En el debate de investidura este martes, Pablo Iglesias afilaba su oratoria contra el PP para tender la mano al PSOE. Gestos simbólicos, conformismo y “mal menor”.

Josefina L. Martínez @josefinamar14
Miércoles 31 de agosto de 2016 09:08
“La política no es solamente esto”, arrancaba con fuerza su discurso el líder de Podemos, refiriéndose al Congreso de los Diputados. “Lo verdaderamente importante está ahí fuera.” La apertura preanunciaba un discurso inclinado hacia la izquierda, sacudiendo el hastío parlamentario del escenario político español en los últimos meses. Empezó bien, golpeando por izquierda. Terminó como era esperable, tendiendo la mano por derecha.
La alocución de Podemos articulaba un ataque certero contra el PP, presentándose como su más consecuente “antagonista”. Un relato que hilaba la historia política española como un enfrentamiento entre una tradición golpista y conservadora, donde ubicaba a Rajoy, contra un campo ‘constitucional y democrático’, donde se ubicaba a sí mismo.
Un discurso punzante contra Rajoy, al que acusó de haber naturalizado la corrupción como una forma de gobierno, “donde mandan los que no se presentan a las elecciones”. Las medidas del pacto del PP y Ciudadanos contra la corrupción son una farsa y las medidas laborales “fortalecen lo peor de la reforma laboral”, señaló Iglesias. Lo único que pretende Rajoy es “seguir por la senda de la ineficacia económica, la injusticia social y la corrupción.”
“No se nos compra ni cedemos a los insultos de los poderosos ni sus asalariados”, aseguraba Iglesias, agregando que “merecer el odio de los que envenenan al pueblo es la mayor de las honras”.
Para terminar, el chiste de Iglesias contra Ciudadanos fue ingenioso: “gatopardismo de las elites”, o, para que se entienda, como el chicle de MacGyver, está siempre disponible y sirve para todo. Aplausos.
Pero todo este despliegue de oratoria se mostró vacío cuando llegó el momento de referirse al PSOE. A Sánchez solo le reprochó que no se “decide” entre las “dos Españas”, la de los poderosos del IBEX 35, frente a la España “democrática” que escucha a “nuestra gente”. No se le escapó ni una crítica para los socialistas, ni una referencia tímida al papel del partido neoliberal que más tiempo gobernó en España desde el fin de la dictadura, ni una mención al rol de Felipe Gonzales y Zapatero en el ataque a las conquistas laborales, en el ingreso a la OTAN, en su entrega de la “soberanía” por medio de las privatizaciones y el endeudamiento externo. Por el contrario, a Sánchez le dijo que lo elogiaba por “resistir” las presiones dentro y fuera del PSOE para la abstención.
Iglesias presentó un relato maniqueo donde todos los males del régimen del 78 se concentran ahora mágicamente en el Partido Popular, mientras que el problema del PSOE es su “ambigüedad” y “falta de decisión” para crear una alternativa. “Decídase, señor Sánchez”, remataba.
“Ya es hora de decidirse, sr Sánchez.Estamos dispuestos a intentarlo con ustedes” @Pablo_Iglesias_ #investiduraRajoy pic.twitter.com/L5bmvtqTtn
— PODEMOS (@ahorapodemos) 31 de agosto de 2016
El líder de Podemos, experto en gestos simbólicos, terminó su intervención levantando el puño y no le faltaron apelaciones a “nuestra gente”: el que trabaja, el que está en paro, el pequeño negocio, el que emigró, las familias desahuciadas, las maestras y maestros, los ‘ciudadanos de uniforme’ (sic!), los estudiantes sin becas, las mujeres…
Mientras Iglesias levantaba el puño por “izquierda”, tendía la mano derecha al PSOE para reconstruir una lógica de dos campos parlamentarios enfrentados, los ‘conservadores’ frente a los ‘demócratas’, nada muy diferente al viejo cuento del bipartidismo y la lógica conformista del “mal menor”.
Pero donde se dejó ver con más claridad el carácter restaurador del relato de Podemos, y no casualmente, fue en la figura elegida para su conclusión. Iglesias destinó sus palabras finales para un “homenaje” nada menos que a Julio Rodríguez, sumo representante de la “respetabilidad y la decencia” a la que aspira Podemos. Que el ex JEMAD, el general Rodríguez, “un hombre de guerra y de la OTAN” como denunciaron algunos de sus propios aliados en Unidos Podemos, sea el representante de la “gente decente”, no deja dudas sobre el espíritu restaurador y conservador de la política de Podemos. Una organización que -tomando las palabras de Monedero hace unos días- no ha sido “brecha” sino que más bien se ha dedicado a sumar más ladrillos a la “pared” para sostener al régimen y frenar las fuerzas sociales de los trabajadores y la juventud que se expresaron en la calle.
“La política no es solamente esto”, habría que recordarle sus propias palabras a Iglesias. O más bien habría que decir que la política reformista, socialdemócrata y parlamentarista es solamente esto, la política para defender los intereses de los trabajadores, la juventud, las mujeres y el pueblo pobre, es otra cosa.

Josefina L. Martínez
Nació en Buenos Aires, vive en Madrid. Es historiadora (UNR). Autora de No somos esclavas (2021). Coautora de Patriarcado y capitalismo (Akal, 2019), autora de Revolucionarias (Lengua de Trapo, 2018), coautora de Cien años de historia obrera en Argentina (Ediciones IPS). Escribe en Izquierda Diario.es, CTXT y otros medios.