Publicamos en Izquierda Diario una trilogía de artículos sobre el pensamiento de León Trotsky y su relación con la dialéctica marxista. Como sostiene el autor, es urgente el rescate del pensamiento dialéctico y, en especial, las aportaciones de Trotsky al mismo.
Sábado 12 de septiembre de 2015
Después de retomar la definición de Hegel de la dialéctica como lógica universal, Trotsky nos sitúa de inmediato en su problemática. Dice:
“Si visualizamos el tejido de la vida como una compleja red, entonces el concepto puede ser igualado a un nudo particular. Cada concepto parece ser independiente y completo (así opera la lógica formal con ellos), en realidad cada nudo tiene dos puntas, las cuales lo conectan con los nudos adyacentes. Si se tira de una punta se desata –la negación dialéctica de un concepto, en sus limitaciones, en su aparente independencia.”(1)
A diferencia de los que creen que la dialéctica es un estéril juego intelectual, para nuestro autor es la negación de la aparente independencia de los conceptos. Esta apariencia surge al nivel de la vida cotidiana. Como añadirá más tarde:
“Dentro de las fronteras de la praxis de cada día la gente está acostumbrada a lidiar con objetos inmutables. Como resultado de esta [práctica] innata, heredada, automatizada aparece la lógica racional, la cual desmiembra la naturaleza en elementos autónomos e inmutables. El desarrollo del pensamiento hace su camino desde la lógica vulgar a la dialéctica sólo sobre la base de la experiencia científica acumulada, bajo el estímulo del desarrollo (de clase) histórico. El racionalismo es un intento de crear un sistema completo sobre las bases de la lógica vulgar.”(2)
Estas dos citas nos sirven de base para abordar el primero de nuestros puntos, la totalidad como categoría clave del método marxista.
Lenin, en su lectura de Hegel, abordaba este problema en el apartado sobre la esencia (3). Los fenómenos no pueden ser ignorados en beneficio del conocimiento de la esencia. Pero en la relación práctico-utilitaria, fenoménica, los objetos devienen inmutables así como los “conceptos” de éstos. Para obtener un conocimiento concreto, para abrir paso a la praxis revolucionaria, es necesario superar este momento que Karel Kosik llamará el de la práctica fetichizada en el “mundo de la pseudo-concreción”(4). Esto no significa que haya que abandonar la investigación al nivel de lo fenoménico, sino que hay que penetrarlo para destruir su aparente independencia (5). El empirismo anglosajón es para Trotsky el mayor representante de esta tendencia (6), pero no nada más. Ya en 1928 en su artículo llamado “Las tendencias filosóficas del burocratismo”, analiza lo que él considera la expresión filosófica de la burocracia en la teoría de la “causalidad múltiple”. Esta teoría, donde la sociedad es abordada desde la multiplicidad errática de los juegos mutuos, pierde de vista la totalidad y fundamenta el pragmatismo de la burocracia (7). Años más tarde, esta lectura le servirá para argumentar contra la moral pragmatista del “sentido común (8).
Esta reconsideración de la dialéctica materialista procede por lo que Trotsky llama la destrucción de los “tabiques impermeables”, tipo de pensamiento que considera lo “dado” como algo inmutable e independiente entre sí. Pero para la dialéctica no hay tal cosa, por ello “debe reconocerse que la ley fundamental de la dialéctica es la conversión de la cantidad en calidad, porque [nos] da la fórmula general de todo el proceso evolutivo –tanto de la naturaleza como de la sociedad”(9). Es lo que Lenin definía como la transición de las determinaciones en otras (forma, contenido, cantidad, cualidad) (10). Esta frase, que se podría leer como una reivindicación de la linealidad de la historia y su desarrollo gradual, es matizada más adelante. Estas formulas siguen en el plano de lo abstracto, y de esta forma sólo son posibilidad. Dice:
“La conversión de una posibilidad abstracta en una necesidad concreta –también una ley importante de la dialéctica– ¿se define cada vez por una combinación de condiciones materiales definidas? Así, de la posibilidad de una victoria burguesa sobre las clases feudales hasta la victoria misma hubo varios lapsos de tiempo, y la victoria frecuentemente pareció una semivictoria.”(11)
Que la revolución pueda triunfar depende de la actividad de la clase revolucionaria, no hay fatalismo histórico alguno. Más bien hay “conflicto”, “catástrofes”. La concepción del desarrollo gradual procede del liberalismo (12).
Evidentemente, para Trotsky este problema se inserta en la necesidad de abrir el camino a la práctica revolucionaria. Esto queda muy claro cuando compara el uso de la dialéctica en Martov, líder menchevique, y Lenin. Mientras que la “dialéctica” del primero está restringida a las meras tácticas, al juego parlamentario, la prensa y las maniobras; la del segundo apuntaba al movimiento de las clases, a la estrategia revolucionaria. Cuando se vivían tiempos de estabilidad, Martov podía aplicar adecuadamente su método. Pero en momentos de revolución, de grandes conflictos de clase, sólo una dialéctica como la de Lenin podía orientar.
Esta no es una discusión armada, en verdad la distinción entre táctica y estrategia va a ser una de las innovaciones del marxismo crítico con la segunda internacional (13). Lenin -al llegar al apartado de “La Idea” en la Lógica de Hegel- había descubierto que éste, que parecía el más idealista de todos, era el más materialista. Esto porque “La Idea” es la “coincidencia del concepto y del objeto, como verdad a través de la actividad práctica del hombre”(14). Pero si es la praxis revolucionaria la que como categoría supera el objetivismo del desarrollo mecánico, de la inevitabilidad de la revolución, y el subjetivismo del idealismo, ¿cómo es que ésta es posible en términos de la conciencia? En la respuesta que se dé a esa pregunta se juega el porvenir de una práctica revolucionaria.
(1) Trotsky, Cuadernos filosóficos, p.37.
(2) Ibíd., p. 62
(3) “El desarrollo de la totalidad de los momentos de realidad NB= la esencia del conocimiento dialéctico” (Lenin, Cuadernos filosóficos, p. 76).
(4) “Sin embargo, la "existencia real" y las formas fenoménicas de la realidad —que se reproducen inmediatamente en la mente de quienes despliegan una praxis histórica determinada, como conjunto de representaciones o categorías del "pensamiento ordinario" (que sólo por un "hábito bárbaro" se consideran conceptos)— son distintas y con frecuencia absolutamente contradictorias respecto de la ley del fenómeno, de la estructura de la cosa, o del núcleo interno esencial y su concepto correspondiente” (Karel Kosik, Dialéctica de lo concreto, p. 26).
(5) “La dialéctica no libera al investigador de un estudio descriptivo de los hechos, muy por el contrario: los requiere. Pero a cambio da al pensamiento investigativo elasticidad, lo ayuda a superar los prejuicios osificados, lo arma con analogías invalorables, y lo educa en un espíritu de desafío, fundado en la circunspección. (Trotsky, ibíd., p. 55).
(6) “El pensamiento anglosajón es en el actual momento la preservación del empirismo. En la cabeza del erudito inglés, así como en los estantes de su biblioteca, Darwin, la Biblia, permanecen uno junto a la otra, sin molestarse entre sí. El pensamiento anglosajón está construido de acuerdo al sistema de los tabiques impermeables. De allí procede la más inamovible oposición en el mundo conservador anglosajón al pensamiento dialéctico, que destruye todos los tabiques impermeables.” (Trotsky, ibíd., p. 52).
(7) Trosky, ibíd., p. 158.
(8) “Para conocer las conmociones catastróficas del curso “normal” de las cosas, se precisan facultades más altas de la inteligencia, cuya expresión filosófica ha sido dada hasta ahora, por el materialismo dialéctico” (Trotsky, Su moral y la nuestra, p. 30).
(9) Trotsky, Cuadernos…, p. 51.
(10) Lenin, Cuadernos…, p. 141.
(11) Ibíd., p. 53.
(12) Cfr., ibíd., p. 54.
(13) Sobre esto: “El concepto de estrategia revolucionaria sólo se formó en los años de posguerra, bajo la influencia inicial, indudablemente, de la terminología militar. Pero no fue por azar que se ha afirmado. Antes de la guerra, sólo habíamos hablado de la táctica del partido proletario; esta concepción correspondía exactamente con los métodos parlamentarios y sindicales predominantes entonces, y que no sobrepasaban el marco de las reivindicaciones y de las tareas corrientes” (Trotsky, “Crítica al programa de la internacional comunista” en Stalin, el gran organizador de derrotas, p. 131).
(14) Lenin, Cuadernos…, p. 110.