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Red Internacional
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Europa. Huelga general en Francia con un nivel de movilización menor al esperado

Este jueves se realizó una jornada de paro interprofesional convocada por la Intersindical en torno a la cuestión de los salarios y el empleo. A pesar del profundo descontento en cuanto a la educación, que se expresó el 13 de enero, y las luchas locales por salarios, la movilización se mantuvo limitada, por debajo de la del 5 de octubre. Mientras los dirigentes sindicales se reunirán este viernes, ¿qué conclusiones se pueden sacar de la jornada?

Viernes 28 de enero de 2022 01:37

Una movilización decepcionante sobre la candente cuestión salarial

Este jueves se realizaron manifestaciones en todo el país por una jornada de paro interprofesional convocada por la intersindical -CGT, FO, FSU y Solidaires-, en torno a reivindicaciones salariales. Fue la primera movilización interprofesional nacional de 2022.

En Burdeos, Toulouse, Marsella, las columnas partieron por la mañana, reuniendo a cerca de 4.000 y 3.000 manifestantes respectivamente. Hubo manifestaciones en toda Francia. En París, 20.000 personas marcharon según los sindicatos tras una reunión en la plaza donde hablaron en particular los líderes confederales. Al mismo tiempo, había 4.000 manifestantes en Lyon, 4.500 en Lille, 2.000 en Montpellier, 1.000 en Clermont-Ferrand, más de 1.000 en Niza.

Aunque las concentraciones eran relativamente numerosas, "casi 170" según Le Monde, y a veces combativas, la movilización fue limitada. La Intersindical anunció que se movilizaron más de 150.000 personas, menos que durante la última cita interprofesional del 5 de octubre de 2021.

En el sector educativo, como en otras oportunidades, la jornada se abrió con bloqueos a colegios, dando testimonio del descontento de parte de la juventud. Al igual que el 13 de enero, estos fueron violentamente reprimidos. En París, la policía puso fin al bloqueo con detenciones y porrazos. En Rennes, un estudiante de secundaria de Brequigny resultó herido en la cabeza por la policía y fue trasladado al hospital.

El personal docente, cuyo enojo sigue latente tras el histórico paro del 13 de enero, también se movilizó, señalando en particular la cuestión de sus salarios. En París, dos marchas de personal de educación nacional de diferentes establecimientos en Ile-de-France incluso se formaron detrás de pancartas “Blanquer dimisión” (renuncia Blanquer, el ministro de Educación francés), lo que muestra la ira latente. Sin embargo, la tasa de huelguistas distaba mucho de la del 13 de enero, con por ejemplo casi un 20 % de huelguistas en primer grado según el Snuipp-FSU, frente al 75 % del 13 de enero. Si bien es un resurgimiento de la movilización respecto al 20, no borra el peso de la política de los dirigentes sindicales, que en buena medida contribuyó a desmovilizar al personal de la educación nacional.

En términos más generales, la movilización buscó expresar la radicalidad que puede existir en los conflictos locales. Todavía en París, sectores en lucha como los trabajadores indocumentados de Chronopost, formaron una gran columna detrás del globo de SUD PTT, al igual que los trabajadores de Fnac Saint-Lazare, en huelga por sus salarios. En Gironda, los trabajadores de la fábrica de aeronaves Dassault se manifestaron hasta Thales. Pero a nivel nacional, las movilizaciones históricas en torno a los salarios en la distribución, alimentos o industria han sido poco expresadas.

Si bien la inflación continúa aumentando y el precio del combustible se dispara, así como el de ciertos alimentos, los salarios están en el centro de los problemas de gran parte del mundo del trabajo. En ese sentido, si la jornada no logró converger con el descontento, debemos hacer un balance de la política de las direcciones sindicales.

Ante el miedo del Gobierno, la urgencia de un plan de lucha

Mientras los dirigentes gremiales se reúnen mañana para discutir la continuidad de la movilización, los resultados de la jornada del 27 de enero se explican por la falta de perspectiva de la movilización. Algo comparable al del 5 de octubre. Como señaló Anasse Kazib, trabajador ferroviario y candidato presidencial, en la estación Paris Nord GA este jueves por la mañana: “Todo el mundo dice que no se puede vivir así. ¿Cómo es que hay tan poca movilización? El problema es que cuando vamos a ver a nuestros compañeros nos preguntan ¿qué sigue? ¡Entienden que no es con una jornada de 24 horas que vamos a subir 300€ los salarios! ¿Por qué nos conformaríamos con jornadas sin perspectivas?"

Sin embargo, este balance parece paradójico si miramos al lado del gobierno, que teme más que a nada la ira desde abajo. Un temor que explica en particular la capacidad de respuesta del primer ministro Jean Castex sobre el precio del combustible, que sin embargo solo se tradujo en unas pocas migajas. Este miércoles, en el diario económico Les Échos , Dominique Seux lo apuntó como "un descontento social insólito y preocupante en la cumbre más alta del Estado". Y para mencionar el casi un tercio del profesorado en huelga hace dos semanas, un poco más entre el personal de Electricidad de Francia este miércoles, el movimiento interprofesional en la convocatoria de cinco sindicatos este jueves, el evidente descontento en el hospital y bronca en el transporte privado: seguro, este inicio de año 2022 es atípico".

Sin embargo, mientras el gobierno desconfía más que nada de la calle, la política de los dirigentes sindicales se mantiene en convocar solo en fechas aisladas. Si bien esto ya ha contribuido a dilapidar parcialmente la movilización del personal educativo nacional, sería necesario, por el contrario, forjar un verdadero plan de lucha, basado en los sectores más determinados y en los conflictos locales para buscar generalizar y extender el enfado. Tal perspectiva parece muy lejana a la de la intersindical, que ampliará este viernes a la UNSA y la CFE-CGC para discutir la continuidad del movimiento, y por eso es fundamental apoyar las experiencias de luchas donde surjan, con miras a forjar las movilizaciones del mañana, apoyadas en métodos de autoorganización y articulando un programa de lucha común.