Todos sabemos, sin lugar a dudas, la gran importancia que tiene la educación en el desarrollo de la sociedad, tanto en la infancia como en el transcurso de nuestras vidas. Es una herramienta de vital importancia para desenvolvernos, tanto en el plano social, como así también en el ámbito laboral. Bajo esta premisa, una herramienta de tal importancia: ¿debería convertirse en un producto comercial más?, ¿Qué implica poner precio a un “bien” tan preciado para la sociedad?, ¿el convertirlo en un negocio es algo irrelevante y no impacta a la clase obrera?
Domingo 24 de abril de 2022
Primero que nada, debemos tener en cuenta que claramente al pagar por un servicio, se espera que este sea en relación al costo: un producto “excelente” y de mejor calidad, que uno gratuito. Nadie paga por un producto o servicio defectuoso ni de baja calidad, suena obvio, pero pocos se dan cuenta del daño que genera a la educación, ya que comienza, en ese punto, a crear una brecha inalcanzable para nuestra clase.
Hay una necesidad que surge intrínsecamente de esto y es la de marcar la diferencia entre la educación pública y la privada, todo esto buscando “compradores” exigentes, y que esperando tener lo mejor, estén dispuestos a desembolsar una gran cantidad de dinero. Esto es lo que conocemos como educación de mercado, y la intromisión de los empresarios en esta desde la dictadura. Logrando así una inversión privada en insumos, infraestructura, docentes, capacitación, entre otros, que requieren de cierto margen de ganancia para funcionar. Pues bien, esto a lo largo de los años, ha privado a la clase obrera de la oportunidad de “surgir”, desarrollarse, y demostrar las capacidades que cada individuo tiene.
Existe una gran brecha en el nivel educacional en una escuela pública y una privada, las privadas cuentan con planes de estudios mejor elaborados, mejores sueldos para sus docentes, mejores herramientas para el aprendizaje. Esto a la larga repercute en las oportunidades futuras de nuestros niños y niñas, para poder optar a estudiar en una universidad. Es sabido que los costos de una “buena” universidad son altísimos, además de lo difícil que es optar a una beca de excelencia, estatal o la que sea, como la falsa gratuidad que terminó siendo una beca, como parte de las políticas de desvío del segundo gobierno de Bachelet. Muchas veces la preparación no es la adecuada, y sin el dinero para pagar un preuniversitario, es muy difícil obtener buenos puntajes, y no es porque los jóvenes no sean capaces, es porque no están las herramientas al alcance; ya que dichas herramientas están siendo acaparadas por quienes pagan por ellas. Por muy capaz que sea una persona, es muy difícil que demuestre todo su potencial, sin el dinero para “comprar” la “mejor” educación, o sin el sacrificio que conlleva para la clase trabajadora, el poder lograr que al menos uno de sus hijos o hijas puedan estudiar en un “buen” colegio.
Esto, lamentablemente, nos limita, nos quita herramientas y la posibilidad de desarrollarnos en las áreas que manejamos, hay una brecha en el ámbito laboral, y no por las capacidades de cada individuo, sino por las herramientas que les fueron entregadas, y por qué no decirlo, las que fueron “pagadas”. Es deber de todos luchar por una educación gratuita y de calidad, que entregue las herramientas adecuadas a cada persona, sin hacer diferencias por su condición, sino más bien: potenciando las habilidades y capacidades de cada individuo, logrando así que salgamos al ámbito laboral calificados, con la tranquilidad que no seremos etiquetados por nuestro lugar de estudio o estrato social, que tengamos las mismas oportunidades todos.
La educación es un recurso vital para el crecimiento y desarrollo de la sociedad, y como tal debe estar al alcance de todos. Los docentes, pilar fundamental en la educación de nuestros hijos, deben tener la importancia y el reconocimiento que merecen, y se les deben entregar las herramientas y el apoyo necesario para ejercer el gran arte de enseñar, sin que esto les signifique sacrificar su valioso tiempo personal esclavizándose a un trabajo que debería ser motivo de orgullo para ellos, y algo que todos deberíamos agradecer.
Es nuestra obligación luchar por este derecho, y hacer lo imposible para que las futuras generaciones, tengan de manera gratuita la educación y herramientas necesarias para desenvolverse de la mejor manera posible. Por eso es importante la lucha que hoy se encuentran dando trabajadores de la educación, como el caso de las y los trabajadores de la educación de la comuna de Antofagasta, que llevan cuatro semanas paralizados por mejorar la calidad de la educación, combatiendo la precariedad de una educación pública en crisis, donde ni desde la Municipalidad ni el gobierno de Boric, se aseguraron condiciones mínimas para volver a clases presenciales, o las marchas de las y los trabajadores de la educación en Calama y Tocopilla, contra el traspaso a los Servicios Locales de Educación Pública, una nueva institución que ha mostrado donde ya se ha instalado que es un completo fracaso, profundizando las brechas de la crisis educativa, con despidos, menos recursos y una nueva deuda que se suma a la deuda histórica de las y los docentes al cambiar a un nuevo sostenedor.
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Como trabajador, creo que es importante que las familias obreras nos unamos a dar esta batalla, así como en Antofagasta profesores y profesoras han logrado unirse con apoderados y estudiantes, la lucha por una educación gratuita, de calidad, no sexista, 100% financiada por el Estado, pero bajo la gestión de la comunidad educativa y por una Nueva Educación Pública al servicio de nuestra clase. Es tarea de todos nosotros, no podemos descansar en dejar este trabajo sólo a nuestros niños y niñas, o sólo a las futuras generaciones, esta batalla hay que buscar ganarla ahora.
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