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Red Internacional
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LECTURAS. Howard Becker y una sociología del porro

Una reseña de Cómo fumar marihuana y tener un buen viaje, un trabajo que apuntó contra los prejuicios de la academia.

Maximiliano Olivera @maxiolivera77

Martes 21 de febrero de 2017

Cómo fumar marihuana y tener un buen viaje
Howard Becker
Traducción de Horacio Pons. Prólogo de Pablo Semán.
(Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2016, 96 p.)

Surgido de un trabajo de investigación acompañado de 50 entrevistas, Cómo fumar marihuana y tener un buen viaje fue publicado en 1953 y marcó un importante antecedente en la sociología americana.

Cuando Howard Becker inició su investigación el consumo de marihuana no era visto como un “problema social” para la academia. Eso no quita la existencia de una idea dominante, sostenida por la medicina, en la cual un consumidor de drogas era producto de una “depravación moral o de una enfermedad mental”.

El mérito del trabajo de Becker es demostrar que el consumidor recreativo no es la expresión de una patología psicológica. En la obra del sociólogo será un paso hacia su teorización sobre una “sociología de la desviación” (se puede leer Outsiders. Hacia una sociología de la desviación, Siglo XXI Editores, 2009), donde determinados grupos sociales imponen una normatividad, siendo la transgresión rotulada y sancionada.

En este camino, Becker saca el consumo y las experiencias agradables de un mero acto individual y se propone dar relieve a las relaciones sociales involucradas. En la búsqueda de la dimensión social del placer de fumar marihuana, describirá la secuencia de cambios en las actitudes y experiencias. Desde el novato que no sabe cómo controlar el humo hasta el primer bajón, pasando por la alteración de los sentidos.

La tesis a confirmar plantea que “un individuo será capa de consumir marihuana por placer sólo cuando 1) aprenda a fumarla de manera tal que le produzca efectos reales; 2) aprenda a reconocer los efectos y relacionarlos con el consumo de la droga; 3) aprenda a disfrutar de las sensaciones que percibe”.

¿Valen la pena estas conclusiones, 64 años después? Es un cuestionamiento que Becker deberá responder a los pocos años de publicar este trabajo, cuando se multiplicaban las experimentaciones para aumentar el contenido de tetrahidrocannabinol (THC). En un prólogo reciente señalará que “las sustancias e ideas que intervienen en la creación de las experiencias de la droga siempre pueden cambiar, aunque los mecanismos subyacentes siguen siendo los mismos”.

De conjunto se trata de una obra que tiene la virtud de aproximarse a las experiencias del mundo cannábico sin una mirada estigmatizante. En una introducción, Pablo Semán se adelanta a las críticas que emparentan a Becker con los interaccionistas, donde todo se reduce a una “negociación de sentidos”. La otra crítica refiere a la microsociología, donde quedan en segundo plano las “estructuras sociales del poder”.

Semán plantea en la obra de Becker sí se señala el carácter político del “etiquetamiento” a quienes se desvían de la norma, y no se niega el efecto de las estructuras del poder en las asimetrías. Sin embargo, cualquier enfoque que no se combine con un análisis de los grandes mecanismos como el Estado puede llevar a perder el filo necesario del combate ante un Estado punitivista y oscurantista respaldado por “ciencia” patologizante, que da fenómenos como el narcotráfico, elementos a enfrentar si se quiere, por fin, tener un buen viaje.