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Derechos Humanos. Historias para no olvidar: Niños y jóvenes asesinados en dictadura (IX)

El 2 y 3 de julio de 1986 se llevó adelante un nuevo paro nacional y movilización contra la dictadura, como parte del ciclo de protestas que había comenzado en 1983. La respuesta represiva no se hizo esperar, varios muertos, detenidos y torturados fueron el nuevo saldo de la dictadura.

Natalia Cruces Santiago de Chile

Viernes 3 de julio de 2015

La movilización comenzó temprano ese 2 de julio, con muchas barricadas, cortes de calle, sitting y gritos contra la dictadura. Es que la rabia y descontento eran generalizados, contra las políticas económicas, sociales y laborales de los militares y sus colaboradores civiles, como también la denuncia a la represión y los crímenes contra los derechos humanos cometidos en los 13 años que llevaba Pinochet en el poder.

Ese 2 de julio hubo una fuerte represión, que comenzó temprano con la detención de un grupo de estudiantes y pobladores que estaban armando un corte de calles y que terminó con jóvenes dos detenidos, Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas Denegri, quiénes serían rociados con bencina y quemados vivos. Rodrigo Rojas moriría cuatro días más tarde y Carmen Gloria sobrevivió con graves secuelas.

Pero no fueron los únicos hechos. Los militares estaban acostumbrados al terror y la represión. Ese mismo 2 de julio Nadia del Carmen Fuentes Concha, que tenía apenas 13 años y estudiaba en la básica, caminaba por la Avenida El Parque en Santiago, cuando fue alcanzada por una bala que le quitó la vida, según indica la Comisión Rettig, estos disparos provinieron de una patrulla militar que estaba cerca y que justificó, como tantas veces lo hicieron, con supuestos disturbios.

No sería la única que sufriría en carne propia la represión. Al día siguiente, el 3 de julio, Rubén Alejandro Contreras Grandón, de 18 años, estaba también en la calle en Américo Vespucio con Rojas Magallanes, cuando fue alcanzado por una bala por la espalda. También la Comisión Rettig determinó que fue víctima de la violencia política.

Otras cinco personas fallecieron esos días de la movilización, además de Rodrigo, Nadia y Rubén; Iván Aqueveque de 21 años, también baleado por una patrulla militar, Francisco López Zuñiga de 19 años que trabajaba como vendedor ambulante, que también recibió un balazo; Ernesto Ríos, estudiante de la Universidad Católica, falleció en la Legua de la misma manera, lo mismo sucedió con Boris Vera de 26 años asesinado en Avenida la Feria por disparos militares y con José Valdivia de 17 años, estudiante y obrero. Los testigos señalaron en cada uno de los casos, que fueron disparos que provenían de patrullas militares que estaban reprimiendo movilizaciones o disparando a grupos de personas.

Prácticamente todos los casos nombrados terminaron con la impunidad de los responsables, impunidad que fue consagrada como uno de los ejes de la transición pactada que comenzaba a construirse entre los militares, la derecha y la oposición.

Foto: Biblioteca Congreso Nacional