos como ya vimos en los últimos meses? ¿O la crisis la arrastrará como ya pasó en otros momentos de la historia?

    Ya lo sabremos. Y parece que más temprano que tarde.


  • Lucho Aguilar

    Nacido en Entre Ríos en 1975. Es periodista. Miembro del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001. Editor general de la sección Mundo Obrero de La Izquierda Diario.

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