Durante la cuarta jornada de protesta nacional, convocada para el 11 y 12 de agosto de 1983, la dictadura aumentó su embestida represiva. Entre los 25 asesinados durante esos dos días por agentes del Estado, varios eran niños y adolescentes. Casi todos estos crímenes están impunes.
Natalia Cruces Santiago de Chile
Miércoles 12 de agosto de 2015
Jaime Andrés Cáceres Morales era un niño de solo 11 años de edad, que estaba en la enseñanza básica. Jaime vivía junto a su familia en el centro de Santiago, cuando recibió un disparo que le produjo la muerte, en momentos en que estaba en la puerta de su domicilio.
Magla Evelyn Ayala Henríquez tenía solo 2 años de edad y murió también por una bala, al interior de su domicilio. Algo similar ocurrió con Marcela Angélica Marchant Vivar, de 8 años, quién estaba estudiando en la enseñanza básica. Marcela vivía en La Granja cuando la noche del 11 hubo un caceroleo contra la dictadura, que era una de las formas de protesta que se llevaban adelante. Un grupo de civiles –que fueron identificados por varias personas como militares o agentes vestidos de civil llegó disparando al lugar y Marcela falleció por un disparo en su cara, estando al interior de su domicilio.
En el caso de Presbiterio Estanislao Morales Sanhueza, se trataba de un joven de 20 años de edad y trabajador del Programa de Empleo Mínimo -en el que trabajaban miles de personas por sueldos miserables, para intentar paliar la miseria y pobreza que existía producto de las políticas económicas de la dictadura-. Presbiterio vivía en la población Jaime Eyzaguirre de Santiago y estaba en una calle cerca de su casa, cuando recibió disparos de bala. Recordemos que durante esos días la dictadura había sacado a la calle a cerca de 20 mil soldados, carabineros y policías, para reprimir.
Los casos de Jorge Antonio Fuentes Lagos, de 19 años, obrero que vivía en la población José María Caro, recibió un disparo en el torax, probablemente por agentes del Estado. Algo similar sucedió a Ana Teresa Gómez Aguirre, de 19 años y también trabajadora del Programa de Empleo Mínimo, a la que un militar disparó a quemarropa, muriendo producto de sus heridas.
La dictadura utilizó muchas y varias formas de represión, pero en la medida en que se incrementaron las protestas en los años ’80, esta se masificó nuevamente. Todos estos agentes, responsables de estos crímenes y ejecuciones, están en libertad y siguen impunes.
Esta es la misma dictadura en la que participaron funcionarios civiles, muchos de ellos hoy integran las filas de Renovación Nacional y la Unión Demócrata Independiente, la misma dictadura con la que la Concertación de Partidos por la Democracia hizo los pacos que llevaron a que Pinochet le entregara la banda presidencial a Aylwin, siguiera siendo comandante en jefe e incluso senador designado.