El candidato presidencial del Frente Amplio indicó que “El 18 de octubre marca el momento en que el pueblo chileno dice basta”, intentando reivindicar la revuelta popular iniciada ese día. Sin embargo, su rol en ese proceso estuvo marcado por gestar el “acuerdo por la paz”, que no considero las violaciones a los derechos humanos, ni a los presos políticos, salvó al gobierno de Piñera y desvió la fuerza de la movilización a un incierto proceso constituyente, lleno de limitaciones y trampas.

Francisco Flores Cobo Egresado/Gradista de Derecho U. de Chile
Lunes 18 de octubre de 2021
Las masivas evasiones de estudiantes secundarios, que enfrentaban el alza de treinta pesos en el pasaje del transporte público, desencadenaron uno de los eventos mas relevantes de la lucha de clases en la historia del país.
El rechazo al alza del transporte público fue la chispa que encendió el cuestionamiento a todo el modelo, el cual había sido impuesto por la dictadura, y administrado por la ex concertación y la derecha durante los últimos 30 años.
Las masivas protestas se desarrollaron en todo el país por cerca de 4 meses, siendo brutalmente reprimidas por el gobierno, sus policías y militares, dejando cientos de mutilaciones oculares, miles de casos de violaciones a los derechos humanos y cientos de presos políticos.
La profundidad y alcances de este proceso histórico aún está en pleno desarrollo, pero si algo quedo marcado en la memoria colectiva de quienes fuimos parte de las diversas movilizaciones, fue la actuación de Gabriel Boric en los momentos más álgidos de la revuelta.
La participación del candidato del Frente Amplio tomó protagonismo el día en que se firma el “acuerdo por la paz y la nueva constitución”, el 15 de noviembre de 2019.
Para hablar sobre este acuerdo, es clave señalar que dos días antes de ser firmado, se llevo adelante el paro nacional mas grande desde 1973, que convocó a cerca de dos millones de trabajadores en todo el país. Ese día, el 12 de noviembre de 2019, se registró la entrada en acción de sectores organizados de la clase obrera en el proceso. No es casual que ese mismo día, se intensificaran los ataques a comisarias, incluso se registraron ataques a recintos militares. La confianza de los manifestantes en sus propias fuerzas se veía fortalecida por la actuación de las diversas organizaciones gremiales.
Fue a raíz de este hecho, de la entrada en acción de sectores organizados, como portuarios, funcionarios de la salud, construcción, profesores, trabajadores del estado, entre otros, que se marca un punto de inflexión en la preocupación de las clases dominantes, los empresarios y sus políticos.
Algo importante debían ceder para calmar el ánimo de movilización que venía en alza y amenazaba con hacer volar por los aires al gobierno de Piñera. El antecedente de un presidente removido por la movilización de millones en las calles, en conjunto a la clase trabajadora, era algo que no estaban dispuestos a aceptar.
Fue en ese contexto que el gobierno de Piñera impulsa la línea de “sacrificar” la constitución de Pinochet (asegurando mínimos claves como el quorum de 2/3), con tal de desactivar el proceso en curso. Pero era necesario el apoyo de sectores de la oposición y el frente amplio para darle fuerza y hegemonía a este acuerdo que nació amañado. Es aquí donde se hizo más palpable el rol que jugó Gabriel Boric.
El acuerdo que fue impulsado por el gobierno de Piñera y gran parte del régimen político, implicaba omitir cualquier materia de reparación y justicia por las violaciones a los derechos humanos, consagraba la impunidad de Piñera, dejaba en el abandono a los presos políticos que hasta el día de hoy se mantienen tras las rejas, y postergaba la solución de las principales demandas a un incierto “proceso constituyente” que garantizaba el poder de veto de la derecha con el quorum de 2/3 (ratificado hace unas semanas con los votos de los constituyentes del Frente Amplio)
Boric promovió y defendió este acuerdo, aun cuando implicaba todo lo anteriormente expuesto, y era la principal carta de la derecha para salvar su gobierno e intentar ponerle paños fríos a la situación.
El candidato presidencial no puede ser tan desvergonzado para revindicar un proceso de lucha y movilización que buscó contener y desviar junto a los partidos tradicionales, la UDI, RN y la ex concertación, cuando las protestas eran justamente contra las políticas, las formas y las falsas soluciones que buscaron entregar durante 30 años esos mismos partidos políticos.
La posición de Boric, a dos años de la revuelta, es de una total y descarada hipocresía.
La consagración de esta actitud mojigata, fue su posterior voto a favor de la idea de legislar la ley anti barricadas y anti saqueo en el parlamento, que criminaliza las mas diversas formas de protesta y aumenta las penas efectivas de cárcel a quienes se movilizan.
Un dato curioso es que aun votando en contra de la idea de legislar ese proyecto, el voto de Boric y del resto de los parlamentarios del Frente Amplio, no alcanzaban para bajarlo , su voto era mas bien simbólico, y decidieron utilizarlo para dar una señal de seguridad a los dueños de las grandes empresas saqueadas, antes que mostrarse defendiendo los derechos fundamentales de los protagonistas de la revuelta.