
Norberto Soto Sánchez Sinaloa - Ciudad de México / @norberto_ss666
Viernes 23 de abril de 2021
Hijo de la Guerra es un libro escrito por Ricardo Raphael y publicado en octubre de 2019, el cual, a través de la historia de Galindo Mellado Cruz, alias el Z9 -quien fue uno de los miembros fundadores del Cártel de Los Zetas- nos expone con crudeza esa barbarie que ha sido la guerra contra el narcotráfico en México, la cual da inicio en diciembre de 2006, justo al comienzo del sexenio de Felipe Calderón Hinojosa.
Mellado Cruz fue parte del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales, conocidos también como gafes, la cual fue una unidad de élite del Ejército Nacional que desde el 2004 cambia su denominación por la de Cuerpo de Fuerzas Especiales. El Z9 se da de baja del Ejército Mexicano a finales de los 90’s, no sin antes haber sido comisionado por órdenes de la entonces Procuraduría General de la República, junto a otros compañeros, para desempeñarse como guarura de quien en un primero momento les fue presentado como un empresario tamaulipeco: Osiel Cárdenas Guillen.
Tras ese suceso se dan otros acontecimientos a partir de los cuales se configura el oscuro brazo armado del Cártel del Golfo: Los Zetas, quienes eventualmente romperían con esa organización criminal que inicialmente los impulsó, para conformar su propia “empresa”; el también conocido Cártel de la Última Letra.
Estructura criminal que desde su comienzo fue concebida por sus fundadores como la “crema y nata”, es decir, lo más violento, sanguinario y cruel del mundo del narcotráfico: luego de haber sido colocados como agentes aduanales en Nuevo Laredo Tamaulipas, se lanzaron a la conquista de territorios (Estados de la República) teniendo en mente consolidar esa fama, apoyados en las técnicas de contrainsurgencia, contraterrorismo y guerra no convencional aprendidas en los meses que, bajo las políticas de seguridad nacional dictadas por Estados Unidos y acatadas por México, fueron “capacitados” por el imperialismo estadounidense en el Fuerte Hood, base militar ubicada en el estado de Texas.
En palabras del Z9: “Quienes habíamos tomado el curso de escolta, guardia y protección en el Fuerte Hood, sabíamos desenvolvernos como una máquina perfecta”.
La pregunta ¿Quién es Galdino Mellado Cruz?, permite el desarrollo del libro, llevándonos a recorrer el mundo de mentiras y simulaciones en las que se sostienen la “lucha contra las drogas” y la “guerra contra el narcotráfico”… ¿Por qué? Oficialmente el Z9 fue abatido en un enfrentamiento el 9 de mayo de 2014, sin embargo, Ricardo Raphael, a través de un contacto periodístico, conoce el 13 de mayo de 2015 en la prisión de Chiconautla a un sujeto que dice ser Mellado Cruz, pero que se encuentra registrado en dicho penal con el nombre de Juan Luis Vallejos de la Sancha.
Ricardo Raphael, sobre el inicio de este trabajo, menciona: “Cuando me enteré, por un colega, que en el reclusorio de Chiconautla había un hombre que afirmaba ser el verdadero Galdino Mellado Cruz, pensé que no debía dejar pasar la oportunidad. Cabía dudar de su honestidad –fui advertido-; sin embargo, el hombre hablaba de temas y cosas que no parecían mentira. Si aquel sujeto era quien decía ser, el gobierno había montado una mascarada que yo quería denunciar.”
A través de contrastación de pruebas antropológicas con documentos en hemerotecas y archivos jurídicos contrapuestos, así como con múltiples entrevistas adicionales y revisión hasta de letras de narcocorridos, el autor logra sostener una duda razonable, una objeción contundente a esa versión que a la fecha sigue sosteniendo el Gobierno Federal, la cual dio por difunto al Z9.
En Hijo de la Guerra se describen los entornos sociales, económicos y políticos que permitieron el surgimiento de una organización criminal compuesta por exmilitares de élite que se convirtió en el Cártel más violento que ha conocido México: la forma en que dichos integrantes del ejército mexicano dan inicio a la vorágine de crímenes confirman de manera categórica la tesis marxista que habla de la función represiva al servicio de los intereses de la burguesía que tienen los cuerpos militares en la sociedad capitalista.
En el caso particular, la “génesis de los zetas” se muestra en este libro a través de la utilización de estos grupos desde instituciones del Estado y facciones del régimen burgués para ejercer (sin tener el límite de toda garantía y derecho democrático) la coerción social, los procesos de despojo y desplazamiento y el control de rentables negocios ilícitos en lugares claves del territorio nacional.
Desde la frontera noreste de México en Coahuila y Tamaulipas, hasta la frontera suroeste en Chiapas, desde el extremo occidental del país en Nayarit y Sinaloa, hasta la parte oriental en Veracruz, y desde Juárez hasta Acapulco, pasando por Zacatecas, la Ciudad de México e Hidalgo, este texto describe la tragedia nacional que ha producido la absurda ilegalidad de las drogas: cientos de miles de personas torturadas, asesinadas, desaparecidas, desplazadas y afectadas por la llamada guerra contra el narcotráfico.
A través de testimonios como el del Z9, podemos entrever que también es una muestra de que el entramado de negocios en torno al llamado crimen organizado, es mucho más que el problema de las drogas y de una pelea de bandos encontrados entre carteles de folclóricos capos salvajes. Lo que se ve es una densa red que con la impunidad que brinda la descomposición del Estado burgués y bajo distintas formas, ha sabido reproducirse a sí misma.
La lista se ha diversificado y es añeja también: la trata de personas, el tráfico de armas, los secuestros, el cobro de derecho de derecho de piso; la explotación ilegal e irracional de recursos naturales como la tala de árboles, el huachicol, la inversión y acaparamiento inmobiliario y sobretodo; la basta red de lavado de dinero que acompaña todo este entramado, es aquello que ha penetrado múltiples capas sociales, con las subsecuentes consecuencias de sangre, pólvora y muerte.
Los Zetas y personajes como Mellado Cruz, son la expresión extrema de subjetividades que han asumido plenamente rasgos generales del espíritu capitalista: por un lado, un egoísmo radical, así como una voracidad por la generación de ganancias económicas y, por otro, una crueldad, astucia y tenacidad escalofriantes para lograr la conquista y el sostenimiento de nuevos mercados en los cuales poder explotar mano de obra trabajadora para producir y, posteriormente, distribuir y vender drogas o participar de alguno de las ocupaciones de esta creciente red de negocios criminales.
Un pasaje revelador que muestra esta subjetividad queda plasmado en los siguientes extractos del libro, retomados a partir de un relato del Z9 sobre la ejecución de enemigos y traidores: “Los gritos enardecieron el ánimo del grupo; varios comenzaron a disfrutar la tortura… Veinte cabrones participamos en desollarlo. Betancourt y yo nos encargamos de mantenerlo con vida mientras los demás se llevaban, cada uno, su trofeo.”
“Esa fue la primera muerte culera (sic) en la que participé: una madre de esas te hace sentir poderoso… No es fácil describir las emociones que genera involucrarte en una fiesta de esas; sientes miedo, pero no es un miedo desagradable porque está cargado de adrenalina. Quieres ver más, más sangre, más golpes, quieres oír más gritos y darle tú también, darle un chilazo al güey… te excitas y no quieres que se detenga…”
“Cuando todo acabó, el patrón volvió a reunirnos a su alrededor… y nos abrazó con fuerza. Entusiasmado, el patrón preguntó su código ¿Cuál es? Y fue Decena quien pronunció la primera frase: ‘¡Mata, Dios perdona!’. Los demás completamos: ‘Tu padre, la nación; tu madre, la bandera; tu esposa, tu pistola; tus hijos, tus cartuchos. Y continuamos, con un grito marcial: ‘¡Por cielo, mar y tierra, nuestro único objetivo es dar con el enemigo y vencer o morir en el intento. No hay amigos, no hay familia y no existe el amor!’…”
¿No son acaso los cárteles del narcotráfico un sector de la burguesía que emplea la violencia extrema como recurso predilecto para ganar la competencia por nuevos mercados en los cuales vender su mercancía, es decir, las drogas; así como también la mejor tajada en los rubros más sádicos e impunes en la economía de la sociedad capitalista?
¿No iniciaron Los Zetas como un grupo de elementos de las fuerzas represivas del estado capitalista mexicano que, tras recibir entrenamiento, fueron comisionados por las mismas instituciones mexicanas para fungir como protectores de una organización perteneciente a ese sector de la burguesía que son los cárteles del narcotráfico para posteriormente convertirse ellos mismos en parte de ese sector burgués?
Las historias relatadas en Hijo de la Guerra nos muestran que hoy las palabras de Rosa Luxemburgo están más vigentes que nunca: “socialismo o barbarie”.