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Red Internacional
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CULTURA Y JUVENTUD. Hip hop cañí: cultura y resistencia, del barrio a youtube

El hip hop cañí, cani o macarrra puede definirse ya como un suceso en internet y parece que viene a quedarse. Del barrio a youtube, una juventud “sin futuro” que escupe odio social.

Clara Mallo Madrid | @ClaraMallo

Sábado 3 de octubre de 2015

Foto: El pollo urbano

La rumba, el rock ochentero, el hip hop de las de las banlieues francesas y la estética quinqui inspiran el nuevo fenómeno musical. Algunos ya hablan de él como la ‘nueva ola’. Nombres como El Coleta, Jarfaiter y 13eze, suenan en youtube.
Una combinación de desempleo, marginación, drogas y explotación; lo que se vive en los barrios se escucha hoy en youtube. El barrio como centro de la vida es la seña de identidad de estos jóvenes raperos. Historias contadas con versos agresivos que denuncian la situación de una juventud sin futuro. Sus canciones rezan orgullo de clase.

El hip hop nace como un estilo urbano, su origen en los ‘ghettos’ neoyorquinos no impidió que se convirtiera en poco tiempo en la voz de los jóvenes de las zonas marginales de muchas de las grandes ciudades de todo el mundo. Fue expresión de la situación y preocupaciones sociales de los sectores jóvenes más empobrecidos. Poco después, algunos de los raperos fueron descubiertos por ‘cazatalentos’ y el rap entró en el mercado. Las grandes discográficas comenzaron a ‘fichar’ por este estilo ya en los años 70. Como todo, fue absorbido por el capitalismo que creó una industria y un mercado de ello, despolitizando y eliminando todo contenido social y crítico del hip hop. El rap contestatario quedó relegado a circuitos muy reducidos y el hip hop que se escuchaba en las cadenas musicales ofrecía letras sin contenido sobre fiestas, sexo y mucho, mucho machismo.

Pero en los últimos años, producto de la brutal crisis capitalista y el desarrollo de la movilización social que ha comenzado a cuestionar cada vez más por izquierda la sociedad en la que vivimos, han comenzado a desarrollarse expresiones más contestatarias. Movimientos y luchas como el 15M y mareas españolas, las marchas por la dignidad o la plaza Syntagma y muchas otras han generado una ola de indignación que ha invadido el cine, la plástica y, como no, la música callejera. La crítica social comienza a invadir todo, surgiendo proyectos alternativos y cuestionadores, desde los más abiertamente militantes a aquellos que sin serlo problematizan acerca de la sociedad en la que vivimos. El acceso a internet y los videoclips ‘caseros’ permiten que esto se desarrolle relativamente al margen de las discográficas, y a la vez no quede reducido a la marginalidad. En este contexto y marcado por su propia realidad social, el hip hop macarra viene para quedarse, los videos de algunos de estos raperos ya suman miles de likes en las redes sociales y algunos de ellos comienzan a ser perseguidos por los sellos discográficos, que “huelen” los negocios.

Juventud sin futuro

El hip hop cañí habla de droga, trapicheos, robos, policía y supervivencia. Y es que estos raperos vienen de barrios donde la precariedad ya existía en los 90, jóvenes que hoy reivindican poder sobrevivir. Generación que sufre el hostigamiento policial, el desempleo y el incremento de las diferencias de clase. El orgullo rezuma de sus letras, es el orgullo de sobrevivir en un sistema que no deja más que miseria a la mayoría. Como dice una de las letras de El coleta, uno de los macarras con más éxito, ‘en el barrio ya no trabaja nadie / habrá que robar / no se vive del aire’

Revival de los ‘80s

Siendo expresión de una ‘generación sin futuro’ no es extraño que esta ‘nueva ola’ del hip hop beba del rock ochentero, y concretamente del rock radical gestado en las zonas industriales más castigadas por la crisis de los 80. Hijos de la reconversión industrial y del Plan Zona Especial Norte (ZEN) ya en su día grupos como Eskorbuto o Cicatriz pusieron voz a una generación marcada por el desempleo, la criminalización, persecución policial, y la heroína. Hoy la expresión musical es otra, el hip hop, un estilo que no necesita ni instrumentos ni afinar. Los macarras del barrio hoy son raperos.

La rumba fue otro de los fenómenos musicales ochenteros por excelencia. Grupos como Los Chichos o Los Chunguitos marcaron a una generación y no es casual. Sus letras aunque nada políticas expresaban también el paro, la emigración y la precariedad de los 80. Voz de una generación que comenzó a habitar los ‘barrios dormitorio’, barrios obreros donde nacieron los raperos cañí que hoy golpean desde youtube.

La crisis económica y social que hoy vivimos en el Estado español tiene en lo social algunas similitudes con la sufrida en los ochenta, que como entonces, recayó sobre los trabajadores y trabajadoras. Los fuertes índices de paro que afectan sobre todo a la juventud han marcado a una generación, privándola de futuro. La restricción del acceso a la educación superior a amplias capas sociales y la imposibilidad de conseguir un trabajo crea un sentimiento de impotencia pero también pueden reforzar en algunos un sentimiento de clase. Si a esto sumamos el creciente hostigamiento policial a los jóvenes, sobre todo en los barrios más populares de las ciudades, no extraña el odio que expresan sus letras. Aunque el hip hop macarra no es un estilo abiertamente político, en sus letras sí que asoma abiertamente un odio hacia ‘los pijos’, ‘las élites’, la policía, los políticos y ‘los modernos’. Muchos bolsos / trajes caros / les sobra la pasta/ está claro / y yo sin un duro en el monedero.

Se escucha en el barrio, se escucha en la calle; la cuenta pendiente del machismo
Toda esta crítica social es expresada a través del día a día en los barrios, la vida de estos jóvenes ocupa el centro de las letras de sus canciones. Pero, al mismo tiempo, muchos de estos versos son brutales en el modo en que se refieren a las mujeres, letras machistas como en el rap más tradicional, que hablan de las mujeres de un modo casi exclusivamente sexual. El lenguaje machista utilizado en la calle se expresa también en estas rimas. Los versos despectivos hacia las mujeres siguen siendo rima recurrente para algunos de estos raperos.

En cuanto al fenómeno del rap más macarra, encontramos pocas voces femeninas. Aunque el rap cuenta en el Estado español con jóvenes raperas de éxito incluso en los circuitos más comerciales y otras con cierto éxito en los circuitos más reducidos como la Gata Cattana. Voces de mujeres que luchan con sus versos por romper las barreras en un mundo machista.

Un rap "de clase"... aunque cercano a la "antipolítica"

Muchos de estos raperos cañís no se definen como políticos. En sus letras hay mucho odio, pero el rap callejero rechaza lo político. En sus letras aparece una fuerte oposición frente al sistema, pero no se expresa lo colectivo ni la lucha organizada. Podemos escuchar ‘/ Dicen que el capitalismo va a arrastrarme / pero en un capitalismo vivo y tengo que adaptarme /’

El odio que escupen sus versos apela más a una salida individual, que busca una expresión cultural libre. En un mundo dominado por la apariencia y el consumo, estos jóvenes hablan en sus letras de una vida alejada de lo superficial, del ‘postureo’. Olvidan las ‘buenas formas’ y escupen su odio. Jarfaiter canta ‘/ conmigo no te pongas chulapa / pijo de mierda te vas a hacer pupa / pero que pollas dices / contra mi cuchillo poco puede hacer tu biceps/’

Inconformismo ante un sistema capitalista que ha evidenciado la imposibilidad de sostener y asegurar las cuestiones más básicas a amplios sectores de la población trabajadora y de los barrios periféricos.

El éxito cada vez mayor de este rap callejero y las letras cada vez más cargadas de orgullo, expresan una creciente indignación social. El sentir de una juventud precaria, parada o “sin futuro” se expresa de un modo más abierto en el rap macarra, diciendo “acá estamos”, no nos vamos a dejar pisar.